viernes, 8 de febrero de 2013

009 - “Fidelidad”

Cuando volvimos a la empresa, Pablo me miró con aire sobrador y, para colmo, Sebastián se dio cuenta. Lo llamó a su despacho y estuvo hablando con él un rato bastante largo. No supe bien de qué, hasta que el mismo boludito me dijo, muy enojado por cierto, que por mi culpa, ahora su trabajo pendía de un hilo. Respondí que eso le pasaba por idiota y sonriendo, con todo mi cinismo, continué con mi labor. ¡Qué se vaya a cagar! Tres años muerta de amor por él, o eso creía, y se le da por avanzarme cuando se entera que estoy con alguien más. ¡JODETE, PELOTUDO! Sos como ese tipo del restaurante, que tarda tres horas en hacer su pedido y cuando le traen el plato, resulta que quiere lo que tiene el de la mesa de al lado.

El día pasa con normalidad y como nadie me miró mal, supongo que Pablito cerró el culito y no le contó a nadie lo que había pasado. Ahora que lo pienso, nadie lo quiere mucho y como ya se me cayó la venda de los ojos, entiendo que es porque siempre se mete con mujeres ajenas o con aquellas que no tienen mi suerte y caen en sus garras antes que alguien les abra los ojos. Quizás él no lo haya dicho, pero si puedo beneficiarme con eso, yo misma me encargo de hacer correr el chisme.

Mamá vino a casa con Darío y cenamos un pastel de carne que sabe a gloria. ¡La vieja cocina muy bien! Pienso que no estaría nada mal que aprenda un poco y así, pueda prepararle algo casero a Sebas. ¡Estoy enamorada al punto de querer cocinarle! ¿Qué me hizo este hombre?

Las caras de mamá y Darío, evidencian mi poquísima afición a lo culinario, porque no pueden cerrar la boca ante mi pedido. Mi hermano no capta una, pero la vieja ya entendió todo y sabe hasta por quién pretendo aprender a cocinar. Me guiña el ojo y asiente, contenta por mí. Es tan piola, mi madre. Tanto que hasta le dice a su hijo que se va a quedar a dormir en su casa más seguido, porque es un desastre como soltero y come mal, limpia mal y no sabe tener ordenado. Él, feliz de tener a mamá consigo y yo, chocha porque puedo tener a Sebas. Un rato después, lo llamo y le cuento y me pregunta si no prefiero ir a su departamento. Le propongo pasar una noche ahí y otra en el mío, cosa que acepta. Sólo que esa noche va a llegar tarde porque tiene video conferencia con el dueño de “Prisma”. Como todavía no se cocinar, lo espero con lo que se que le fascina: mi cuerpo listo y preparado para un agasajo carnal.

Entra y no se fija en nada más que en mí. Me abraza, me toca, me besa y se apoya con su pelvis en la mía.

- Venía en el auto pensando en esto, amor, y casi acabo por imaginarte
- Dejemos los “casi” y hagamos de eso, una realidad concreta.
- Si, hermosa, estoy loco por hacerlo
- Decime algo, bonito, ¿comiste comida?
- No, nada
- En ese caso, después de comerme a mí, tenés la cena esperando en la mesada de la cocina
- ¡Perfecto! Ahora, vamos a comernos el postre

Me lleva a la pieza y me hace gritar su nombre, mientras grita el mío y ya se que lo se, definitivamente, no quiero volver a estar con nadie más. No se si será el mejor amante o el mejor hombre del mundo, pero es el mío, a quien amo y a quien no quiero perder nunca.

Lo llevo a la cocina y le caliento la cena. Se devora todo y elogia con vehemencia a mi mamá.

- Mi suegrita ya me cae bien, si cocina así de rico, no puede ser mala y odiosa. Al contrario, es una mujer dulce y divina, como vos, ¿no?

Me siento en el regazo de Sebastián y lo beso mucho

- Mamá es la mejor del planeta, nene, y así como tiene mano con la gastronomía, tiene el corazón de bueno
- Lo dicho, amor, me encanta mi suegra

Me río por la rapidez con la que se mueve y por su sonrisa complacida, al saber que me complace. Vuelvo a besarlo y como estamos en pelotas, siento su pene endurecerse contra mi pierna y me muevo. Él entiende, por supuesto y me ayuda a acomodarme. Me siento de nuevo, logrando una penetración sostenida y como un desaforado, me agarra el traste y lo aprieta contra su pelvis, una vez y otra más, con fuerza, presión, empuje, ganas, deseo y una calentura que nos supera.
Jadeante, mientras me lo hace a full, me habla

- ¿No te encanta esta parte de las relaciones?
- ¿Cuál?
- Esta, Vero, en la que no podés despegarte del otro, que querés estar juntos todo el tiempo, donde no podés ni querés sacarle las manos de encima y buscás las mil y una maneras de pasarte la vida haciendo el amor…
- Claro que me encanta, ¿no se nota?
- No…

Lo miro y está con su sonrisa malosa, esa que me provoca darle matraca hasta que el mundo se acabe. Me muevo más rápido, llevándolo al límite

- Pará, Vero, no tengo puesto forro
- Tomo pastillas, amor, no te preocupes por eso
- ¡Cómo te amo!

Me agarra de la cintura y ahora si, me da una tremenda regarchada monumental y termina dentro mío. Se siente tan rico, tan especial, Nunca había hecho eso. Siempre fui precavida y no por un embarazo, precisamente, sino por todas las pestes que hay dando vueltas. Se que Sebastián es un tipo sano porque lo hablamos la primera noche y se también, que no me voy a arrepentir de estar con él y sólo con él.

De repente, siento miedo. ¿Qué pasa si él no es fiel? ¿Qué pasa si como me tiene a mí, tiene a otras?

- ¿Qué tenés? Te cambió el gesto, linda
- ¿Esto que tenemos es exclusivo?
- Si, completamente. Te amo, no tengo ganas de compartirte
- Las reglas son las mismas para los dos, Sebastián
- Cuando yo digo “TE AMO”, quiero decir que solamente quiero estar con vos. No me interesa nadie más y espero que nadie te importe a vos tampoco
- Me alegra que estemos en la misma situación

Se ve que mi gesto vuelve a ser feliz porque él sonríe, me besa y me lleva al baño. Abre la ducha y mientras el agua cae, agarra el jabón y me lo pasa por todo el cuerpo. Le hago lo mismo y cuando llego a su pene, enfatizo mi labor, provocando que se ponga duro de nuevo. El señor, hecho un toro, me pone contra la pared, me separa un poco las piernas y me toca hasta que gimo sin poder contenerme. Me aprieta contra los azulejos y me lo hace así, de parados y por atrás. ¡Nada más rico para hacer en el baño!

