jueves, 18 de abril de 2013

031 - “Final, segunda parte” – “ÚLTIMO CAPÍTULO”



‎Kiara llegó al mundo pesando dos kilos y medio y como fue prematura por seis semanas, estuvo en la incubadora durante diez días. En ese tiempo, Bautista venía y se quedaba conmigo en la clínica, mirando a su hermanita por el vidrio y contándome todas las cosas que harían juntos cuando la nena saliera de ahí. Para tratar que no tuviera muchos celos, le preguntábamos todo lo que él pensaba, de manera que cualquier tema, con respecto a su hermana, pasara por él y sintiera que era importante. Tuvo algún que otro momento de celos, pero entre todos, le hacemos sentir lo mucho que lo amamos y le contamos que esa beba, ya lo tiene como a su ídolo y eso lo pone muy orgulloso.

Pasan varias semanas y ya estamos bien acomodados en casa. Kiara duerme mucho y ya tiene el peso que corresponde. Bautista nos insistió y consiguió que pusiéramos la cuna de la nena en su cuarto, porque, según dice, él es el único que puede cuidarla del cuco y el padre, baboso, no deja de tenerlos a los dos encima y de mimarlos a más no poder.

Desde lo de Pablo que Borrelli está más que unido a nosotros. Mi hijo le dice “abuelo poli” y él se muere de risa, pero le encanta y no termino de estar segura, pero creo que tiene onda con mamá. Ojala, harían una gran pareja.

Mi vida es muy tranquila, normal, no hay aventuras locas, sólo las que me da la familia y bueno, son más que suficientes. Valentina y Marcos, no pudieron hacerla. Se separaron como a los dos años de estar de novios y cada uno hizo la suya. Marcos se casó hace unos meses y vive en Córdoba. Viene lo más seguido que puede, pero su trabajo está allá y el de su esposa también, por lo que se le complica. De todos modos, nosotros vamos a visitarlos cada vez que tenemos oportunidad. Valentina sigue soltera, pero por decisión propia. Anda con todos y con ninguno a la vez, ya llegará el hombre que la derribe y la haga feliz.

Y Sebastián y yo, tenemos nuestras épocas, pero vamos bien. Nos seguimos amando, seguimos siendo medio novios y el sexo es mejor cada vez. Nunca le dije lo del gordo Pérez, ni lo de Pablo y no se si llegue a contárselo. Por ahora, puedo vivir con el secreto y si llegara a perderlo, me moriría.

Cuando Kiara cumplió los cuarenta días de nacida, Sebastián y yo, nos fuimos solos. Dejamos a los nenes con mamá, Darío y su mujer. Mi marido y yo, nos tomamos la libertad de darnos una noche de pareja. La cuarentena terminada y las ganas que nos tenemos, pues, hacen el combo.

Alquilamos una cabaña en la costanera, como cuando terminó la cuarentena por Bautista y allí, el amor hace lo que quiere.

Llegamos y nos comemos a besos, nos tocamos, nos buscamos y de a poco, saboreando el momento previo y provocando que la temperatura, vaya ganando terreno.

Sebas se detiene y me aleja un poco. Me mira y sonríe. Pone sus manos en mi camisita y de un tirón, la abre, rompiendo los ojales y revoleando los botones por todos lados. Después, baja sus manos hasta mi pollera y hace lo mismo, dejándome en ropa interior. Me sigue mirando y me agarra un pecho y como estoy amamantando, está grande y él lo goza. Me aprieta el pezón un poco y se acerca, para chuparlo. Lo mordisquea, lo lame y luego pasa al otro. Yo, apenas me puedo mantener en pie. Se suelta de una mano y se toca su miembro. Baja la cremallera y lo saca para afuera. Está parado, duro y se lo agarro. Empiezo a inclinarme y me agacho hasta quedar a la altura del coso y cuando llego, lo meto en mi boca, succionándolo, lamiéndolo y mi marido, me toma del pelo y lo tira un poco, demostrándome lo mucho que goza la felación

- Haceme acabar, Vero, me duele

No digo nada, pero lo hago y siento su savia en mi boca, tibia, salada, exquisita.

