- Mi fin de semana empezó en el mismo momento en que me
dijiste que si, linda, nada de interrupciones y menos, si son por trabajo
- Entonces, voy a apagar mi teléfono.
- Me parece muy bien, Verito, tu fin de semana, también
empezó antes
- ¿Te puedo pedir un favor?
- El que quieras
- No me digas “Verito”, lo detesto
Él sólo se ríe y promete no volver a decirme de esa
forma. Algo en Seba, porque quiere que le diga así, despierta lo mejor de mí. Y
no me creo que pensara que era un idiota, porque nada más lejos de él. Es muy
divertido, inteligente, tranquilo y un amante de antología. ¡Este me jodió el
sexo! Dudo que otro hombre me haga las cosas que él me hizo y me guste tanto. Debo
haber fruncido el ceño o algo, porque me mira intrigado
- ¿Qué te pasó, Vero? ¿Por qué esa cara?
- ¿Qué cara?
- Te pusiste seria de repente
- Nada importante, vos no te preocupes
- Tenés razón, linda, no me voy a preocupar, me voy a
ocupar
En medio micro segundo, lo tengo sobre mí, besando y
tocando todo y me sigue encantando. Es tan viril, tan sexy. Me acaricia por
encima de la ropa y yo siento que me quemo. Su lengua se mete en mi boca y sigo
fascinada. Esta vez, ni me lleva a la cama, me lo hace ahí, sobre la alfombra.
Salvaje, rudo, voraz, IN - CRE - Í - BLE.
Todo ese viernes me las pasé encamada con él. A media
mañana del sábado, me llevó a casa y me despidió con un beso que por poco hace
que lo viole en el auto. Promete que volveremos a tener un encuentro de estos y
muy pronto. Según dice, no se sació de mí y no cumplió con todas las fantasías
que le genero. Me sonríe y se va y yo me quedo pensando en cómo un tipo como
ese, puede tener fantasías conmigo.
Mi vieja me ve llegar y saca un mate de la galera.
Mientras lo tomo, pienso en lo grande que es mamá. Ya tiene 49 y
se le ve cansada, pero, por suerte, pudimos sacarle la jubilación anticipada y
ahora en vez de trabajar por un sueldo, hace lo que le gusta: porcelanas frías
que pinta y vende. No gana mucho en plata, pero está feliz y ya era hora que lo
fuera. Además, aunque no vive con nosotras, mi hermano, Darío, siempre le trae lo
que hace falta y guita y yo, no le dejo que pague ni una cuenta. A ella le toca
disfrutar y vivir lo más holgadamente posible.
Como si supiera lo que pienso, me da un beso en la
frente y me ofrece hacer unas tortafritas. Yo acepto y me dice que mientras me
doy un baño, ella las cocina. Mamá no pregunta nada, sabe que el algún momento,
le voy a soltar la lengua, pero esta si que no se la espera, se va a caer de
culo cuando lo sepa.
Sorpresivamente, para el mediodía, Darío llega con la
comida y muy contento. Él dice que le salió bien un trabajo y que quiere
festejar, pero yo se que lo que quiere decir es que el afano fue un éxito y no
lo agarró la policía. ¡Bien por él! Y, la verdad, que el pollo con papas fritas,
estaba bárbaro.
Me voy a dormir un poco. Sebastián no me dejó
descansar por más de media hora y me siento exhausta, pero muy bien atendida.
Suena mi teléfono y lo agarro, muy adormilada. Un
mensaje de texto de Valentina, mi mejor amiga. Hoy hay fiesta en casa de Marcos
y, al parecer, tenemos que ir si o si. Le respondo que si y que no joda porque
estoy durmiendo. Amo a Valen, es la mejor mina del planeta, pero ella y sus
fiestas, a veces, me sacan de quicio. No trabaja, sus padres le bancan la
carrera y el departamento, mientras ella termina la universidad y como ahora
está en un receso, el tiempo le importa tres carajos y se olvida que los demás,
no tenemos su suerte. Me escribe de nuevo: “Perdoná, carajita, cuando te
levantés, avisame y te llamo. Me tenés que decir qué hiciste ayer, desgraciada,
que tuviste el celular apagado todo el día”.