Fidelidad, compromiso, noviazgo. No tengo idea de cómo hacer esas cosas, pero algo me dice que voy a poder cumplir, porque seré muy novata en esto de los noviazgos y el amor, pero de estúpida, no tengo un pelo y Sebastián es para mí, decretado, firmado, sellado y guardado bajo siete llaves: es el hombre de mi vida…

Me acaba adentro otra vez y terminamos de bañarnos. Se pone los calzones y se mete a la cama. Me espera con sus brazos abiertos y su sonrisa desnuda, como desnuda está mi alma cuando lo tengo cerca. Me abraza, haciéndome cucharita y se duerme un poquito antes de que lo haga yo.

Fidelidad…
Compromiso…
Amor…

Todo nuevo y una nueva yo…

008 - “Pablo”

Hace casi siete años, en mi primer día en “Prisma Enterprises”, sentí que el mundo se rendía a mis pies. Recién salida del bachiller y después, de algunos meses trabajando de cajera en una de las tantas sucursales de McMierda, tuve la posibilidad de comenzar un empleo que se adecuara a lo que pensaba estudiar en la universidad: “Licenciatura en Comercio Exterior”. Si, claro, iba a empezar de telemarketer, pero lo bueno de esta empresa era que tenías grandes chances de progreso y evolución. Iniciabas en el último escalón y por ley de vida, si estás debajo de todo, no tenés más alternativa que subir y esa era mi idea. Pasé un año atendiendo llamados de clientes y nunca tuve ninguna baja.

Cuando se abrió una vacante para asistente de supervisor, mi encargado no dudó en mencionarme para el puesto y lo obtuve. Entonces, pasé de tomar las llamadas, a monitorear y calificar las de mis compañeros y, por supuesto, asesorarlos. Con este ascenso, conseguí una paga más abultada y pude alquilar un buen departamento para mi vieja y para mí. Dos años después, me tocó el puesto de encargada de piso y un aumento de sueldo, muy sustancial, me convenció de aceptar y ese mismo día en que empecé en mi nuevo puesto, conocí a Pablo Batista, un nuevo telemarketer.

A diferencia de la mayoría de este tipo de empresas, aquí no se emplea a adolescentes universitarios. Como trabajamos con cuentas de bancos y se hace venta de seguros de vida, entre otras cosas, todos los trabajadores son recibidos en su carrera o están a punto de serlo. Conmigo se hizo una excepción porque la hermana de una de mis compañeras de colegio, era accionista de “Prisma” y me vio mucho potencial. Por lo mismo, cuando me dieron el trabajo, sólo atendía consultas menores y con el pasar del tiempo y el avance en mis estudios, demostré que podía con el paquete completo. Cuando entró a trabajar conmigo, Pablo tenía 26 años y yo, 22. Al poco tiempo de estar en la empresa, empezó a salir con una chica de la cafetería y no se por qué, terminaron un par de meses más tarde. Se rumoreó con mucho énfasis, que la piba lo encontró encamado con otra, pero Pablo es demasiado buen tipo como para hacer algo así. No, no fue eso.

Un tiempo más tarde, me enteré que andaba con una mujer mayor que él, de guita, pero eso tampoco duró mucho. Según me dijeron, la vieja lo encontró garchándose a la hija, cosa que debe ser falsa, Pablo no haría algo como eso. A mí nunca me prestó demasiada atención, fuera de lo laboral, casi no hablábamos y si nos encontrábamos, me saludaba cortésmente. De todas maneras, él era mi destino y yo siempre lo supe.

Ahora estoy sentada en mi cubículo y pienso en qué querrá decirme en ese baño abandonado. Una luz titilante en mi computadora me devuelve a la realidad. Es un mail de Sebastián.

“Necesito los archivos de la cuenta ArgenBank, linda. ¿Los tenés?”

Respondo que si y se los envío. Acto seguido, mi jefe ¿novio? (Todavía no lo creo) Me indica que vaya a su oficina. Me paro y voy. Golpeo la puerta y me hace pasar.

- Sentate, amor - Dice son esa sonrisa asesina - Ya te atiendo… - Esboza y sigue hablando por teléfono

Mientras lo espero, me dedico a observar alrededor. Tiene la oficina impecable, reluciente y muy ordenada. Hay muchas fotos y casi todas son de gente que no es Sebastián, aunque se le parecen mucho. Deben ser parientes. Hay una en el escritorio y en esa si está él, abrazado a una rubia preciosa.

- Es mi hermanita, Catalina - Resopla, leyéndome el pensamiento y dejando el auricular del teléfono a un lado - Tiene cuatro años menos que yo y vive en Boston. Hace dos años que no la veo y la extraño mucho.
- Es muy linda tu familia, parece haber sido esculpida.
- Tenemos nuestro encanto, Vero.
- ¿Por qué dijiste que somos novios?
- ¿No lo somos?
- No se
- ¿Querés que lo seamos?

Mis dudas son demasiado evidentes, pero Sebastián me está por malinterpretar

- No dudo de vos, de lo que sentimos, pero lo del compromiso y la fidelidad, es nuevo, nunca estuve de novia, nunca me interesó estarlo
- Siempre hay una primera vez para todo, hermosa, no te des máquina con eso
- Pablo me quiere ver a solas
- ¿Para qué? - Pregunta con el ceño fruncido - ¿Qué quiere?
- No tengo idea
- Andá y averigualo y si después de hablar con él, todavía afirmás amarme, vemos qué hacer.
- No te enojes
- No pretenderás que salte en una pata
- Prometo comportarme y no hacer con él, lo que estuve haciendo con vos estos días
- Te creo, pero se que ese tarado te gusta, así que fíjate qué quiere y después, volvemos a hablar.
- ¿Para eso me llamaste?
- No, no sabía. Te llamé para que me expliques algo de los archivos. Tengo una presentación y los tengo que desmembrar para los burros que tenemos por jefes
- Puedo ir con vos y ayudarte.
- Me encanta - Se levanta y me besa

En el momento en que él me lo indicó por mail, bajo al baño abandonado. Entro pensando que iba a estar horroroso, pero no es así. Está limpio y ordenado, pero con el lavabo clausurado. Pablo entra detrás mío y me agarra de la cintura, pegándose a mi cara, casi besándome.

- No sabés las ganas que tengo de estar con vos, Vero
- ¿Desde cuándo?
- Desde siempre
- ¿Y te tengo que creer, Pablo? Apenas si me registrás.
- Es que pensaba que no ligabas en el trabajo, pero si te pusiste de novia con el pelele de Sebastián, no podés negarte conmigo

Esa forma de referirse a mi hombre, me molestó demasiado y esa soberbia, me indignó. Le di una bofetada.