Me lleva a la cama y el sexo pasa por tres etapas: cunnilingus, masturbación asistida y penetración

Con sus labios en mi entrepierna, trabaja y trabaja hasta llevarme a un orgasmo maravilloso. Después, se acomoda a mi lado y nos acariciamos por todo el cuerpo, haciéndonos el amor con las manos y por último, se pone arriba mío, me agarra de la cintura y me lo mete hasta que me hace gritar de placer, pero se que quiere más y yo también quiero más, así que le pido, con una voz que lo vuelve loco, que me haga sexo anal.

Por supuesto que no se hace rogar y me pone como perrito. Con sus manos, juega en mi clítoris y su pene, entra como desaforado entre mis nalgas. Una vez y otra más hasta que llegamos a un nuevo clímax. Este último, nos deja agotados, rendidos y calmados, al menos, por un rato.

Al otro día, volvemos a casa y mi hermano había hecho un asado. Estábamos Valentina, con su novio en turno, Borrelli, mamá, mi cuñada, mi suegro, mis hijos, Sebastián y yo.
Comimos tranquilos, contando historias, hablando de la vida y pasamos un domingo espectacular.

Pasan varios meses y todo sigue sobre ruedas, sólo hay un problema: un tipo de la empresa me está molestando. Es el de seguridad del estacionamiento. Cada vez que paso, me mira y me habla jadeando. Yo no se si es estúpido, idiota o simplemente, todo le chupa un huevo, pero la cosa es que me tiene ganas y no se preocupa en disimularlo.

Una noche, tuve que quedarme hasta muy tarde para poder terminar unas planificaciones y mandarlas por mail. Hasta Lautaro se fue antes que yo. Dejé todo listo, mi oficina ordenada y me preparé para irme, ya que era mi último día de trabajo, porque empezaban mis vacaciones y nos vamos todo un mes a Boston, a la casa de Catalina, la hermana de mi esposo.

Bajo tranquila, pensando en lo que me falta organizar para el viaje que es el lunes. Me relajo, tengo todo el fin de semana para terminar lo que falte. Pienso en Kiara, en Bau y Sebastián y sonrío. Llego al estacionamiento y el tipo este se me pone adelante

- ¡Qué lindo culito te hace esa pollerita, perra! ¡Cómo te daría toda la noche sin parar!

Cuando despierto, estoy en el hospital. Sebastián se me acerca y me agarra la mano.

- ¿Estás bien, nena?
- ¿Qué pasó?
- Amor, tranquila, no te vayas a asustar.
- ¿Asustarme por qué?
- ¿No te acordás?
- Me estás poniendo nerviosa, flaco, ¿qué pasa?
- Los atacaron, Vero, a vos y al hombre que vigila
- ¿Quién nos atacó?
- No se sabe, están buscando, no se entiende lo que pasó
- Recuerdo que bajé y cuando pasé por la garita, él tipo me habló. Nada más.
- Parece que fue un ajuste de cuentas y que vos caíste en un mal momento y bueno, te pegaron en la cabeza, para desmayarte
- ¿Ajuste de cuentas? No entiendo nada
- Lo mataron, amor. Lo molieron a golpes, literalmente, le rompieron la cabeza…

Miro a mi marido y a Borrelli que acaba de entrar y aunque no me acuerdo, por la expresión del inspector, comienzo a dudar, ¿habré sido yo?...

FIN.

lunes, 15 de abril de 2013

030 - “Final, primera parte” – “ÚLTIMOS 2 CAPÍTULOS”


En cuanto Luis me agarró del brazo, me saqué el palito chino con el que me recojo el pelo y se lo clavé. Cuando cayó, me tiró con él y en esa caída, fue que me corté, pero como tenía el saco de mi uniforme, mi sangre no quedó en la escena. Según el padre de la chica de Entre Ríos, me levanté y me fui caminando. Él me siguió hasta el súper y cuando vio que me metí al estacionamiento, se fue.

No lo creo, no me acuerdo de nada. ¿Por qué?

