jueves, 28 de marzo de 2013

025 - “Adelanto”



 Bautista nació dos semanas antes de tiempo, pero sin problemas. Pesó 3.127 gramos y es igual a Sebastián. Tiene sus ojos, su pelo, su color de piel, su sonrisa y estoy completamente enamorada de mi hijo. El padre, ¡ni hablar! Es un baboso, que no lo deja respirar en paz. Se la pasa sacando fotos, filmando, lo acuna, lo baña, lo cambia y si fuera por él, hasta le da la teta.
Mamá es otra, anda detrás del nieto como un ratoncito detrás del queso y Darío, no se queda atrás. La verdad que no los aguanto, pero si los aguanto. Ya hace casi un mes que Bau llegó a nosotros y nos revolucionó la vida.

En este momento, el nene duerme y su papá y su tío, discuten vehementemente, sobre el club de fútbol por el cual mi hijo va a sentir un ferviente fanatismo.

El padre, hincha rabioso de River y el tío, hincha rabioso de Racing. Los argumentos que ambos hombres ofrecen, además de irrelevantes y estúpidos, son ligeramente lunáticos, pero ellos están felices y los dejo discutir. Lo único que espero es que, sea lo que sea que el objeto de disputa, vaya a elegir, sea por propia voluntad y no porque el par de hartantes, lo cansen irremediablemente.

Mamá, Valentina y Marcos, se mueren de risa y mi suegro, creo, que los está estudiando, como un científico estudia a los monos que tiene en su laboratorio. Nada más le falta tener una libreta para anotar cosas, pero los mira y se que esa discusión, en algún momento, irá a parar a uno de sus debates universitarios. Quisiera verlo. NOTA MENTAL: Decirle al suegro que avise cuándo, porque voy a ver esa clase, como sea.

Como es sábado, todos se vinieron a casa a ver al rey de la familia, pero él, ni se inmuta y duerme como un oso en inverno. Yo, aprovecho y hago que mamá me cebe mates, mientras me entero que Valentina y Marcos, POR FIN, se pusieron de novios. Toda una novedad y miren si será novedoso, que semejante diatriba, consigue que Sebastián y Darío cierren el pico un rato y se sienten con nosotros, a escuchar la historia.

Tres semanas atrás, después de haberme visitado, Marcos llevó a Valen a su casa. Cuando iban en el auto, un ex de mi amiga, la llamó al celular y discutieron al punto que ella se puso a llorar. Marcos, como el amigo que es, la escuchó y escuchó hasta que aquella se desahogó. La dejó en su departamento y como conocía al tipo, lo fue a buscar. Lo re cagó a trompadas y se fue. Al otro día, cuando Valentina supo lo que había pasado, fue a buscar a Marcos y a reclamarle que por qué se metía, que él no era nadie y que no tenía derecho a hacer lo que hizo. Marcos, en un ataque de osadía, la calló a besos y si, besos en la boca a los que Valen respondió. Una cosa llevó a la otra y aunque no lo dijeron explícitamente, todos entendimos que cojieron y que desde ese día, andan muy de novios.

Poco después, mi marido y mi hermano encuentran otro punto de conflicto y vuelven a discutir. Ahora, la cuestión era que si Messi es mejor que Maradona y la verdad, como no me importa, desenchufo mis oídos. Se llevan muy bien y se han hecho amigos, así que lo que digan entre ellos, no me preocupa.

Como veinte minutos después, mi hijo tiene hambre y lo manifiesta como un piquetero: a los gritos pelados. Subo, lo saco de la cuna y se enchufa a mi teta, quedándose chocho y feliz de la vida. Sebastián sube un momento más tarde y se queda mirando. Cierra la puerta del cuarto y se sienta con nosotros. Lo mira tan embobado, que me los quiero comer a los dos. Mi flaco me acaricia y me besa y yo estoy que me prendo fuego: ¡maldita cuarentena mugrosa!

