Hace unas tres semanas, me trasladaron y dejé de ser
supervisora en el centro de contacto de “Prisma Enterprises”, para pasar a ser
gerente zonal. El sueldo se me duplicó y tengo a mi cargo toda la zona norte
del negocio. Aunque nos vemos menos, esto de extrañarnos, nos hace bien.
Sebastián está contento con el ascenso que me dieron y me jura que no tuvo nada
que ver con eso. Le creo, el flaco no me miente, al menos, nunca le descubrí
una mentira hacia mí. Solamente aquella que le dijo al inspector Borrelli, pero
esa no fue para mí, sino para la policía. Hablando de eso, el caso de Pérez
sigue en ascuas, nadie vio nada y yo no recordé tampoco. Ojala que no
encuentren nunca a la mujer que lo ajustició, ese gordo de mierda, no merece
justicia.
El tiempo sigue pasando y mañana, me toca hacer un
viaje a Mendoza. Es la reunión semestral de los gerentes zonales y me voy todo
el fin de semana.
El flaco no viaja, esta vez no es su turno, pero se lo
ve feliz. Cuando llegué a casa, estaban todos esperándome: mamá, Darío,
Valentina, Marcos y mi amor. La vieja me cocinó como si fuera de safari a
África y nos sentamos a la mesa. Charlamos de Mendoza. Todos conocen la
provincia, menos yo. Aunque mamá y Darío me cuentan que viajamos cuando era una
beba. Resulta que antes de irse, mi viejo nos llevó de vacaciones a todos.
Fuimos a San Rafael y pasamos quince días hermosos. Mi hermano se acuerda
bastante, ese viaje es lo más lindo que tiene de papá, según dice. La
conversación se torna incómoda y Valentina refresca todo, contando que la
última vez que fue, estuvo en Las Leñas y que se perdió por esquiar sin guía.
La encontraron en una bajada, muerta de frío y casi se muere del todo.
Mientras la escucho, pienso en que es una lanzada,
pero no tiene miedos, es temeraria y yo le agradezco a Dios por tenerla en mi
vida.
Miro disimuladamente y me doy cuenta que Marcos la
observa, embobado. Sebastián me agarra la mano por debajo de la mesa y sonríe.
Nos quedamos solos y me voy a bañar. Estoy cansada,
agotada, el ritmo de trabajo en la gerencia es mucho más ágil y las
responsabilidades se multiplicaron por mil. Sebas entra a bañarse después que
yo salgo y cuando termina, me habla desde el baño
- Marcos hace mal, tendría que decirle a Valentina lo
que siente
- Pienso igual, pero no me hace caso.
- ¿Por?
- Valentina no siente lo mismo y prefiere tenerla de
amiga a perderla por hablarle de su amor
- ¿Quién dice que ella no siente lo mismo?
- Él y a mí me parece que tiene razón
Se asoma por la puerta del baño, me mira y sonríe
- Están equivocados, Valentina se muere por Marcos
- ¿De dónde sacás eso?
- De lo que veo y escucho
- ¿Me explicás?
- Con gusto…
Mientras habla, me mira y se acerca a la cama
- Cuando cuenta las cosas, está pendiente de cómo
reacciona él. A medida que habla, se fija en los gestos de Marcos y según eso,
dice o deja de decir algo. Busca su aprobación continuamente y filtra cada
palabra que le sale de la boca.
- No me había dado cuenta
- ¿Con vos tiene algún cuidado?
- No. Dice lo que quiere y como le sale
- Bueno, con Marcos va con pies de plomo
- ¿Seguro?
- Tan seguro como de que te amo.
- ¿Tanto así?
- Ajá…
Se me tira encima y como tiene solamente la toalla en
la cintura, siento que su soldado quiere guerra y aunque estoy cansada, me dan
ganas.
Hacemos el amor como un par de salvajes, nos damos
otro baño y a dormir.
El despertador suena a las cuatro de la mañana. El
avión a Mendoza sale a las ocho, pero tengo que llegar al aeropuerto una hora
antes para juntarme con los demás gerentes zonales.
Mientras Sebas prepara unos mates, reviso la valija y
mis documentos. Todo en orden.
Voy a la cocina, beso a mi flaco y entre esos besos,
nos damos una despedida rápidita, pero bien complaciente. Pienso que no se cómo
voy a hacer para aguantarme las ganas de estar con él, pero lo bueno va a ser
el reencuentro. Desde hace casi un año que tengo sexo y del mejor, todos los días, al
menos una vez y mi cuerpo se acostumbró.
Salimos para el Jorge Newbery, desde donde salen los
vuelos de cabotaje y llegamos a las seis y media pasadas. Hago todo lo que se
necesita y nos quedamos esperando a que lleguen los demás.
Cuando aparecen, me saludan y a mi flaco. Sebastián es
el gerente general y el jefe de todos, incluyéndome.
Se nota que lo aprecian y es que el flaco es divino y
buena gente, imposible que no lo quieran. Un ratito antes de subir al avión,
nos alejamos un poco del grupo
- Vero, cuídate, mi amor, te voy a extrañar
- Yo voy a estar en Mendoza, pensando en mi Mendoza.
Me vas a hacer falta, flaco
- Quisiera ir, ¿querés que vaya?
- Me encantaría que vengas
- No puedo, me toca quedarme y hacer la convivencia de
los supervisores nuevos.
- Ya se, mi amor, sólo te digo que sería lindo que
estés.
- Ya nos vamos a ir a nuestras primeras vacaciones
juntos, flaquita
- No veo la hora de irme con vos y tenerte para mí
todo el día, a toda hora
- Te amo, Vero, pórtate bien
- Lo mismo digo, señorito
Sebastián me besa intensamente y yo me derrito en sus
brazos. No es un beso sexual, es un beso de amor, de un profundo e intenso
amor, ese que une a dos personas más allá de lo físico.
- Te amo, Sebas, nos vemos el lunes.
- Confirmame la hora y te vengo a buscar
- Me llevan a casa
- No, te vengo a buscar yo
- Dale, precioso, te amo, te amo, te amo…
- No más de lo que te amo yo, muñeca.
Me vienen a buscar, así que lo beso por última vez y
me voy.
El avión es colosal y estamos en primera clase. Una
hora más tarde, aterrizamos en Mendoza y cuando salimos de la manga, nos
mezclamos con los demás pasajeros. Alguien me toca el brazo y cuando veo quién
es, se me hiela la sangre.
- No te vas a salvar de mí, perra, lo que me hiciste,
no queda en la nada…
Me sonríe con mucha malicia y se va. ¿Me está
siguiendo?
Lucrecia, la gerente zonal del sur, me alcanza.
- ¿Qué te pasa, Vero? Parece que viste un fantasma