- Delante mío, no lo tratás así, ¿se entiende?
- ¿Lo defendés? No me vengas con el cuento que de verdad te gusta. Me doy cuenta cómo me mirás, Verito
- ¡No me digas así! Y si querés conservar tu trabajo, pendejo, ubicate. No sólo soy tu superior, sino que soy  la mujer del gerente, así que, sacame las manos del traste y borrate de mi vista.

Pablo me da un beso y no me gusta. Es agresivo, desconsiderado y me muerde. No sabe besar bien, es muy torpe. Lo separo de mí y le doy otra cachetada. Salgo del baño vuelta una furia. Le digo a Lautaro que me cubra y me voy de ahí. Llamo a Valentina y le pido que nos veamos en la cafetería que está cerca de la empresa, pero me arrepiento y le digo que no.

Al final, llamo a mi novio y me encuentro con él. Estoy nerviosa, molesta, enojada y lo necesito, pero no de manera sexual, sólo quiero que me abrace y me haga sentir protegida. Lo hace con todo su amor y con ese abrazo, termino de entender que amo a Sebastián con el alma y la vida y que Pablo no solamente es un imbécil, sino que además, es todo lo que me dijeron de él y yo me negaba a creer.

jueves, 7 de febrero de 2013

007 - “Decir TE AMO”

¿Se puede amar a dos hombres al mismo tiempo? ¿Se puede sentir amor profundo, real, sincero por dos personas en simultáneo? Porque a Pablo lo amo desde que lo conocí y es más que obvio que Sebastián me fue enamorando, aún sin que yo me diera cuenta. ¿Cuál es real y cuál no?

Sebastián me mira, se ríe de algo y francamente, no me importa el por qué de su risa, solamente quiero que siga así, riéndose y que siga conmigo, mirándome, tocándome, que no se me despegue más.
Lo amo, eso no se duda, pero ¿y Pablo? No puede ser que todos mis sentimientos por él, sean efímeros, aleatorios, inocuos. No, mi amor por Pablo fue mi motor durante años, no es posible que sea una mentira…
Pero acá estoy, con Sebastián y siento que me tiembla hasta la médula. Me tiembla y la electricidad que me provoca su mirada, recorre cada partecita de mi cuerpo, poniéndome la piel de gallina.

La pizza se demora, no me puedo aguantar. ¿Por qué quiero tenerlo desnudo en mi cama con tanto ahínco? Hicimos el amor hace un rato y no me bastó, quiero más, lo quiero a él, con su perfecta integridad, entrando en mí y haciéndome gritar, gemir, transpirar. ¿Qué tiene este tipo que me afecta así? Me transformé en una ninfa, adicta a su cuerpo, a su boca, a su pene. Ah, claro, ¡lo amo! Es eso…

- Te amo - Digo, sin darme cuenta
- ¿Me amás, linda? ¿Estás segura?
- No entiendo cómo, ni cuando me enamoré de vos, Seba, pero si, te amo y estoy apenas dándome cuenta, teneme piedad.
- No pidas que tenga piedad cuando acabás de decirme que me amás.
- Tendría que haberme callado la boca
- Esa boquita hizo lo correcto y no veo la hora de tenerla sobre mí de nuevo, Vero

Se acerca, me besa y me toca un pecho. Automáticamente, se me ponen los pezones duros. La pizza se tarda una eternidad y para devolverle el favor, meto la mano por debajo de la mesa y le agarro su coso, que está durísimo y me tienta, quiero saborearlo un poco y que después lo meta en mis profundidades.
Siento la humedad en mi entrepierna y no lo puedo creer, Sebastián, sencillamente, me pone de la nuca.

Por fin llega la pizza, la paga y vamos al auto. Subimos y mientras él maneja, le acaricio el coso y como soy una ninfa, adicta al sexo y me fascina hacerle trabajos orales, le bajo el cierre de la cremallera, saco el erguido falo afuera y lo atrapo con mi boca.

Sebastián se controla como puede y maneja muy despacio, sin embargo las ganas le ganan y en vez de ir a casa, ve un telo y se mete. Entra con el auto y mientras pide habitación, yo sigo en mi trabajo. Nos habilitan la entrada y él estaciona el auto en la cochera de la suite, pero no bajamos aún, nos quedamos ahí hasta que lo hago explotar en mi boca.

Encantado conmigo, caliente como brasa, reclina mi asiento y me levanta la pollera, metiendo su mano en mi calzón. Se inclina hacia mí y me besa, metiendo su lengua hasta mis amígdalas, cosa que me encanta. Siento como uno de sus dedos me empieza a hacer el amor y gimo, irremediablemente. Su mano libre, se escurre debajo de mi remera y me masajea los pechos, los pellizca, los amasa y todo lo hace, sin cesar sus besos, que empiezan a bajar por mi cuello y vuelven a subir a mis labios.

En mi entrepierna hay una fiesta. Con su dedo sigue dándome placer y ahora, además de meterlo hasta el fondo, otro de ellos, me toca el clítoris, matándome de gusto. Nunca pensé que el sexo oral podía inspirar tanto a un hombre y encima, este hombre en particular, es más que agradecido y yo agradezco eso

- Que me dijeras que me amás, me puso muy de humor, linda. ¿No querés que te despida de la empresa y yo renuncie? Así nos pasamos nuestros días haciendo el amor
- No es mala idea, Sebas, pero, ¿cómo nos vamos a mantener?
- Robemos un banco…

Veo que se agarra su coso, que de nuevo está duro y sacia sus propias ansias. Como puedo, se lo agarro yo y sigo. Él asiente y vuelve a besarme. Yo muevo mi mano al mismo ritmo que Sebastián mueve la suya y los dos sentimos un gran gozo por eso. Se lo aprieto y lo escucho gemir y eso hace que su dedo deje de hacerme el amor y directamente, me coja. No hay vuelta atrás, ya soy adicta a este tipo y es mío, de nadie más.
Me propone ir al cuarto y acepto. Entramos y me acuesta en la cama, para hacerme un oral él a mí y exploto en su boca, sin más ni más.

Desde muy chica tuve mis resquemores a las palabras “TE"y "AMO”. Será que mi viejo fue tan hijo de puta con mi vieja, que me traumó. Tal vez, me marcó demasiado el recuerdo de las noches en las que escuché a mamá llorar por un hombre que no valía la pena, ¡pero al que amaba tanto! O si no, ver cómo Darío casi se muere por la depresión que le causó enterarse que su hijo no era su hijo, que la ex mujer se encamaba con otro tipo y como ese otro tipo no quiso saber nada del nene, se lo encajó a mi hermano. Cuando el padre biológico reapareció, reclamando su paternidad, la conchuda esa le cagó la vida a mi hermano y se fue con Elías al sur. Ahora son una hermosa familia feliz y Darío, estuvo tan mal, que hasta quiso suicidarse. Se que aún extraña al nene, pero no dice nada, el dolor no lo deja. Ahora anda con una chica bastante piola y se ve que lo quiere porque le aguanta todo y está pendiente de él y de nosotras. La cagada es que Darío no se anima a amar de nuevo y bueno, no le da tanta cabida. Mamá y yo pensamos que ella puede curarlo, pero hasta que él no se decida, lo único que podemos hacer, es aconsejarlo.

