- Mejor vamos a un telo, no quiero que nos guardemos nada - Digo vehementemente
- Tenés razón, bombón, no quiero guardarme, ni que te
guardes nada…
Se incorpora y me ayuda a hacer lo mismo y mientras me
acomodo la ropa, me doy cuenta que mi mano no me dijo la verdad. Cuando le
agarré el coso, supe que tenía un tamaño respetable, pero eso que mis ojos ven,
es mucho más aún…
Lo miro y tengo tantas ganas de poseerlo
- Salí vos primero y esperame en el estacionamiento
del supermercado, en diez minutos estoy ahí. Decí que te mandé a hacer una
presentación o algo de eso y que no sabes si volvés
- ¿Tanto así?
- Una vez que me das la oportunidad, no te voy a dar
tregua, Verónica, y no sabés las cosas que tengo ganas de hacerte
- (Sonrío con cierta maldad y lujuria) Ya quiero
saber…
- ¿Querés saber?
Sin dejarme responder, me pone de bruces sobre el
escritorio y se apoya en mí de nuevo, haciéndome sentir deliberadamente la
dureza de su miembro
- Esto va a estar divertido, jefe… - Desafío
Mendoza me ayuda a arreglarme el pelo y la ropa. Me
mira, me besa como un sacado y me deja ir. Bajo hasta mi cubículo y como si
nada hubiese pasado o fuera a pasar, le digo a mi asistente que tengo que salir
de urgencia a dar una conferencia y que probablemente, ya no regrese. Lautaro
asiente, ignorante de lo que sucedía.
Doy una última mirada y él no estaba todavía. Veo
pasar a Sebastián y alejo a Pablo de mi cabeza, ¡tengo que revolcarme y sudar
con ese rubio de mi jefe, definitivamente!
Salgo rápido, dando pasos cortos. Llego a la calle y
el calor no se aguanta. Camino en dirección al supermercado y sonrío
descaradamente, gozando lo que va a pasar, desde antes que suceda. El miembro
de mi jefe vuelve a mi cabeza y lo quiero con desesperación. Apuro el paso y
las dos cuadras que me separan del estacionamiento, se me hacen eternas. La
humedad entre mis piernas no me deja pensar claramente. De repente, a unos
cincuenta metros de mi destino, la lujuria desaparece de mi cuerpo por completo
y de cuajo: el gordo sorete se me aparece de frente y me mira las tetas sin
ningún reparo
- ¡Qué buena estás, mamasa! - Dice sonriendo como si fuera
el hombre más deseado de la tierra
- ¡Qué asco me das! - Espeto, con todo mi desprecio a
flor de piel - No te toco ni con un palo, cerdo…
- ¡Las cosas que le haría a esa boquita! - Contesta,
sonriendo aún
- Esta boquita está a muy lejos de tu rango… Sos un
mugriento, grasoso y desagradable gordo pajero y te voy a agradecer que no
vuelvas a joder - Respondo y sigo mi camino
Una mano me agarra fuerte y cuando lo enfrento, el
gordo me mira con un gesto de cagarme a palos, pero no me amedrenta
- ¿Qué pasa, sucio? ¿Me vas a pegar?
El sudado y cochino gordo, levanta su mano y cuando
está por abofetearme, una senda trompada en la cara, lo hacer retroceder.
Viró mi cabeza y los ojos verdes de Sebastián, echaban
chispas de rabia
- Ni se te ocurra, pedazo de mierda…
Mi “héroe” me mira con ternura.
- ¿Te hizo algo?
- No. Es un pelotudo que se cree Brad Pitt, nada más…
Nos damos vuelta y seguimos caminando. El coche de
Mendoza estaba a unos cuantos pasos. Subimos y él arranca. Nos mantenemos en
silencio durante varios minutos y cuando estábamos bastante alejados de los
alrededores de la empresa, por fin habla.