- Shock post traumático, causado por un estado de emoción violenta - Aclara Borrelli - Y quedate tranquila - Agrega - No voy a decir una palabra. El caso está en la nada y no me interesa que se aclare. Al fin que fue en defensa propia y no algo planificado. Ese gordo, bien muerto está.
- ¿No soy peligrosa para mi marido y mi hijo?
- No lo creo, pero vas a ir a un terapeuta y él dirá
- ¿No me irá a denunciar?
- Es amigo mío y me debe su alma, no te preocupés

Miro al inspector y no se si agradecerle, abrazarlo, llorar o tener miedo

- ¿Y ahora, qué?
- Ahora te vas a tu casa, con tu esposo y tu bebé y seguís tu vida, Verónica. Dejemos que la justicia por mano propia, salga heróica, aunque sea por esta vez.
- Le juro que cuando accedí a lo de Pablo, pensé que él iba a terminar preso, no muerto
- Ya lo se y no se perdió nada.
- Pensé que su trabajo era otro
- Y lo es, pero una excepción, en estos casos, no me parece algo malo.
- Gracias, Borrelli, y si algún día me necesita para algo, cuenta conmigo
- Lo mismo digo, pero esperemos no volver a vernos nunca más. Aunque siempre voy a estar pendiente de vos, te tomé mucho cariño
- ¿Por qué?
- ¿Te acordás que te dije que tenía una hija de tu edad?
- Si, claro
- Cuando ella tenía quince años, le pasó lo mismo que a las chicas de Entre Ríos.
- Lo siento mucho
- Te parecés mucho a ella.
- Si le hace bien, a mí me encantaría tener un papá como usted y es más que bienvenido a ser parte de mi familia.
- ¿En serio?
- Si.
- Te tomo la palabra
- Entonces lo espero el sábado que viene en casa, es el cumpleaños de mi marido
- Ahí voy a estar
- Lo espero
- Dejá de tratarme de usted, si voy a ser como tu papá, el “vos”, está perfecto
- De acuerdo, pa, te espero el sábado

Los dos sonreímos y me voy de ahí…

Pasaron casi cinco años y estoy esperando a mi segundo bebé, bueno, beba, es una nena y se va a llamar Kiara. Sebastián me mira y acaricia mi panza de siete meses y medio. Le habla sin parar y Bautista está igual, ya quiere a su hermanita para hacerla hincha de River, es más fanático que el padre y según mi hijo, Kiara va a ser una barra brava porque patea mucho.

- ¡Mami! Vení a ver lo que le hice a mi hermanita
- Voy, Bau

Entro al cuarto de mi futura hija y veo que por todas las paredes hay miles de dibujos. Todos son de nosotros cuatro y Bau, Sebas y la nena, están pintados con la casaca riverplatense. Estamos en el río, en el mar, en el bosque, en casa, en la cancha, en la casa de mamá, de su tía Cata, en casa de su abuelo, en todos lados, pero siempre juntos y con la ropa de River

- ¡Me encanta, hijo!
- ¿De verdad?
- Claro, mi amor, ¿ya le mostraste a papi?
- No, ahora lo traigo

Bautista sale corriendo y a los gritos, como indio. Sebastián entra con él y muere de risa. Alza al nene y se empiezan a burlar del tío Darío, que no pudo conseguir que su sobrino se hiciera hincha de Racing

- ¿Creés que mi primito sea de Racing, papi?
- No si podemos evitarlo, campeón
- Dejen que mi hermano haga a su hijo de lo que él quiera, che
- ¡Ay, ya salió la defensora de los Daríos ausentes! - Bromea mi marido - Mi ahijado va a ser del millo, como nosotros
- Si, mami, el tío que se aguante - Se ríen los dos

La mujer de Darío tiene seis meses de embarazo y va a ser varón. Mi hermano está feliz, pero la batalla por el fútbol, no da tregua.

Poco después, me voy a acostar, porque Kiara se mueve mucho más de lo que se movía su hermanito y tengo la cadera muy adolorida. Estoy en la cama y me da una puntada en la espalda. Le gritó a Sebastián que viene en dos segundos.

- ¿Qué pasa, amor?
- Una contracción
- ¿Qué?

No termino de decirle nada, cuando siento que se me humedece toda la entrepierna.