Y ahora, tengo a este adonis conmigo, agitado, sudado, complaciente, hermoso, tierno y salvaje, todo junto y revuelto en un mismo hombre y lo amo, me sale por cada poro el sentimiento y se me va de las manos, se sale de mi control y a mí no gusta no tener el control de las cosas, me da inseguridad. Por eso soy como soy y me muestro seca y distante, porque las cosas tienen que ser a mi modo y no al voleo.

Sebastián me desgarra esas paredes, esas corazas y ahora se desnuda y me desviste, se acomoda entre mis piernas y me embiste, como un toro embravecido, alterado por miles de capas rojas que lo provocan a tomar envión y atravesarlas. Y me atraviesa y no sólo el cuerpo, sino el alma y eso es lo que me da más miedo

- Decime de nuevo que me amás, Vero, porque no me la creo, mi amor
- Te amo, Sebastián, te amo y es más increíble para mí que para vos
- Eso es porque te resistís a sentirlo, ¿no?
- Me da miedo
- Conmigo no tenés que tener miedo, te voy a cuidar siempre, linda

Antes que yo pueda decir nada más, me gira en la cama, me pone boca abajo y entra por la otra puerta. El placer me abruma y no quiero que se detenga jamás

Un par de días después, retomo mis labores en “Prisma Enterprises” y para mi asombro, cuando llega el jefe, me planta un beso delante de todos

-¿Qué miran así? - Dice a los demás - Es mi novia y puedo darle un beso, ¿no?

Sebastián sonríe, me da otro beso y se mete a su oficina. Siento todas las miradas sobre mí y solamente atino a reírme

- ¿No escucharon o qué? Somos novios, así que dejen esas caras de boluditos y sigan trabajando…

De golpe, me da la sensación que alguien me mira con intensidad y si, aunque no entiendo por qué, Pablo me mira y sonríe. Se acerca con una carpeta, me la deja y me dice que me espera en el baño de abajo, ese que nadie usa porque tiene los caños del lavabo rotos.

martes, 5 de febrero de 2013

006 - “Sebastián”

No se qué poder tiene sobre mí, pero Sebastián sonríe y me hace sentir como perdida en un mundo demasiado agradable. Lo miro tratando de recordar por qué me caía tan mal cuando estábamos en la empresa y no me viene nada a la cabeza. Porque me caía muy mal. Siempre reconocí que estaba muy bueno, para darle matraca, pero se me hacía insoportable y ahora no encuentro una pizca de todo eso.

Después de haberlo hecho acabar con un oral, él me desnudó a puro beso y caricia y me tiene loca de ganas. No me deja hacerle nada, ni tocarlo y eso me enloquece más. Sebas lo sabe y se pone el preservativo con paciencia, aunque a mí me llena de impaciencia que sea tan guacho, pero como dije, él lo sabe y quiere provocarme. Lo está logrando.
Me levanto de la cama para poner música. Algo lento, tranquilo, que se contraponga a lo que está por suceder.

- Volvé a la cama, linda, ¿no ves cómo estoy, mi amor?
- Si, te veo perfectamente, Sebastián, estás caliente, igual que yo

Me río de su gesto. Puede que no se crea que una mujer como yo, que en es apariencia es toda corrección y modales, sea una guarra cuando se me da la gana y como me doy cuenta que él lo disfruta, lo hago más.

Estira los brazos y me agarra. Me come los pechos, me los muerde, los lame, los chupa y yo gimo. No se qué más hacer que eso, gemir. Me brota por cada poro.
Hace que me siente en su regazo y me llena de su ser, de su cuerpo, de él.

Mientras lo siento dentro de mí, pienso en que aunque yo no estoy haciendo el amor, él me lo está haciendo a mí y nunca me habían hecho el amor.
Desde la primera vez, cuando tenía 16 años y en adelante, siempre fue puro sexo o eso otro, la palabra con “C”, COJER… No, no “coger” de agarrar algo, si no, COJER, de tener sexo fuerte, salvaje, sin sentido y sin sentimientos. C-O-J-E-R.
Me doy cuenta que hay muchas cosas que estoy experimentado por primera vez con Sebastián.

Ya no puedo pensar más, ¡cómo me lo hace! Esas ganas que tiene de hacerme gozar y gozarlo conmigo. Me besa, me acaricia, me tira un poco el pelo, se apasiona y me llena de pasión a mí. Los cachetes del traste deben tener impresas sus huellas digitales, porque me las agarra como jamás me agarraron nada, nunca, nadie.

- Te amo, Vero, aunque vos no me ames. - Dice, sin dejar de darme placer y mucho
- No digas cosas que no sabés… - Le respondo, inconscientemente
- ¿Me amás?
- No se, por eso no digo nada
- Por ahora, me alcanza, linda…

No me da tiempo ni a pensar, ya me puso debajo de él, me levantó un poco las piernas y me está dando como si el mundo se acabara mañana.
Siento como su pene entra en mi cuerpo, tocando en su camino cada punto erógeno que hay por ahí adentro.
No me alcanzan los gemidos, se me agotan, a diferencia de Sebastián que parece más fresco y más vital, como si cada penetración, en vez de cansarlo, lo llenara de energía.

Estamos sudados, agitados, extasiados, pero nada nos detiene y seguimos hasta que acabamos los dos, juntos, al mismo tiempo y yo sin aire, pero complacida.
Sebas se acuesta conmigo, me acaricia y me besa.

- Yo se que no me amás, no es necesario que lo disimules. Estás enamorada de Batista, ya me di cuenta

¿Cómo lo sabe? Nadie debe saberlo todavía. ¿Todos se dieron cuenta?

- ¿Qué te hace decir eso? - Pregunto, inquieta
- Es que lo mirás como yo te miro a vos - Responde resuelto, con simpleza

Lo miro y algo en mí, se estremece. Quiero gritarle que ahora en mi cabeza y en mi cuerpo, el único que tiene lugar es él, Pablo no existe en este momento.

- Cuando estoy con vos, sólo pienso en eso, Sebastián. Lo que pueda sentir o no, por alguien más, acá y ahora, no importa, no existe.