Y no se si es que me lee el pensamiento, pero en cuanto dejo a Bautista dormido, en la cuna, el flaco me tira en la cama y me besa ahí abajo, me toca, me acaricia y me hace acabar, pero en silencio, lo que me mata, porque me gusta hacer sonidos que liberan mi placer. Cuando termina, lo veo que se toca y aunque no me dice nada, se que está caliente. Lo llevo al baño, lo siento en el sanitario, me arrodillo y le hago un oral yo a él. Eso nos mantiene cuerdos, pero, DIOS, cuando podamos darle en serio, ¡VA A SER ÉPICO!

De Pablo no supe nada más. Desde aquella vez que me llamó y yo me desmayé en la oficina, desapareció. No me da tranquilidad, se que algo planea, lo puedo sentir y tengo la sensación que Bautista puede ser el blanco, pero no, no me permito ni pensarlo. Eso si, mis miedos no me los cayo. Sebas sabe lo que pienso y él, se lo contó a Borrelli. El inspector se ocupa de su trabajo, pero no me ha descuidado nunca, de una u otra manera, logra mantenerme vigilada y eso me tranquiliza.

Bajamos y mamá ya tiene la cena casi lista, sólo faltan unos cuantos minutos. Comemos en familia, con Bauti al lado nuestro y poco antes de las once de la noche, todos se van.
Mi flaco se queda con el gordito y yo me voy a bañar. Después, hacemos a la inversa y así, alrededor de las doce, nos acostamos.

Sebastián me abraza y me toca toda, pero no buscando guerra, sino porque así es él, toquetón y a mí me encanta

- ¿Querés que vayamos a Palermo mañana? ¿O pasear por ahí? - Me pregunta
- ¿Palermo? Podríamos ir a los lagos y llevar un poco de comida. El tiempo está hermoso y Bau le gusta callejear
- Sos tan mamá, mi amor, me pone loco verte con él bebé
- A vos todo te pone loco, Sebastián,
- Es cierto, pero verte así, con nuestro piojo, no se, Vero, me enamora más de vos
- Lo se, me pasa igual cuando te veo con tu clon
- Es igualito - Ríe, orgulloso - Lo hice a mi imagen y semejanza
- ¿Lo hice? ¡Lo hicimos, querrás decir!
- Si, claro, linda, lo hicimos y, uf, ¡cómo lo hicimos!
- ¿Ves? Todo te pone loco, mi amor
- Lo de esta tarde fue genial, pero ya quiero hacerte cosas chanchas y cochinas
- No se cómo aguantar las ganas que tengo que me hagas cosas chanchas y cochinas
- Ya lo planeé
- ¿Qué planeaste, Sebas?
- Hablé con tu mamá y ella y Darío se van a venir a quedar con el gordito un par de horas.
- ¿Estás loco? No voy a dejar a mi hijo, ¿y si le da hambre? ¿Y si llora como descocido? ¿Y si le da fiebre? ¡No, no!
- ¿Cuándo volvimos a 1940 que no me avivé? ¡Vero, no seas así! Van a ser unas cuantas horas y no nos vamos a ir lejos. De hecho, vamos a ir a ese lugar, cerca de acá que tanto te gusta. Y si pasa algo con el gordo, tenemos celulares, en dos minutos, estamos de vuelta. Además, Verónica, tu mamá sabe cómo lidiar con un bebé, crió a dos, no lo olvides.

Me río y me pongo encima de él

- Tenés toda la razón y ¿sabés qué? ¡Me gusta el plan! Faltan tres largos días para eso, pero quiero un adelanto…

Sin dejarlo hablar, porque lo beso, meto mis manos dentro de su pijama y le agarro el pene. Lo acaricio y cuando se empieza a endurecer, mi boca se deleita con él. Lo hago rápido, profundo, con potencia y el flaco no sabe de dónde agarrarse para controlar sus impulsos. Cuando lo siento cerca de acabar, me bajo el shorcito para dormir, me pongo como perrito y le ofrezco la mercadería, que está más caliente que el volcán Etna…

- ¿Segura?
- Muy, dale, no aguanto más

Me agarra de la cintura, me toca un poco y cuando estoy lista, ¡zas! Me lo hace hasta que caemos rendidos…

lunes, 25 de marzo de 2013

024 - “Zezé y Portuga”



Bautista se mueve como salvaje, parece que quiere salir ya e ir a la cancha con su papá, porque cada vez que Sebastián le habla, el bebé patea, se gira y se hace un festival de break dance en mi vientre. Por suerte, se cómo calmarlo y mientras obligo a mi marido a que me de masaje en mis hinchados pies, leo algo que a mi hijo le fascina y eso que falta un mes y medio para que nazca.