- ¡Ay, carajo! Rompí bolsa, Sebastián, Kiara se adelantó
- Tranquila, tranquila…

Mi marido llama a mamá que estaba en la cocina y ella se queda con Bautista. Mientras, nosotros vamos al hospital.

jueves, 11 de abril de 2013

029 - “Revancha, el desenlace” - “ÚLTIMOS 3 CAPÍTULOS”


Esa mañana, salí de casa en taxi. A las veinte cuadras, me bajé y tomé otro y repetí esta maniobra tres veces más. Hasta que llegué cerca de la bodega y José me recogió en un auto. Cuando entramos al cuarto, Pablo seguía ahí, mirándonos. A punta de pistola y con la advertencia de quedarse tranquilo, deja que Roberto lo revise. Está bien, sin marcas en el cuerpo, ni golpes o moretones que evidencien que estuvo secuestrado. Físicamente, no hubo maltrato, fue solamente psicológico. Lo volvemos a esposar y salimos de ahí. Revisamos una y mil veces que no queden huellas. Siempre tuvimos guantes y el pelo cubierto, pero no está de más que demos un vistazo. El televisor, el reproductor de dvd y la mesita en la que estaban, ya se los llevaron los muchachos y se los dieron a la gente de una villa de emergencia, como lo compré en efectivo, no hay rastros de eso y si llegan a preguntar, la respuesta es simple: lo doné a un nene que me ayudó a que no me robaran. Punto.

Cuando nos aseguramos que todo está bien, salimos de la bodega y de a uno a la vez, nos cambiamos la ropa dentro del auto, metemos todo en un bolso y arrancamos. Como a los diez minutos de marcha, hago la llamada correspondiente y del otro lado del teléfono, me aseguran que en cuanto el paquete sea entregado, me avisan. Manejamos una hora más o menos y ahí, Roberto y yo bajamos del auto y José lo devuelve. Era un coche de alquiler. Caminamos unas cuantas cuadras y nos subimos al auto de Roberto. Otra vez, un trayecto de unos 45 minutos hasta que llegamos a un descampado. Ahí quemamos el bolso con todo lo que pueda vincularnos al secuestro.

Quedamos en que ellos ya no vuelven a trabajar en casa, pero me aseguré que muchos de mis conocidos les den trabajo, son buenos tipos y laburan muy bien. A cambio, ellos me recomiendan a una gente que hace mantenimiento de jardines. Nos saludamos afectuosamente y nos vamos cada uno por su lado. Ellos saben que la llamada fue a la policía, para avisar dónde estaba Pablo y como nunca los vieron y yo no los voy a delatar, están tranquilos. Su duda era cómo iba a hacer yo para que Batista no dijera que estaba detrás de todo, pero la respuesta es simple, si lo dice, yo lo niego y listo, es su palabra contra la mía. No hay nada que me ponga en la escena y tengo coartadas muy seguras. Les explico y sonríen. Mientras los veo irse, deseo que tengan una buena vida, se lo merecen. Camino un rato más y cuando me doy cuenta, estoy cerca de la casa de mamá. Voy y le pido que no le diga a Sebas que estuve por ahí. La vieja me mira raro, pero le explico que es por algo que no tiene que ver con él, sino con Borrelli y bueno, se queda tranquila.

Unas cuatro horas más tarde, me llaman y me dicen que todo salió perfecto, La bodega estaba limpia, Pablo en el lugar que correspondía y todo ok.

Pasa una semana y sale en las noticias que Pablo Batista fue encontrado muerto en Mendoza, en un garito. Todo indica que fue una muerte natural, un paro cardíaco, provocado por un nivel de excitación muy alto. Por lo que dice la policía, fue a buscar una prostituta y no resistió el éxtasis. Cuando investigaron un poco más, supieron que él sufría de problemas cardíacos y que debía estar medicándose, pero no parecía haberlo hecho por varios días. Probablemente porque su medicamento era prescrito y en su condición de prófugo, no consiguió un médico que pudiera recetarle el remedio.

Sebastián mira el noticiero y me abraza, aliviado. Un rato después, Borrelli me llama, hablamos un rato y quedamos en vernos al otro día para hablar. Y lo hacemos.

Nos encontramos en su casa, para estar tranquilos y poder conversar sin que nadie esté husmeando o interrumpiendo. Llego, me invita a pasar y me ofrece un café. Le digo que prefiero mate y él sonríe. Prepara todo y nos acomodamos en su living. Me mira, en silencio.