Sonríe y yo me muero. ¿Por qué es eso? ¿Qué tiene la sonrisa de este hombre que hace que me olvide del mundo exterior?

- Eso que decís, me da esperanzas, Vero. Tal vez, mi amor por vos, sea suficiente para los dos, hasta que tu amor por mí, se sume a la ecuación.
- No pensemos tanto, lindo, en estas situaciones, tanto raciocinio, estorba…

De nuevo, la sonrisa y de nuevo, me mata…

- ¿Qué querés comer?
- A vos, Vero, tengo mucha hambre de vos

Volvemos a empezar y lo hacemos dos veces más. Después nos da mucha hambre y como es tarde y ya todo está cerrado, salimos en su auto a ver si encontramos algún restaurante o algo así. Llegamos a Puerto Madero y estacionamos. Bajamos del auto y salimos a caminar, buscando dónde comer algo. Es lunes a la noche y todo está bastante tranquilo, pero en la zona de locales gastronómicos, todo está abierto. Elegimos uno y nos sentamos afuera, disfrutando del viento fresco, ya que la noche estaba bastante calurosa.

El camarero se acerca y nos aclara que la cocina está cerrada. Sólo hay pizzas, hamburguesas y pastas, que son rápidas. Pedimos una pizza y yo le agrego el “para llevar” al pedido. El mozo asiente y dice que en quince minutos está lista.

- ¿Para llevar? ¿No querés cenar acá, Verónica?
- Prefiero cenar en casa, Sebastián. ¿Vos no?
- Por mí, excelente, la cena y el postre, bien a mano…
- Me alegro que estemos en sintonía, galán.

Levanto mi ceja y él se ríe con ganas. Me dice que soy hermosa y que le encanta mi forma de ser. Considerando que ya nos encamamos, me lo hizo por todos los lugares posibles y me dio por donde quiso, tengo que asumir que es sincero. Le digo que ahora me cae bien, pero que ese personaje que juega en la empresa, me cae como una patada en el hígado. La carcajada se escucha hasta Neuquén.

- Es la idea. Caerles medio mal.
- ¿Por?
- Hace unos años, tenía el mismo puesto, en otra empresa y me comportaba como soy. Sociable, amigable, simpático, en fin, me entendés.
- Si, claro
- ¿Sabés cuál es el problema de darle la mano a tanta gente?
- Que te agarran hasta el codo, el hombro, el omóplato y algunos, hasta se comen tu cerebro…
- Básicamente… - Se ríe otra vez - Veo que comprendés. Me hago el duro porque es mi trabajo lograr objetivos que dependen de que mis empleados, logren los suyos y si les doy confianza, dejan de esforzarse. Es simple, dos más dos, es cuatro.

Me acabo de dar cuenta que lo amo, pero si siento eso por Sebastián, ¿qué me pasa con Pablo?

viernes, 1 de febrero de 2013

005 - “Lapsus”

Caí desvanecida y no había manera de hacerme volver en si. Marcos y Valentina no se animaron a moverme, porque no sabían qué pasaba, así que llamaron a una ambulancia. La fiesta se desvaneció conmigo y según mi vieja, ninguno de los dos se me despegó hasta que ella y Darío, llegaron a verme. Que Marcos muere de amor por Valentina, no es nada nuevo, aunque ella ni se da por enterada. Es buena mina, Valen, la mejor del planeta, pero medio caída del catre. Siempre le digo eso y ella responde: “No sabes la vista panorámica que tengo desde acá” y me hace reír como loca.

Estuve inconsciente alrededor de diez horas. Según los médicos, un pico de estrés, pero yo no estaba nada estresada, al contrario, nunca me había sentido tan relajada como en brazos de Sebastián, ¿por qué motivo me iba a poner así de nerviosa? Pienso en Pablo y me doy cuenta. Renombro mi cuadro clínico: SHOCK POST VER A LA TETONA METIENDO LA LENGUA EN LA BOCA DE MI PABLO…

Después que reaccioné, el médico me dijo que me iba a quedar en observación un día más, así que mi vieja llamó el lunes a primera hora a “Prisma Enterprises” y avisó que me encontraba internada. Una hora más tarde, Sebastián entraba a mi habitación con un ramo de flores gigante y de mis preferidas. No sabía que él sabía. Mamá nos dejó a solas.

- Hace como tres meses, mientras almorzabas con tu amiga, le dijiste algo sobre las calas y ya no me olvidé que eran las que más te gustaban - Dice mientras me da un besote y se sienta a mi lado, tomándome la mano con firmeza, pero mucha dulzura - ¡Me asustaste, Vero!
- No deberías ni asustarte, ni perder tu tiempo viniendo a verme
- No digas esa boludes, linda, no hay nada más hermoso que verte
- ¡Uf! Me imagino… (Me toco el pelo) ¡Debo parecer una vieja bruja!
- Estás preciosa, nena, la enfermita más caliente y linda de todo el hospital
- ¿Estás enamorado de mí, Sebastián? - Pregunto, porque pienso que solamente eso, justifica o explica la manera en que él se comporta conmigo
- Si y mucho, perdidamente - Contesta con simpleza - Y a primera vista, linda, me encantaste desde que te vi

Me sonríe y se nota que ni espera escuchar de mi boca lo mismo o algo similar. Sabe que me gusta, pero que no lo amo. Bueno, amo como me mira, como me toca y como me hace lo que me hace, pero no lo amo. Si, también amo haberme dado cuenta que no es el tonto que parece ser en la oficina, pero no lo amo. Aunque amo sus besos, sus caricias y sus gemidos, pero a él, no lo amo. Amo a Pablo

Sebastián me mira y supongo que le sonreí, porque la mueca de su rostro le va de oreja a oreja y me da un beso de otro planeta. Tengo un aliento a muerto que tumba a cualquiera, pero a él le da igual y sigue besándome. Me encanta, me apasiona, me seduce y me puede, pero no lo amo. ¿O si?

Esa tarde, ya en mi casa y en mi cama, Valen y Marcos no paran de hablar. Preguntan y se contestan solos. Darío entra con una bandeja: mamá mandó el mate y mi hermano mayor, como todo un señor, viene a mimarme. Parece que se asustó, porque tiene un gesto de cordero degollado que no se tolera. Mis amigos se despiden y se van. Darío se sienta conmigo y me pasa el primer verde.

- ¡Qué cagazo me diste, boluda! - Dice, sin mirarme - Yo se que no te lo digo muy a menudo, pendeja, pero vos y mamá son mis únicos amores y casi me muero cuando te vi ahí, sin consciencia. Cuidate, tarada, sabés que nosotros somos un todo.
- Si me cuido, no se de dónde viene el estrés ese que tengo
- Fijate, entonces, porque no fue nada lindo
- Prometido, tonto - Respondo conciliadoramente

Tomamos dos termos completos de mate. Mi hermano es el único que sabe cebarlos igual que lo hace mi mamá. Después de eso, me quedo sola y mi cabeza se dispara.

