miércoles, 30 de enero de 2013

002 - “Salvador”

Es rara esta sensación. Sebastián me encanta, siempre me pareció atractivo. Idiota y atractivo, pero me toca de una manera que nadie antes me tocó. Me besa con unas ansias que desconocía y me gusta demasiado su boca en la mía. Se apoya sobre mí y le siento el miembro erguido. Estiro la mano y se lo agarro, para calmarle un poco las ganas, como su mano lo hace en mí. Su corazón late con mucha fuerza y, ahora que lo noto, el mío está igual de acelerado. Siempre supe que Sebastián me calentaba, pero no imaginé que a este punto. Realmente quiero que me arranque la ropa y me posea como un animal, pero comprendo que en este lugar, sería algo reprimido

- Mejor vamos a un telo, no quiero que nos guardemos nada -  Digo vehementemente
- Tenés razón, bombón, no quiero guardarme, ni que te guardes nada…

Se incorpora y me ayuda a hacer lo mismo y mientras me acomodo la ropa, me doy cuenta que mi mano no me dijo la verdad. Cuando le agarré el coso, supe que tenía un tamaño respetable, pero eso que mis ojos ven, es mucho más aún…
Lo miro y tengo tantas ganas de poseerlo

- Salí vos primero y esperame en el estacionamiento del supermercado, en diez minutos estoy ahí. Decí que te mandé a hacer una presentación o algo de eso y que no sabes si volvés
- ¿Tanto así?
- Una vez que me das la oportunidad, no te voy a dar tregua, Verónica, y no sabés las cosas que tengo ganas de hacerte
- (Sonrío con cierta maldad y lujuria) Ya quiero saber…
- ¿Querés saber?

Sin dejarme responder, me pone de bruces sobre el escritorio y se apoya en mí de nuevo, haciéndome sentir deliberadamente la dureza de su miembro

- Esto va a estar divertido, jefe… - Desafío

Mendoza me ayuda a arreglarme el pelo y la ropa. Me mira, me besa como un sacado y me deja ir. Bajo hasta mi cubículo y como si nada hubiese pasado o fuera a pasar, le digo a mi asistente que tengo que salir de urgencia a dar una conferencia y que probablemente, ya no regrese. Lautaro asiente, ignorante de lo que sucedía.
Doy una última mirada y él no estaba todavía. Veo pasar a Sebastián y alejo a Pablo de mi cabeza, ¡tengo que revolcarme y sudar con ese rubio de mi jefe, definitivamente!

Salgo rápido, dando pasos cortos. Llego a la calle y el calor no se aguanta. Camino en dirección al supermercado y sonrío descaradamente, gozando lo que va a pasar, desde antes que suceda. El miembro de mi jefe vuelve a mi cabeza y lo quiero con desesperación. Apuro el paso y las dos cuadras que me separan del estacionamiento, se me hacen eternas. La humedad entre mis piernas no me deja pensar claramente. De repente, a unos cincuenta metros de mi destino, la lujuria desaparece de mi cuerpo por completo y de cuajo: el gordo sorete se me aparece de frente y me mira las tetas sin ningún reparo

- ¡Qué buena estás, mamasa! - Dice sonriendo como si fuera el hombre más deseado de la tierra
- ¡Qué asco me das! - Espeto, con todo mi desprecio a flor de piel - No te toco ni con un palo, cerdo…
- ¡Las cosas que le haría a esa boquita! - Contesta, sonriendo aún
- Esta boquita está a muy lejos de tu rango… Sos un mugriento, grasoso y desagradable gordo pajero y te voy a agradecer que no vuelvas a joder - Respondo y sigo mi camino

Una mano me agarra fuerte y cuando lo enfrento, el gordo me mira con un gesto de cagarme a palos, pero no me amedrenta

- ¿Qué pasa, sucio? ¿Me vas a pegar?

El sudado y cochino gordo, levanta su mano y cuando está por abofetearme, una senda trompada en la cara, lo hacer retroceder.
Viró mi cabeza y los ojos verdes de Sebastián, echaban chispas de rabia

- Ni se te ocurra, pedazo de mierda…

Mi “héroe” me mira con ternura.

- ¿Te hizo algo?
- No. Es un pelotudo que se cree Brad Pitt, nada más…

Nos damos vuelta y seguimos caminando. El coche de Mendoza estaba a unos cuantos pasos. Subimos y él arranca. Nos mantenemos en silencio durante varios minutos y cuando estábamos bastante alejados de los alrededores de la empresa, por fin habla.