- Me alegra ver que seguiste mis instrucciones tan bien, Verónica, salió todo redondo
- Menos mal, Borrelli, si algo fallaba, me moría.
- Te dije que no tenías de qué preocuparte
- ¿Cómo hizo todo lo demás?
- ¿Segura que querés saber?
- Por supuesto.
- Después que me llamaste, fui a la bodega con el padre de la chica de Entre Ríos, él era mi cómplice
- ¿Ese era el famoso aliado?
- Ajá, ni más ni menos.
- ¿Qué fue lo que hicieron?
- Revisamos y la verdad que todo estaba impecable. Entramos el auto y lo sedamos con cloroformo. Lo sentamos en el asiento de atrás y nos fuimos. Fue todo un camino alternativo, pero valió la pena, porque no cruzamos ningún control policial
- Perfecto.
- Si. Llegamos a Mendoza dos días después
- ¿Dos días? ¿Cómo hicieron para que Pablo no jodiera?
- En principio, me reconoció y sabía que yo era policía y si hacía falta, más cloroformo.
- ¿Cómo terminaron en el garito?
- Conozco los sucuchos de Mendoza, desde que se nos ocurrió este plan que investigo y para un policía de rango como yo, es fácil acceder a esa información.
- ¿Y el paro cardíaco?
- Bueno, cuando nos dijiste que Pablo padecía del corazón, buscamos la manera de provocarlo, pero no hizo falta. En cuanto vio a la prostituta, quedó frito.
- ¿Fue muerte natural en serio?
- Exactamente. Por eso mismo, no hay investigaciones. Con la vida que llevaba ese tipo y al morir por causas naturales, no hay crimen que investigar. Nadie denunció su desaparición, no hubo familia que lo reclamara y además, era prófugo. Todo cierra, Vero, estás y estamos limpios.

Respiro tan aliviada, tan liberada, que no me la creo.

- Hay algo más, Verónica - Dice, serio
- ¿Qué?
- El gordo Pérez
- ¿Qué pasa con eso?
- ¿No me vas a decir la verdad?
- No se de qué verdad me habla, Borrelli
- Fuiste vos, lo se
- ¿Fui yo?
- No te hagás la tonta, sabés que si
- Le juro por mi hijo que no tengo idea de lo que me habla
- No jodás
- No lo jodo
- El padre de la chica me contó todo
- ¿Qué le contó?

Supongo que el inspector se acuerda que me desmayé y me cree que no recuerdo nada, porque me explica cómo pasó todo y yo lo escucho sin poder dar crédito a sus palabras.

domingo, 7 de abril de 2013

028 - “Revancha, el nudo” – “ÚLTIMOS 4 CAPÍTULOS”


La idea de venganza, tiene un efecto raro en la gente. En mí, por ejemplo, se siente como un manjar exquisito, que se deshace en mi boca, haciéndome llegar al éxtasis. En Roberto, provoca incertidumbre y ansiedad. No está nervioso, ya sabe exactamente cuáles son los planes, pero al mismo tiempo, sabe que, aunque sea por justicia, estamos quebrantando la ley y esto lo pone en ese estado y José, lo está disfrutando. Al principio, eso me disgustaba un poco, pero después de saber que a su hermana le habían hecho lo mismo que a mí, pero con violación incluida, comprendí sus motivos y me relajé.

Les pedí a los muchachos que me dejaran a solas y lo hicieron, en caso de necesitarlos, les haría un llamado. Dejaron las armas con balas de salva y se fueron.

Pablo me miraba y hacía muecas. Tenía la boca tapada, pero no me hizo falta escucharlo para saber que me estaba puteando. Con paciencia, acomodé y organicé todo para que el espectáculo diera comienzo.
Cuando las cosas estuvieron listas, me paré detrás de Batista y le di play

- Así, de esa exacta manera, es como se complace a un hombre y a una mujer, Pablito… - Digo, a manera de relato - ¿Ves? Eso es potencia, resistencia, satisfacción. Mirá las caras, los gestos, cómo nos aferramos el uno al otro. Vos creías que Sebastián era un pelele, un idiota y nada más lejano, porque no sólo en los negocios es un as, sino que en la cama, como te podés dar cuenta, es un león, una fiera que no necesita someter u obligar a una mujer para sentirse hombre, al contrario, él deja que una se explaye, se entregue y haga lo que le de placer a los dos. - Mientras hablo, lo voy rodeando, asegurándome que vea lo que la pantalla le muestra y lo toco en la cara con mi dedo índice - Un hombre de verdad, no golpea, no lastima, no hiere y mucho menos para el sexo. Eso es cobardía y podríamos decir que hasta homosexualidad reprimida.