La rubia tetona besando a Pablo, cosa inconcebible, porque ese hombre es sólo mío y ya lo decreté. Aunque él no lo sepa, Pablo Batista está destinado a ser mi amante, mi amigo, mi todo y tiene que deshacerse de esa boba para poder lograr su destino conmigo. Lo tengo que ayudar a sacársela de encima.

Cuando mi vieja me habla, ni recuerdo lo que estaba meditando.

- ¿Cómo no vas a saber, Vero? Estabas muy concentrada pensando
- No se, ma, la verdad es que se me fue de la cabeza
- Debe ser el mismo estrés, hija. ¿Vas a cenar?

¿Cenar? ¿Ya es de noche? Miro por la ventana y la luna estaba alta. Luego me fijo en el celular y eran casi las diez. Darío se fue como a las seis, ¿qué hice esas cuatro horas? No me dormí ni salí de la cama, ¿cómo puede ser que no me acuerde de lo que pensaba? Un mensaje de texto de Sebastián, me devuelve a tierra. “Quiero verte, mi amor. No soporto pasar la noche lejos tuyo. Quiero cuidarte, mimarte, hacerte el amor otra vez”

Miro a mi vieja y me doy cuenta que la sola idea de tener a mi jefe entre mis piernas, me excita en un segundo

- Ma, va a venir alguien a verme y quisiera estar a solas, ¿podés quedarte con Darío esta noche?

Mi vieja se ríe y dice que si, que ese departamento era mío y yo lo pagaba y que, además, tenía ganas de pasar más tiempo en casa de mi hermano. Que era un desastre y quería limpiar bien, acomodar y asegurarse que el nene comiera decentemente. Me da uno de sus besos y se va a llamar a su hijo por teléfono.

Darío viene a buscar a la vieja, me saluda, me deja un regalo y se van. El obsequio de mi hermano es un libro, “Mi planta de naranja - Lima”. El autor es un brasileño, Mauro de Vasconcelos. Es corto, pero parece lindo. Decido leerlo al otro día, porque Seba está por llegar y quiero ponerme presentable. Me doy una ducha, me paso la maquinita de afeitar por las piernas, por las axilas y una crema humectante que deja mi piel, además de suave, con un exquisito aroma a almendras.

Sebastián lo aprecia, porque desde que llegó no para de besarme y de sentir mi aroma. Dice que lo enloquece y lo seduce. Como el hombre atento y caballero que es, me mira y me toma la mano, besándola.

- Te voy a decir la verdad, Verónica, tengo muchas ganas de hacerte sudar, gritar, gozar y estar adentro tuyo, pero si te sentís mal, dejame decirte que pasar la noche con vos, abrazaditos, me va a fascinar.
- El otro día no me dejaste dormir
- El otro día no estabas enferma, mi amor
- ¿De verdad te quedarías toda la noche acá, conmigo, sin hacer nada?
- Claro, linda, no me tomes por un calentón, porque no es lo único que soy

Se ríe y simplemente, me hace perder la compostura. Lo agarro de la camisa y lo tiro en la cama, me subo encima y lo beso de arriba hacia abajo, desabotonando su ropa. Cuando llego a la bragueta, se le nota que está erecto y bajo la cremallera. Meto la mano y saco al amigote, para meterlo a mi boca y escuchar como Seba gime y lo goza. Saberme tan efectiva en este trabajito, me inspira y me calienta tanto, que sigo hasta que él acaba…

Era saladito, mucho más agradable de lo que me pude imaginar…

jueves, 31 de enero de 2013

004 - “Verte con otra”

Comimos una pizza que estaba deliciosa, sobre todo porque después de tanto sexo, el apetito se abre. Sebastián hace un chiste que me causa gracia y me ofrece un poco de cerveza. Está bien helada, ideal y como ya tenía comida en el estómago, la acepto encantada. Suena un celular, el de él y atiende sonriendo. ¡Siempre está de buen humor! Dice algo acerca de no volver a la oficina y que va a tener el celular apagado. Se compromete a revisar un asunto el lunes a primera hora y corta.

- Mi fin de semana empezó en el mismo momento en que me dijiste que si, linda, nada de interrupciones y menos, si son por trabajo
- Entonces, voy a apagar mi teléfono.
- Me parece muy bien, Verito, tu fin de semana, también empezó antes
- ¿Te puedo pedir un favor?
- El que quieras
- No me digas “Verito”, lo detesto

Él sólo se ríe y promete no volver a decirme de esa forma. Algo en Seba, porque quiere que le diga así, despierta lo mejor de mí. Y no me creo que pensara que era un idiota, porque nada más lejos de él. Es muy divertido, inteligente, tranquilo y un amante de antología. ¡Este me jodió el sexo! Dudo que otro hombre me haga las cosas que él me hizo y me guste tanto. Debo haber fruncido el ceño o algo, porque me mira intrigado

- ¿Qué te pasó, Vero? ¿Por qué esa cara?
- ¿Qué cara?
- Te pusiste seria de repente
- Nada importante, vos no te preocupes
- Tenés razón, linda, no me voy a preocupar, me voy a ocupar

En medio micro segundo, lo tengo sobre mí, besando y tocando todo y me sigue encantando. Es tan viril, tan sexy. Me acaricia por encima de la ropa y yo siento que me quemo. Su lengua se mete en mi boca y sigo fascinada. Esta vez, ni me lleva a la cama, me lo hace ahí, sobre la alfombra. Salvaje, rudo, voraz, IN - CRE - Í - BLE.

Todo ese viernes me las pasé encamada con él. A media mañana del sábado, me llevó a casa y me despidió con un beso que por poco hace que lo viole en el auto. Promete que volveremos a tener un encuentro de estos y muy pronto. Según dice, no se sació de mí y no cumplió con todas las fantasías que le genero. Me sonríe y se va y yo me quedo pensando en cómo un tipo como ese, puede tener fantasías conmigo.

Mi vieja me ve llegar y saca un mate de la galera. Mientras lo tomo, pienso en lo grande que es mamá. Ya  tiene 49 y se le ve cansada, pero, por suerte, pudimos sacarle la jubilación anticipada y ahora en vez de trabajar por un sueldo, hace lo que le gusta: porcelanas frías que pinta y vende. No gana mucho en plata, pero está feliz y ya era hora que lo fuera. Además, aunque no vive con nosotras, mi hermano, Darío, siempre le trae lo que hace falta y guita y yo, no le dejo que pague ni una cuenta. A ella le toca disfrutar y vivir lo más holgadamente posible.