Hace alrededor de un año y medio, cuando me desmayé en la fiesta de Marcos, Darío me regaló un libro. Mi hermano siempre hablaba de esa historia y me decía: “Si no llorás, es porque no tenés corazón”
Le preguntaba para qué carajo quería que leyera un libro que me iba a hacer llorar y según él, era leerlo y replantearte cosas desde tu niñez.

Intrigada, pero con miedo por las consecuencias de la introexploración de mi persona, relegué aquella lectura, pero hace como un mes, buscando unos papeles que me hacían falta, encontré el libro y como Bautista andaba revoltoso, para no variar, decidí sentarme y ver qué onda. Pensé que si ese libro me hacía entender mejor mi pasado, como mi hermano solía arengar, pues, era bueno y me ayudaría a ser mejor mamá.

¿Para qué? Pregunto. ¡¡¿¿PARA QUÉ LO HABRÉ LEÍDO??!!  No sólo lloré la primera vez que lo leí, sino que no puedo dejar de leerlo y de llorar. Sebastián me dice que son heridas abiertas de mi infancia y que está bueno que permita que me cicatricen. Él también lo leyó y lloró conmigo.

Para colmo, no se cuál es la causa, pero al leerlo en voz alta, Bauti se calma. No se si será la paz que me transmite ese librito, porque con todo y lágrimas, es la mejor de las terapias, pero la cosa es que el bebé se queda quieto por un rato y mi vejiga deja de ser su *puchinbol. Esto último, resulta un alivio extraordinario, ya que me la paso en el baño y todo porque Bautista Gael Mendoza, se cree que los órganos de su madre, son para que el practique *quidditch, boxeo, kickboxing y karate.

“Mi planta de naranja – lima”, es un libro de José Mauro de Vasconcelos, un novelista brasileño que escribió otras cosas, pero no me animo a buscar más obras de este tipo, porque ya me dieron pánico. 

En resumen, este drama literario, cuenta la historia de José, “Zezé”, un pequeño de cinco años que vive en el seno de una familia pobre y al que por sus travesuras, castigan por demás severamente. Zezé vive en un pueblo de Brasil llamado “Bangu” y desde muy niño, conoce las miserias de la vida y de la gente, pero la aparición de Manuel Valladares, “Portuga”, le enseña dos cosas fundamentales. La primera es que no hay que dejarse llevar siempre por primeras impresiones. Hay que darse tiempo de conocer a la gente y la segunda, es que gracias a Portuga, Zezé conoce la ternura y la amistad. Manuel Valladares es un hombre grande, de un poder adquisitivo importante y trata al pequeño, como a un hijo. La vida los hace entrañables amigos y luego, por cuestiones que no vienen al caso, la misma vida, los separa. He aquí un pequeño fragmento que ilustra lo que quiero decir:

“- Dijiste que no tenías nietos, ¿no?
- Así es.
- ¿Y dices que me quieres?
- Así es
- Entonces ¿por qué no vas a casa y le pides a papá que me regale a ti?

Quedó tan emocionado que se sentó y me tomó la cara con las dos manos.

- ¿Te gustaría ser mi hijito?
- Uno no puede elegir al padre antes de nacer. Pero si hubiese podido hacerlo, te hubiera elegido a ti.
-  ¿De veras, muchacho?
-  Te lo puedo jurar. Además, sería una persona menos para comer. Te prometo que no hablo, ni digo más palabrotas, ni siquiera "traste". Te lustro los zapatos, cuido de tus pajaritos en la jaula. Me vuelvo totalmente bueno. No va a haber mejor alumno en la escuela. Hago todo, todo bien.