Pablo se mueve con fuerza, tratando de soltarse, pero no hay modo. Está esposado a la silla y atado por los pies. Además que el cuarto en el que estamos, está cerrado y la llave, la tiene José y sólo la va a traer cuando yo lo llame.

Me pongo otra vez delante del panorama de Batista y le muestro el arma, cosa que lo deja tranquilo y lo fuerzo a que siga mirando.

- ¿Qué pasa? ¿Te querés tocar? ¿Masturbarte? ¡Una pena! Porque no vas a poder. ¿Sabés? El otro día estábamos hablando de eso con Sebastián y me preguntó si sabía cuál era el sueño de toda persona que se masturbaba, en el preciso momento de estar haciéndolo. Le dije que, para mí, era bastante obvio que el sueño sería que el objeto que genera el deseo, se aparezca y siga con la tarea y mi esposo es fogoso, apasionado y bueno, un poco chanchito, porque se estaba tocando mientras hablábamos. - Por cómo me mira, me doy cuenta que le interesa lo que le cuento - Y, obviamente, cumplí su sueño. Le saqué la mano de donde la tenía y se la chupé como a él le fascina hasta que acabó y en mi boca, cosa que me excita y me calienta a más no poder. Después de eso, cojimos largamente, hasta que no pudimos más, hasta que quedamos desnudos y exhaustos en el suelo. ¡Fue algo increíble!

Los videos de Sebastián y yo, haciendo el amor, eran fabulosos. Se veían muy bien, se escuchaban mejor todavía y como los dos encastramos a la perfección, eran estéticamente, más que correctos

Pablo los miraba y se enfurecía más a cada segundo y como si eso fuera poco, se excitaba notoriamente y la tortura, estaba surtiendo el efecto deseado.

Al terminar la función, saqué el dvd del reproductor, me paré delante de él y le sonreí, victoriosa. Acto seguido, llamé a Roberto y José. Cuando llegaron, me fui a casa. Sebas aún no volvía y Bauti estaba con mamá, así que aproveché ese tiempo a solas, para delinear la parte final de mi plan y ahí si que tenía que ser precisa, exacta y no tenía margen de error.

Como una hora antes que mi marido volviera, mamá me trajo al gordito y cenó conmigo. Después, cuando mi hijo dormía y mi marido se duchaba, agarré el auto y llevé a mamá a casa. Al volver, Sebastián estaba acostado, con Bautista encima de él, los dos dormidos como osos. Yo los vi y los amé mucho más que antes…

Mi cabeza no descansaba, todo tenía que ser perfecto, bajo ningún concepto se podía vincular lo que le iba a pasar a Pablo ni conmigo, ni con los jardineros.
Repasé todo: Batista no les había visto la cara y apenas si los había escuchado hablar. Ellos siempre andaban con guantes y usaban la misma ropa. Al salir, se metían a un restaurante distinto cada día y se cambiaban, daban varias vueltas en colectivo y recién se iban a sus casas. Se que lo hacen, los dos quieren salir limpios de todo y yo me voy a asegurar que así sea.

No concilio el sueño, mañana es el gran día y no puedo dormir. Bajo a la sala y hago la llamada. La persona del otro lado de la línea me tranquiliza y me asegura que está bien al pendiente y que ya tiene las cosas arregladas. Cuando estoy terminando de hablar, veo a Sebastián que baja. Me despido y corto la llamada.