Como si supiera lo que pienso, me da un beso en la frente y me ofrece hacer unas tortafritas. Yo acepto y me dice que mientras me doy un baño, ella las cocina. Mamá no pregunta nada, sabe que el algún momento, le voy a soltar la lengua, pero esta si que no se la espera, se va a caer de culo cuando lo sepa.

Sorpresivamente, para el mediodía, Darío llega con la comida y muy contento. Él dice que le salió bien un trabajo y que quiere festejar, pero yo se que lo que quiere decir es que el afano fue un éxito y no lo agarró la policía. ¡Bien por él! Y, la verdad, que el pollo con papas fritas, estaba bárbaro.

Me voy a dormir un poco. Sebastián no me dejó descansar por más de media hora y me siento exhausta, pero muy bien atendida.

Suena mi teléfono y lo agarro, muy adormilada. Un mensaje de texto de Valentina, mi mejor amiga. Hoy hay fiesta en casa de Marcos y, al parecer, tenemos que ir si o si. Le respondo que si y que no joda porque estoy durmiendo. Amo a Valen, es la mejor mina del planeta, pero ella y sus fiestas, a veces, me sacan de quicio. No trabaja, sus padres le bancan la carrera y el departamento, mientras ella termina la universidad y como ahora está en un receso, el tiempo le importa tres carajos y se olvida que los demás, no tenemos su suerte. Me escribe de nuevo: “Perdoná, carajita, cuando te levantés, avisame y te llamo. Me tenés que decir qué hiciste ayer, desgraciada, que tuviste el celular apagado todo el día”.
Pienso en las doce llamadas perdidas de ella que tenía en el teléfono cuando lo prendí y me río. ¡Qué aparata es!
Me acomodo para volver a dormirme y mi cabeza viaja hasta Sebastián y las horas geniales que pasé con él. YA QUIERO QUE SE REPITA

La casa donde se hacía la fiesta era muy grande, como la de las revistas que muestran la vida de la gente rica y poderosa. Valen habla con todo el que se parece en nuestro camino. Marcos se acerca a nosotras con dos porrones de cerveza bien fría. Saluda con toda su cordialidad y nos da la bebida. Hablamos un rato del calor que hace y de cómo se dio la fiesta y nos lleva al centro de todo.

Debe haber como 300 personas, por lo menos y entre toda esa gente, y aunque mis ojos no lo quieran creer, veo a Pablo.

No se murió, no se enfermó y no parece haber sido abducido por extraterrestres, como conjeturé antes de irme con Sebastián.
Pienso en mi jefe y me doy cuenta que desde la pizza y hasta este preciso momento, no había vuelto a pensar en Pablo, pero él está ahí y ni se da cuenta que yo estoy también.

Una rubia de tetas grandes y culito firme se le acerca y lo besa en la mejilla.
Mi hígado explota irremediablemente y se me pasan por la cabeza las mil y una maneras de torturarla.
Decido que la mejor forma es dejarla encerrada con el cerdo de la calle Darragueira. Meterla en un cuarto, atarla y dejar que el gordo choto ese, le haga todas las mierdas que me grita a mí. Igual, al final, desisto de esa idea, porque eso sería algo que el cerdo podría disfrutar y no tengo ganas de facilitarle placer.

La rubia no sabe que estoy planeando que sufra horriblemente y quizás sea su ignorancia ante esto, pero como provocándome, le da un beso a Pablo y él la besa también, la abraza. ¡¡No!! Esa boca tiene que ser sólo mía

Sus ojos me encuentran de golpe y Batista se pone colorado. Se me acerca con la rubia tetona y me saluda. Pongo mi mejor sonrisa y con toda la amabilidad que puedo simular tener en ese momento, respondo al saludo.

Pablo me dice que la falta de ayer está justificada y hago ademanes que le demuestren que no tiene importancia.

¡Claro! Faltaste al trabajo para cojerte a esta vedette de cuarta. Pues dudo que te la hayas pasado mejor que yo con Sebastián, porque ese si que sabe cómo dar placer y no creo que vos puedas ser tan complaciente en la cama.

Valentina me toca el brazo, saluda y me lleva a otro lugar. Salimos al jardín de la casa y el aire fresco me sienta bien. Sin embargo, algo en mí está distinto, cambiado. Giro la cabeza y veo a la rubia. Si fuera Hulk, en este preciso instante, esa mujercita estaría siendo desgarrada por mis verdes y furiosas manos. Me siento muy enojada, molesta, Pablo es para mí y para nadie más, eso ya lo tenía decidido.

Mi vieja me mira y se le nota que había estado llorando. Me besa la frente con adoración.

- ¿Cómo te sentís, hija?

Miro alrededor y estoy en un hospital

- Te desmayaste ayer en la fiesta, Verónica…

003 - “Estreno”


Y como si el mundo dependiera de eso, aunque, en ese momento, para nosotros EL MUNDO era eso, Sebastián me penetró con todas sus ganas contendidas. Al principio, se quedó bastante quieto y cuando yo empezaba a pensar que era el tipo más soso del mundo para el sexo, me di cuenta que su quietud se debía a que pretendía sacarme la ropa del todo y sacársela él. Debería no pensar tanto en las cosas. Me refiero a no hacerlo segundo a segundo, sino a ver la foto entera y recién sacar conclusiones. NOTA MENTAL: Verónica, dejate de analizar todo y viví un poco más…

Lo ayudo, por supuesto. Tengo su coso dentro de mi cosa y quiero guerra, pero desvestidos es mucho mejor. Sebastián me mira y no deja de sonreír. Es mucho más lindo de lo que había notado. Sus ojos verdes se transparentan y su boca tiene, justo en la comisura, un pequeño lunarcito que es muy sexy. ¡¡QUÉ GANAS DE BESARLO HASTA QUE SE LE BORRE!! Cuando me saca el corpiño, me acaricia de un modo que me pone la piel de gallina… ¿Por qué Pablo no habrá llegado a tiempo al trabajo? ¿Pidió cambio de horario y no me acuerdo? ¡¡¡VERÓNICA, CONCENTRATE!!! Tenés un adonis desnudándote y besándote hasta la sombra, ¡no pensés en nada, ni en nadie más! El lunar de Sebastián, si, ¡cómo se lo arrancaría a besos!
Llevo mis manos hasta el cinturón y lo aflojo. Desabrocho el pantalón e inevitablemente, Seba tiene que salir de adentro mío, pero no lo tomo como algo malo, al contrario, ya que lo tengo tan a mano, le doy una buena probada…

- ¡¡Nena, no parés!! - Dice y me agarra la cabeza

Lo miro desde abajo y darme cuenta de lo mucho que goza el sexo oral, me excita más todavía. ¿Me acaricia? ¡No me la creo! Los tipos, generalmente, cuando se la estás mamando, te agarran la cabeza y quieren que te llegue hasta las cuerdas vocales, más o menos, pero Sebastián me sonríe y me acaricia el pelo, los hombros… Si. Mueve su pelvis, pero deja que maneje todo yo. Le aprieto el culito y ¡Dios! Lo tiene perfecto y puedo notar que lo calienta más de lo que está, porque su coso se pone más duro todavía.