- Si no querés hacerlo, lo entiendo. Fue feo lo que pasó… - Sonríe sinceramente y me besa la mano
- ¿No querer? Justamente después de lo que pasó, es que más ganas tengo – Digo, devolviendo la sonrisa - Ahora, además de mi jefe, sos mi salvador y si ya me gustabas, ahora me encantás

Sebastián ríe complacido y me promete llevarme a un lugar del que no me voy a olvidar en la vida. En el trayecto, hablamos de cosas triviales, superficiales y hasta banas, pero eso nos hace reír y el ambiente mejora más a cada segundo. Empiezo a creer que mi jefe no es ningún idiota y que sólo “se viste para el puesto que ocupa”. Como gerente de Prisma, tiene que adoptar un rol, pero afuera, es evidente que sale a la luz el hombre encantador que realmente es…
Media hora más tarde, llegamos a un lujoso departamento. Era gigante y tenía todo lo que cualquiera pudiera desear. Desde una televisión como de dos metros cuadrados, hasta los muebles más exquisitos que pudiera comprar el dinero y el buen gusto

- Esto es del dueño de Prisma -  Se excusa – Me deja quedarme. Ya sabés que él sólo viene dos o tres semanas al año y es un lugar genial, no pago alquiler, tiene de todo…

Sebastián sonríe y quiero tirarme encima suyo, besarlo, excitarlo, tocarlo, pero necesito saber qué tiene planeado, ¿por qué me trajo acá? ¿Por qué intervino cuando el gordo iba a pegarme? ¿Desde cuándo me desea? En la oficina, él habló de llevar meses queriendo conmigo y justamente, hacía sólo unos cuantos meses que él había llegado a trabajar con nosotros. ¿Será que le gusté desde el primer día? Y pensar que yo creía que andaba con la trola de contaduría. Tal vez si salga con ella y la traiga acá. Ese pensamiento me molestó demasiado y debe haber sido una molestia muy notoria, porque mi salvador me tomó de las manos y me preguntó si algo me sucedía y la verdad que la sola noción de creer que él traía a todas las locas con las que se acostaba, a este mismo lugar, me revolvía el estómago de la bronca. Disimulé mi malestar con lo del gordo putrefacto y Sebastián me acercó a su cuerpo de nuevo, me pasó los brazos por la espalda y me besó. Pero esta vez no había urgencia, aunque las ansias seguían intactas. El movimiento de su lengua en mi boca era exacto, perfecto, delicioso y me provocada comerle la boca a él, así que comencé a dejarme llevar. Los besos duraron varios minutos y, de la nada, el señor separó su erguido pene de mi pelvis y preguntó con toda jovialidad

- ¿Querés comer o tomar algo?

Antes de enojarme, pensé lo más fríamente que fui capaz y supuse que él quería que yo también lo buscara

- Si, quiero comerte a vos y entero, Sebastián, de pies a cabeza…

Se ve que pensé bien, porque apenas esas palabras salieron de mi boca, ya tenía esa lengua inquieta de nuevo, paseando por mi paladar…

Le saqué el saco y él me metió las manos por debajo de la pollera, bajándome la tanga. Me abrió la blusa y me saboreó los pechos como si fuera un experto. Rodeaba el pezón con la lengua y luego, succionaba con firmeza y fuerza y yo sentía que las piernas ya no dependían de mi sistema nervioso. Como si lo hubiera notado, me alzó y yo lo atrapé con mis extremidades. Caminó un poco y llegamos a un cuarto con la cama más grande que he visto en toda mi vida y el colchón más cómodo del planeta. Apenas me acostó, sacó un preservativo de su bolsillo, se lo puso y me tocó y besó hasta mis gemidos evidenciaron que mis profundidades, estaban listas para recibirlo

8 comentarios:

  1. WWWWOOOOOWWWWWW!!! QUIERO MAAAAAAAASSS!!!! Dos por dia jajajajjajaja...Ahora encerio, no puedo esperar a mañanaaaaa!!

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  2. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAAJAAJA WOWWWWW WOWWWW WWWWWWWOOOOOOOWOWWWWWWWWW EXCELENTISIMOOOOOOOO ME ENCANTOOOOOO JAJAJAA PA CUANDO CAP 3 ?? JEJE ESTA INTERESANTISIMO AMIX TE FELICITOOO ESPERO EL 3 CON ANSIAS ...:D

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