- ¿Qué pasa, Verónica? ¿Con quién hablás a las cuatro de la mañana? - Pregunta, sin entender
- Te voy a contar, amor, pero prometeme que no te vas a enojar conmigo. Sólo hice lo que me parecía que era mejor.
- Hablá - Me dice, con el ceño fruncido y se sienta frente mío
- Hace unos días, se me apareció Pablo y no pasó nada, me amenazó, pero sólo eso
- ¿Por qué no me contaste?
- Porque se que sos capaz de ir a buscarlo y matarlo, Sebastián y no quiero que lo hagas.
- ¿Lo protegés de mí?
- ¡No seas estúpido! Lo que no quiero es que mi amor, el papá de mi hijo, termine preso por un infeliz que no vale dos mangos.
- Está bien, entiendo. Ahora decime qué tiene que ver eso con la llamada de recién
- Era Borrelli, a él si le conté y me dijo que cualquier cosa que me pasara, lo llamara, a cualquier hora, no importaba
- ¿Y qué te pasó?
- No podía dormir, por miedo y como vos no sabías, no quería despertarte. Eso es todo, mi amor. No te enojes, por favor
- No me enojo, lo comprendo, pero… - Se sienta a mi lado y me abraza - No vuelvas a ocultarme nada, Vero, por favor, somos un equipo, hermosa, vos, Bautista y yo y no tenemos que tener secretos y menos si esos secretos son respecto a nuestra seguridad.
- Mañana voy a estar con Borrelli todo el día, ¿te quedas con el gordito?
- ¿Qué van a hacer?
- Me va a llevar con un amigo de él, experto en defensa personal. Me sugirió que siguiera con las clases, pero particulares y este tipo, el amigo, es experto, ganó campeonatos internacionales y cosas así
- Me quedo con Bautista, pero después no me vas a andar fajando porque no quiera lavar los platos, ¿no?
- ¡Bobo!

Me le tiro encima y lo poseo yo a él, como salvaje, porque eso despierta en mí, salvajismo sexual. Cuando terminamos, lo beso mucho y lo acaricio. Odio mentirle, pero es mejor que él nunca sepa lo que voy a hacer…

miércoles, 3 de abril de 2013

027 - “Revancha, el inicio” - ‎"ÚLTIMOS 5 CAPÍTULOS"


Mientras intento calmarme un poco, mi cabeza se dispara y me doy cuenta que ese encuentro, no fue al azar: Pablo me estaba esperando. 
Pienso que probablemente, me esté persiguiendo y aunque no se cómo, lo que si se es que eso lo voy a usar a mi favor.
Sebastián me llama y antes de subir, me lavo la cara y me tranquilizo, esta vez no le voy a decir nada, por lo pronto, esto me lo guardo para mí.

La gripe de mi marido, lo tiene en cama por dos días más y a partir de ahí, nuestra rutina se restablece y uso esto para atraer a Pablo hasta mí, sin que se de cuenta que un nuevo encuentro es precisamente lo que busco provocar.

Se demora unos cuantos días, pero, al fin, el plan funciona.

Una tarde, llamo a Sebastián y le pido que él busque a Bautista, porque una antigua compañera del secundario, me invitó a cenar. Como no salgo mucho y mi flaco cree que me haría bien hacerlo más a menudo, se pone contento y me dice que me despreocupe, que él se hace cargo del gordito y que la pase muy, pero muy bien.
Como quiero asegurarme que Pablo caiga en la trampa, me encargo que todo mi entorno inmediato se entere de la reunión para que estén al pendiente de mi esposo y de mi hijo.

Llego al restaurante donde se supone que me voy a ver con mi amiga y después de simular una espera de media hora y una llamada de disculpas, salgo de ahí.
Camino una media cuadra hasta llegar a una calle alejada, donde la cantidad de taxis es menor y no tan frecuente y por el rabillo del ojo, puedo ver que el pez cayó en la red.

Sorpresivamente, doy un paso hacia el costado y cuando me iban a pegar en la cabeza. Pablo pasa de largo y es ahí donde lo golpeo yo. Mis dos cómplices me ayudan a meterlo en el auto y salimos de ahí, a toda velocidad.