Pienso en las doce llamadas perdidas de ella que tenía
en el teléfono cuando lo prendí y me río. ¡Qué aparata es!
Me acomodo para volver a dormirme y mi cabeza viaja hasta
Sebastián y las horas geniales que pasé con él. YA QUIERO QUE SE REPITA
La casa donde se hacía la fiesta era muy grande, como
la de las revistas que muestran la vida de la gente rica y poderosa. Valen
habla con todo el que se parece en nuestro camino. Marcos se acerca a nosotras
con dos porrones de cerveza bien fría. Saluda con toda su cordialidad y nos da
la bebida. Hablamos un rato del calor que hace y de cómo se dio la fiesta y nos
lleva al centro de todo.
Debe haber como 300 personas, por lo menos y entre
toda esa gente, y aunque mis ojos no lo quieran creer, veo a Pablo.
No se murió, no se enfermó y no parece haber sido
abducido por extraterrestres, como conjeturé antes de irme con Sebastián.
Pienso en mi jefe y me doy cuenta que desde la pizza y
hasta este preciso momento, no había vuelto a pensar en Pablo, pero él está ahí
y ni se da cuenta que yo estoy también.
Una rubia de tetas grandes y culito firme se le acerca
y lo besa en la mejilla.
Mi hígado explota irremediablemente y se me pasan por
la cabeza las mil y una maneras de torturarla.
Decido que la mejor forma es dejarla encerrada con el cerdo de la calle Darragueira. Meterla en un cuarto, atarla y dejar que el gordo choto ese, le haga todas las mierdas que me grita a mí. Igual, al final, desisto de esa idea, porque eso sería algo que el cerdo podría disfrutar y no tengo ganas de facilitarle placer.
Decido que la mejor forma es dejarla encerrada con el cerdo de la calle Darragueira. Meterla en un cuarto, atarla y dejar que el gordo choto ese, le haga todas las mierdas que me grita a mí. Igual, al final, desisto de esa idea, porque eso sería algo que el cerdo podría disfrutar y no tengo ganas de facilitarle placer.
La rubia no sabe que estoy planeando que sufra
horriblemente y quizás sea su ignorancia ante esto, pero como provocándome, le
da un beso a Pablo y él la besa también, la abraza. ¡¡No!! Esa boca tiene que
ser sólo mía
Sus ojos me encuentran de golpe y Batista se pone
colorado. Se me acerca con la rubia tetona y me saluda. Pongo mi mejor sonrisa
y con toda la amabilidad que puedo simular tener en ese momento, respondo al
saludo.
Pablo me dice que la falta de ayer está justificada y
hago ademanes que le demuestren que no tiene importancia.
¡Claro! Faltaste al trabajo para cojerte a esta
vedette de cuarta. Pues dudo que te la hayas pasado mejor que yo con Sebastián,
porque ese si que sabe cómo dar placer y no creo que vos puedas ser tan
complaciente en la cama.
Valentina me toca el brazo, saluda y me lleva a otro
lugar. Salimos al jardín de la casa y el aire fresco me sienta bien. Sin
embargo, algo en mí está distinto, cambiado. Giro la cabeza y veo a la rubia.
Si fuera Hulk, en este preciso instante, esa mujercita estaría siendo
desgarrada por mis verdes y furiosas manos. Me siento muy enojada, molesta, Pablo
es para mí y para nadie más, eso ya lo tenía decidido.
Mi vieja me mira y se le nota que había estado
llorando. Me besa la frente con adoración.
- ¿Cómo te sentís, hija?
Miro alrededor y estoy en un hospital
- Te desmayaste ayer en la fiesta, Verónica…