 No sabía qué contestar.

- En casa todo el mundo se muere de alegría si pueden darme. Va a ser un alivio. Tengo una hermana, entre Gloria y Antonio, que fue dada en el Norte. Fue a vivir con una prima que es rica para poder estudiar y aprender a ser gente...

 El silencio continuaba y sus ojos estaban llenos de lágrimas.

- Y si no me quieren dar, tú me compras. Papá está sin ningún dinero. Seguro que me vende. Si pide muy caro puedes comprarme a crédito, así como hace don Jacobo cuando vende...

Como no respondiera, volví a mi antigua posición y él también.

- Sabes, Portuga, si no me quieres, no importa. No quería hacerte llorar...

 Acarició muy lentamente mi pelo

- No se trata de eso, hijo mío. No es eso. La gente no resuelve así la vida, con una sola maniobra. Pero te voy a proponer una cosa. No podré sacarte del lado de tus padres, ni de tu casa, aunque me gustaría mucho poder hacerlo. Eso no está bien. Pero, de ahora en adelante, yo, que te quería como a un hijo, voy a tratarte como si realmente lo fueras.

Me erguí, exultante.

- ¿Verdad, Portuga?
- Hasta puedo jurar, como tú dices siempre.

Hice una cosa que raramente hacía o me gustaba hacer con mis familiares: besé su rostro gordo y bondadoso...”

Cabe destacar que a Zezé, lo golpeaban y los castigos físicos en su casa, eran frecuentes. Ese día, él y Portuga salen a pescar y por meterse a nadar, el hombre nota las tremendas marcas en el cuerpo del pequeño y se indigna. Por eso es que Zezé le pide que se lo lleve. Si son valientes, vuelvan a leer eso, sabiendo lo que acabo de contar y pensando que ese dialogo lo mantiene una criatura de apenas cinco años, que siente que su familia no lo quiere y preferiría verlo lejos o matarlo a golpes. No es que sea de ese modo, pero la familia de Zezé, actúa de una manera que hace que el niño, lo sienta de esa forma.

Será que Bautista sabe que sus padres lo aman y que mamá jamás me levantó la mano y no recuerdo que mi viejo lo haya hecho, pero escucharme leyendo en voz alta, hace que la fiera indígena en mi vientre, se calme. Eso hace que el papá de la fiera indígena, se encienda y eso hace que mamá, tenga una buena sesión sexual, que la deja más que relajada y lista para la siguiente batalla.

Portuga y Zezé, Zezé y Portuga, cada vez que pienso en ellos, entiendo la clase de madre que quiero ser…

***********REFERENCIAS******************

Puchinbol: Pequeño saco para practicar los golpes rápidos en el boxeo. Se cuelga, siendo atado por las cuatro puntas, de manera tirante, de modo que los golpes no lo descoloquen y el boxeador, pueda mantener la práctica, sin tener que estarlo acomodando, como con los sacos grandes.
Quidditch: Deporte imaginario, que se practica en las historias de Harry Potter.

jueves, 21 de marzo de 2013

023 - “Sexo otra vez”



Ya llevo cinco meses de embarazo y me siento un hipopótamo. No me molesta aumentar los kilos que se necesitan para que mi hijo sea saludable, pero no me puedo mover como me gusta, los pies se me hinchan y me la paso descansando. En la empresa, Lautaro no me deja ni mover un lápiz y en casa, Sebastián, por poco y me lleva alzada para todos lados.

Ahora estoy en el baño, acabamos de discutir y él no entiende que estoy embarazada, no enferma y tanto cuidado, tanta cosa rara, me hace sentir una estúpida.

Todo empezó porque estaba en el sillón mirando una película y cuando me quise levantar para ir a la cocina a buscar algo, no pude. Hice el esfuerzo y me dio un tirón. ¡¿Para qué?! El flaco bajó corriendo, asustado, casi al borde del infarto y estuvo una hora reloj, preguntando cada dos segundos: ¿De verdad estás bien? ¿No me estás mintiendo? ¿Por qué no me dejás que haga todo yo y vos te quedas quieta?