- Vení, mi amor, quiero estar en vos… - Suelta dulcemente y me ayuda a levantarme

Este tipo no es de esta tierra. Me acuesta y me da una sesión de sexo oral él a mí y, ¡Cristo resucitado! ¡Lo hace muy bien! Su lengua y sus labios se mueven como si estuvieran en mi boca, pero están en mi cosa… ¿¿Por qué me cuesta tanto decir PENE o VAGINA?? Toda la vida fui así y se muy bien lo que son y si que me gusta juntarlos, pero ni pensando me sale llamarlos por su nombre… ¡¡Voy a acabar!! Sebastián me está llevando a un orgasmo con su lengua. Es la primera vez que alguien hace eso por MMMMMMMIIII… ¡¡Llegué!! Esto excede todo lo que pude haber vivido. Mi primer clímax por sexo oral…

Lo miro y le sonrío tan satisfecha. Es inverosímil que este tipo sea el mismo que hasta hace unas dos horas, me parecía un pelele acomodado en un puesto de jerarquía… Se acuesta encima de mí y me freanelea mucho. Se lo siento duro y quiero que me lo haga ya, no aguanto más y eso que acabo de tener un mega orgasmo.

- ¿Estás bien así o preferís otra postura? - Pregunta, complaciente
- Estoy perfecta y mejor que eso - Contesto y lo encierro entre mis piernas

Me penetra y los gemidos de los dos, suenan a película porno, pero acá, yo no estoy fingiendo nada y viendo cómo Sebastián se muerde los labios y me besa, entiendo que para él, también es muy real. Me agarra la cintura y después me mete las manos por debajo del traste, trabando mi cadera hacia la suya y empieza a entrar y salir velozmente. ¡¡Nunca pensé que algo tan rápido, podía ser tan placentero, Dios!! Me da sin tregua y yo sólo puedo gemir. Tiene mucha resistencia porque no aminora el ritmo para nada y… No, no puede ser, llego a otro orgasmo y él se da cuenta y me la mete lo más profundo que puede, besándome, acompañándome, conteniéndome y ayudando a que el momento tan espectacular, dure lo más que se pueda. Necesito que Sebastián acabe conmigo, quiero y deseo escucharlo gozando, satisfecho. Este pensamiento, me calienta más todavía. NOTA MENTAL: Es la primera vez que me importa el orgasmo ajeno y es la primera vez también, que estoy con un tipo a quien, EVIDENTEMENTE, le importa que yo tenga mis clímax.

El amante retoma su labor, pero ahora quiero jugar más activamente así que lo hago girar y me le subo encima. Lo beso de arriba a abajo y cuando llego a su… ¡Pene! Si, se llama pene y me encanta, ¿por qué me hago la boluda? Como decía, llego a su PENE y se me ocurre una idea.

- ¿Tenés más preservativos?
- Si, en el cajón de mi mesa de luz - Responde, sorprendido - ¿Por?
- ¡Ya vas a ver! - Le digo y busco unos cuantos condones más

Le saco el que tiene puesto y ahora si, le doy una buena dosis de placer con mi boca. Se lo beso completo, incluyendo los amigos colgantes y él, se retuerce de puro gozo. ¡¡Me encanta!! Abro un paquetito, saco otro *forro y se lo pongo con la boca. Después me siento encima y ¡A GALOPAR!

Mi jefe/amante, me agarra el culo y me ayuda a moverme. Para el momento en que acabamos, ya me tiene abrazada y me está lamiendo el torso y los pechos. Jadeantes, alcanzamos la cima al mismo tiempo y esa es otra novedad para mí.

- Me volviste loco, Vero - Comenta sin dejar de lamerme
- Ya somos dos, “jefe” - Respondo casi riendo
- Sabía que la iba a pasar muy bien con vos, pero esto supera mis expectativas y por mucho
- Yo ni sabía que la iba a pasar con vos, Sebastián, así que no hay pérdidas acá

Larga una carcajada contagiosa y nos reímos un rato. Después me acuesta con él y me abraza, en cucharita

- ¿Tenés hambre o sed? Pedime lo que quieras
- Un poco de sed
- Tengo gaseosas, jugo, agua, alcohol. Vos mandás
- Un poco de agua fresca. Alcohol no, porque no comí nada todavía
- Es verdad, el alcohol queda para más tarde, nena, te busco agua

Me muevo levemente y siento su pene en mis nalgas, cosa que me provoca y no quiero que se levante de la cama, quiero que me vuelva a tener para él. A propósito, le pongo el traste contra su pelvis y le gusta el gesto porque su coso se empieza a despertar

- Vero, no me hagas eso, por favor
- ¿Por qué no?
- Porque tengo muchas ganas de darte por atrás y no se si vos querés

A modo de respuesta, vuelvo a hacer lo mismo y ahora si, el coso se levanta y se pone duro.
Sebastián, siempre teniéndome en cucharita, me agarra los pechos otra vez y los estruja, logrando que de mi boca, salga un estrepitoso gemido. Acto seguido, veo un preservativo y se lo doy. Él busca algo, que después me doy cuenta que es un gel especial y mientras se pone el forro, me toca la vagina hasta que se da cuenta que ya me humedecí por completo. Con su dedo, me da placer por delante y suavemente, su pene va entrado por detrás…

Nunca sentí tanto placer en mi vida. Con Sebastián, el sexo es otra cosa a la que yo creía o practicaba. Lo siento dentro de mí y me toca por todos lados, busca darme satisfacciones y dárselas a él, pero al mismo tiempo y eso me es desconocido. Antes de acabar, se cambia de preservativo y me gira, penetrando por delante

- Me gusta mirar a los ojos en el momento del clímax, linda y más si los ojos que voy a ver son los tuyos

Sonríe y me besa mucho, apasionado, fogoso. Le sonrío, porque es imposible no sonreírle a un hombre que te trata así y entiendo que ya perdí la cuenta de la cantidad de orgasmos que tuve en este rato.

Sebastián Mendoza me tiene fascinada.

*********************REFERENCIAS************************

En Argentina:

*Forro: Es también utilizado como sinónimo de preservativo.