José y Roberto, son los dos jardineros que arreglan el parque de mi casa y cuando les ofrecí este trabajo, no tardaron en responder afirmativamente. Les conté que el hombre que me había secuestrado y golpeado, me seguía y que como la justicia del país es inútil, tenía una idea para agarrarlo. Les juré por Bautista que solamente quería atraparlo y entregarlo a las autoridades y me creyeron. Claro que antes, me iba a dar el gusto de hacerlo sufrir. Los dos muchachos no preguntaron más y como les iba a pagar más de lo que ellos ganaban en un año, no iba a matar al tipo y además, el sujeto en cuestión era un delincuente buscado, ambos acordaron apoyarme en mi plan.

Llegamos a la bodega, lo ataron a una silla y salieron, dejándome a solas con Pablo.

Le tiré agua helada en la cara, hasta que despertó.

- Hola, fracasado…
- ¡Qué perra sos! - Dice, indignado más con él mismo que conmigo - ¿Qué me vas a hacer?
- No te preocupes, ya te vas a ir enterando. Ahora me tengo que ir a ver a mi hijo y a mi marido y estoy muy caliente, necesito una buena cojida. Otro día, más tranquila y más satisfecha, vengo a verte un rato.

Salgo escuchando los insultos del Pablo. Doy instrucciones de alimentarlo, pero no desatarlo nunca, bajo ninguna circunstancia y José se compromete por él y por Roberto a cumplir mis órdenes de manera exacta. Les dejo dos armas con balas de salva, parecen reales y se escuchan como si fueran de verdad, dinero para que compren lo que haga falta y un celular para que me llamen por cualquier problema y me voy a casa.

Cuando llego, Bautista estaba riéndose de las cosquillas que le hacía su papá y en cuanto me ve, me estira los brazos y hace puchero. Lo alzo, lo lleno de besos y mi marido, por supuesto, también recibe ósculos y mimos.

Le cuento de mi fallida reunión y odio mentirle, pero es lo mejor. Le explico que la esperé largamente y que cuando me avisó que ya no llegaba, decidí caminar un poco y que vi muchas tiendas de ropita para bebé, pero por la hora estaban cerradas. Se ríe porque se imagina que el sábado nos la vamos a pasar caminando por esos locales y me sonríe, feliz de complacer mis caprichos de mamá primeriza.

Me preparo una cenita rápida, ya que Sebas había comido por creer que yo cenaba con mi amiga. Después, acostamos al gordo y nos vamos a la cama. Me baño y me acuesto.

- ¿Dónde están nuestros videos, amor? - Pregunto, como si nada
- En el ropero, Vero, en el estuche de discos… ¿Querés ver alguno?
- No, ver no, si me gustaría hacer otro
- ¿Cuándo?
- Ahora mismo…

Feliz con la idea, se levanta y prepara todo. Acto seguido, se mete en la cama y lo hacemos como salvajes, bien enloquecidos.

Durante los tres días siguientes, me mantengo en contacto con los chicos por celular, pero no voy a ver a Pablo. Voy armando todo como para tener una tarde completamente libre y sin compromisos y ese día, será cuando me tome revancha de verdad.

Así, por fin, mi franco laboral me da la chance de llevar a cabo mi plan.

Hago que mamá se lleve a Bautista y le cuento a Sebastián que para “reparar su falta”, esa amiga que me dejó plantada, me invita a pasar todo un día en un spa y mi marido, chocho, porque “casualmente”, esa jornada a él lo encontraba lleno de trabajo y al salir de la empresa, tenía fútbol y asado con mi hermano y los amigos.

Es así que en cuanto mi flaco se va a la oficina, voy al cuarto de jardinería, saco el reproductor de dvd que compré, busco las copias de mis videos eróticos, agarro el bolso que tengo preparado, cargo todo en el auto y me voy. Llego hasta un estacionamiento en pleno centro y de ahí, con todo eso encima, camino unas cinco cuadras y paro un taxi. Lo hago ir hasta tres cuadras antes de la bodega, le pago y bajo. Roberto me está esperando con otro coche y por fin, después de varios días, Pablo y yo, nos volvemos a ver las caras

- Hola, cabrón, ¿cómo te tratan en este hotel cinco estrellas? Por lo menos no te pegan, ni te quieren obligar a cojer, ¿no? Eso es algo bueno. A menos, claro, que te guste alguno de mis amigos…

Pablo me mira y el odio se le nota en los ojos.

- Guardá tus energías, tengo un regalito para vos y te va a gustar. Creeme.