No se di fueron las hormonas, mi temperamento, la incomodidad con la que vivo, las dos semanas que llevo sin poder hacer el amor o todo junto en un mismo paquete, pero reventé. Le dije que me dejara en paz, que no me trate como a una estúpida, que fue un tirón en la pierna y que si algún día me duele el vientre, voy a ser la primera en tener cuidado. Que nadie va a amar a este bebé más que yo, ni siquiera él y que si no le gustaba, tenía la opción de separarse y divorciarse.

Ni tiempo le di de reaccionar, porque subí hecha una fiera y me encerré en el baño. Hace poco más de dos semanas que nos casamos y después de la noche de bodas, no volvimos a tener relaciones. Al principio porque me dolía y después, porque no tenía ganas. El médico nos dijo que es lo normal, como la comida y las náuseas: “Hay días que todo te da asco y otros días, que te comés hasta lo que jamás quisiste probar en tu vida. El sexo es igual y en parejas tan activas como ustedes, puede que se genere un conflicto. No dejen de hablarlo y Sebastián, llenate de paciencia…”

Ahora me miro al espejo y me doy cuenta que fui una bruta, que no lo puedo tratar así, al final, sólo quiere cuidarme, pero me embola que no me entienda y me sobreproteja tanto. Me miro y el reflejo me devuelve la imagen de una tonta. Pobre, mi flaco, se aguanta todo...
Antes que pueda salir del baño e ir a buscarlo, toca la puerta.

- ¿Amor? ¿Podemos hablar?
- Te escucho, Sebastián…
- Abrime
- Mejor hablemos así, porque cuando nos miramos, dejamos de decir ciertas cosas.
- Está bien. Mirá, Vero, yo entiendo tus cambios y todo lo que me decís, pero eso que vos vas a amar al bebé más que yo, me dolió. Vivo para ustedes dos, no es justo que me trates así y menos cuando lo único que quiero hacer es cuidarte, mimarte. Me asusté cuando gritaste y por eso me puse tan encima, tengo miedo que algo les pase.
- Ya se, Seba, pero tenés que entender que por más que esté embarazada, puedo ir a la cocina a buscar algo. No quiero levantar pesas, solamente quiero que me dejes hacer las cosas con la mayor de las normalidades. Bastante cambios estoy viviendo como para que me saqués las pocas cosas cotidianas que me quedan
- No mientas, cuando no estabas embarazada, también iba yo a buscar lo que querías…

Me río porque es cierto lo que dice…

- Antes no te enojabas por eso, Vero, ¿por qué ahora si?
- Es que antes era por ser caballero, romántico
- Ahora es por lo mismo
- No, ahora lo hacés por el embarazo
- No, mi amor, lo hago por caballero y por romántico. Perdoname si te ahogo, no es mi intención, prometo darte más libertad, pero no te equivoques, si te cuido es porque te amo, no porque crea que no podés hacer esto o lo de más allá. ¿Me abrís?
- Está abierto…

Sebastián entra y se me queda mirando.

- No me pienso divorciar de vos, linda, ni loco
- Loco te voy a volver yo
- Desde que te conocí que me volviste loco
- Dudo que ahora sigas así
- ¿Por?
- Mirame, flaco, soy un elefante

Por el espejo, veo que sonríe y que me sigue mirando. No decimos nada más, yo me quedo como estoy, de frente al lavabo, mirándome al espejo y él se acerca por detrás y se apoya en mí. Está caliente, lo puedo sentir duro en mis nalgas

- Sos hermosa, divina y el embarazo te hace más radiante y bella, Vero. Cada parte de vos, tiene un efecto excitante, tóxico, adictivo. No paro de desearte, de querer hacerte el amor, pienso todo el tiempo en vos y sigo creyendo que sos la mujer más sexy y sensual del mundo…

A medida que va hablando, me baja el pantalón de gimnasia y el calzón. Me acaricia la vagina y me masajea el clítoris. Después me agarra la mano, llevándola hasta su erección y yo le devuelvo el favor, tomándolo con presión y subiendo y bajando mi mano por él. No me deja darme vuelta y me mete la mano libre por dentro de la remera, acariciándome los pechos que están hinchados por la gravidez y por las ganas de que me lo haga.

Gimo con fuerza, rendida a sus caricias en mi área erógena. Comienza a darme placer con un dedo y me besa el cuello. Vuelvo a gemir y siento como su pene se endurece más en mi mano. Se lo agito como puedo, la posición en la que estoy, no me permite ser ágil, pero si efectiva porque ahora gime él también.

De a poco, con tranquilidad y sin decir nada, saca mi mano de sus pantalones y hace que apoye ambas en el borde del lavatorio del baño. Me saca la ropa de abajo por completo y juega con su amigo duro por mis cachas y mi humedad. Quiero que me penetre, lo quiero ya, lo necesito, siento que me duele de las ganas. Vuelve a jugar con los dedos por aquella zona y después, se mete entre mis piernas, se acomoda y empieza a lamerme. Es un delirio lo que me hace sentir. Sigue varios minutos y se para, se posiciona, me agarra de la cintura con una mano y con la otra, separa mis nalgas y su falo erguido y urgido, como si tuviera un radar, encuentra el lugar exacto y ¡Dios! Después de dos semanas, me está haciendo el amor de nuevo. Es tranquilo, como si tuviera miedo de hacerme mal, pero mis gemidos evidencian que la estoy pasando más que bien. No quiero que pare, quiero que siga, que me de hasta que los cuerpos pidan piedad. Lo hago salir y vamos a la cama, me pongo como perrito y lo incito a seguir. Esa postura es cada vez más placentera, entre por donde entre, no hay pérdida: los dos la disfrutamos, es cómodo y puede ponerle toda la potencia que ambos deseamos…



lunes, 18 de marzo de 2013

022 - “Varón”



 Esteban, Thiago, Santino, Nicolás, Agustín, Bautista y Galo, son los nombres de varón que Sebastián quiere ponerle a nuestro hijo. La ecografía nos muestra claramente que es un nene y el futuro padre babea, literalmente. Salimos de la clínica felices, de la mano, como un par de adolescentes y como no desayuné por hacerme el estudio, nos vamos a una cafetería.

- Comé todo lo que quieras, Vero, tenés que alimentar al campeón…
- Voy a terminar hecha un elefante si como, como vos querés que coma
- No exageres y elefante y todo, nosotros dos, te vamos a amar más cada día - Me pone la mano en el vientre - ¿No, hijo? - Finge una voz de bebé - Si, papi…

Se me hace inevitable reírme, las caras, los gestos y las cosas que dice, me pueden.

- ¡Más les vale, a los dos!

Se acerca la camarera y pedimos dos desayunos bien completos. Yo miro a mi novio y recuerdo el día que lo conocí, el día que me besó por primera vez, cómo terminamos en su cama y no me creo que estemos acá, así: un embarazo de tres meses, a un mes y medio de casarnos y enamorados hasta la médula.

Ya hacen casi dos meses desde que me escapara de Pablo y desde entonces, no se supo nada de él, es como si se lo hubiera tragado la tierra. De todas maneras, Sebastián no me deja sola, me lleva a todos lados y si por alguna razón no puede ir conmigo, se las arregla para conseguir quién me acompañe. Si no es mi hermano, es Marcos y además, contrató un chofer y es él quien transporta cuando el flaco no puede hacerlo. Para mí es mucho, pero si eso lo va a dejar tranquilo, no pongo resistencias.

Si mientras desayunábamos, alguno hubiera prestado atención a la pareja de rubios que estaba del otro lado de la confitería, habríamos sabido que Pablo no estaba tan lejos nuestro como pensábamos. Con su pelo teñído, barbita recortada y anteojos, no nos generó curiosidad. Igualmente, ese, es otro tema.

Terminamos de comer y nos vamos a la empresa. Lautaro sigue siendo mi asistente, cuando me ascendieron, pedí llevármelo y no hubo problemas. Me siento en mi oficina y Lauti me trae un te

- ¿Y? ¿Te dijeron qué va a ser?
- Si, me lo dijeron y andá sabiendo que me debés 200 mangos, te dije que iba a ser machito
- ¿Es un varón? ¡Carajo! - Me abraza, contento
- ¿Nunca escuchaste decir que a una madre no se le discute nada?
- Me encanta llevarte la contra y lo sabés, Vero… ¡Te felicito! ¿Sebastián qué dice?
- Que va a ser hincha de River, que apenas nazca lo va a hacer socio y que desde el primer día que se pueda, lo va a llevar a la cancha
- ¿Feliz?
- Saltando en una pata…
- Me lo imagino, se lo ve chocho
- Si hubiera sido una nena, estaríamos en las mismas. Si a mí, que no me llama el fútbol, me lleva al estadio cada dos por tres, a una hija suya, me la convierte en barra brava…
- Es verdad - Se ríe - Eso no te lo discuto…

Lau se sienta y mientras tomo el te, me pasa los mensajes y pendientes para ese día.

- Ah, me voy a olvidar, Vero, llamaron de la iglesia, dicen que no atendías el celular y por eso me dejaron el mensaje.
- No lo escuché - Saco el teléfono de mi cartera y veo que está apagado - No lo iba a escuchar mucho así… ¿Qué te dijeron?
- Que la clase pre matrimonial es el domingo que viene a las diez de la mañana y termina alrededor de las seis de la tarde. Tenés que ir personalmente para firmar las credenciales con Sebastián. En cualquier momento, durante la semana
- Hoy es martes, mañana supongo que iremos. ¿Qué más tenemos para hoy?
- La reunión de la gerencia es a las cuatro, el resto, son las clasificaciones y evaluaciones de las células seis, siete y ocho.
- Perfecto, es un día tranquilo. Servite un te vos o hacé mate y empecemos…

Lautaro se para y va a la cocinita que tenemos en la empresa. Me suena el teléfono de la oficina

- Verónica Arteaga, gerencia norte…
- Ya nos vamos a volver a ver la cara, perra, y no te me volvés a escapar…
- ¿Pablo?

Corta.
Me tiemblan las piernas, si no estuviera sentada, me caería
No puedo largar el tubo del teléfono…
Cuando me despierto, estoy en la clínica y Sebastián está sentado al lado mío. Me mira y me agarra la mano, dulcemente

- Hola, nena, ¿cómo estás?
- ¿Qué pasó?
- Te desmayaste en tu oficina, Lautaro te encontró desplomada sobre el escritorio y llamó a la ambulancia
- ¿Cuánto estuve así?
- Un par de horas, pero estás bien y el bebé también, quédate tranquila
- Me llamó Pablo, amor, y me amenazó de nuevo
- ¿Por eso te desmayaste?
- Supongo
- Mi amor, ese infeliz no les va a hacer nada, te lo prometo. Ahora, tratá de descansar, por favor…

Entra mi vieja y se queda conmigo, mientras Sebastián sale unos minutos. Después me cuenta que habló con la policía para contarles que Pablo me había llamado. También me entero, por su propia voz, que está en contacto con Borrelli, el mismo inspector le pidió a mi flaco que lo mantenga al tanto de cualquier novedad, de modo que él pueda moverse rápidamente.

Unas horas más tarde, ya estamos en casa. El flaco cocina y mi suegro viene a cenar con nosotros. Pero me siento muy cansada y me voy a acostar temprano.

Sebastián se queda un rato hablando con su papá y cuando sube, se mete a la cama, me abraza y me besa el cuello

- Yo te voy a cuidar siempre, mi amor, no voy a dejar que nada les pase, confiá en mí.
- Confío, Sebas, pero no quiero vivir así, que lo agarren de una vez, esto no es vida

El flaco me abraza más fuerte y promete hacer lo que sea necesario para ponerle un freno a Pablo y aunque no le digo nada, se que yo también voy a hacer lo mismo. No se si ahora, no quiero arriesgar a mi hijo, pero en algún momento, lo voy a tener frente mío y ahí veremos quién canta mejor el tango…