- Si no querés hacerlo, lo entiendo. Fue feo lo que
pasó… - Sonríe sinceramente y me besa la mano
- ¿No querer? Justamente después de lo que pasó, es
que más ganas tengo – Digo, devolviendo la sonrisa - Ahora, además de mi jefe,
sos mi salvador y si ya me gustabas, ahora me encantás
Sebastián ríe complacido y me promete llevarme a un
lugar del que no me voy a olvidar en la vida. En el trayecto, hablamos de cosas
triviales, superficiales y hasta banas, pero eso nos hace reír y el ambiente
mejora más a cada segundo. Empiezo a creer que mi jefe no es ningún idiota y
que sólo “se viste para el puesto que ocupa”. Como gerente de Prisma, tiene que
adoptar un rol, pero afuera, es evidente que sale a la luz el hombre encantador
que realmente es…
Media hora más tarde, llegamos a un lujoso
departamento. Era gigante y tenía todo lo que cualquiera pudiera desear. Desde
una televisión como de dos metros cuadrados, hasta los muebles más exquisitos
que pudiera comprar el dinero y el buen gusto
- Esto es del dueño de Prisma - Se excusa – Me deja quedarme. Ya sabés
que él sólo viene dos o tres semanas al año y es un lugar genial, no pago
alquiler, tiene de todo…
Sebastián sonríe y quiero tirarme encima suyo,
besarlo, excitarlo, tocarlo, pero necesito saber qué tiene planeado, ¿por qué
me trajo acá? ¿Por qué intervino cuando el gordo iba a pegarme? ¿Desde cuándo
me desea? En la oficina, él habló de llevar meses queriendo conmigo y
justamente, hacía sólo unos cuantos meses que él había llegado a trabajar con
nosotros. ¿Será que le gusté desde el primer día? Y pensar que yo creía que
andaba con la trola de contaduría. Tal vez si salga con ella y la traiga acá. Ese
pensamiento me molestó demasiado y debe haber sido una molestia muy notoria,
porque mi salvador me tomó de las manos y me preguntó si algo me sucedía y la
verdad que la sola noción de creer que él traía a todas las locas con las que
se acostaba, a este mismo lugar, me revolvía el estómago de la bronca. Disimulé
mi malestar con lo del gordo putrefacto y Sebastián me acercó a su cuerpo de
nuevo, me pasó los brazos por la espalda y me besó. Pero esta vez no había
urgencia, aunque las ansias seguían intactas. El movimiento de su lengua en mi
boca era exacto, perfecto, delicioso y me provocada comerle la boca a él, así que
comencé a dejarme llevar. Los besos duraron varios minutos y, de la nada, el
señor separó su erguido pene de mi pelvis y preguntó con toda jovialidad
- ¿Querés comer o tomar algo?
Antes de enojarme, pensé lo más fríamente que fui
capaz y supuse que él quería que yo también lo buscara
- Si, quiero comerte a vos y entero, Sebastián, de pies
a cabeza…
Se ve que pensé bien, porque apenas esas palabras
salieron de mi boca, ya tenía esa lengua inquieta de nuevo, paseando por mi
paladar…
Le saqué el saco y él me metió las manos por debajo de
la pollera, bajándome la tanga. Me abrió la blusa y me saboreó los pechos como
si fuera un experto. Rodeaba el pezón con la lengua y luego, succionaba con
firmeza y fuerza y yo sentía que las piernas ya no dependían de mi sistema
nervioso. Como si lo hubiera notado, me alzó y yo lo atrapé con mis
extremidades. Caminó un poco y llegamos a un cuarto con la cama más grande que
he visto en toda mi vida y el colchón más cómodo del planeta. Apenas me acostó,
sacó un preservativo de su bolsillo, se lo puso y me tocó y besó hasta mis
gemidos evidenciaron que mis profundidades, estaban listas para recibirlo
WWWWOOOOOWWWWWW!!! QUIERO MAAAAAAAASSS!!!! Dos por dia jajajajjajaja...Ahora encerio, no puedo esperar a mañanaaaaa!!
ResponderEliminarNo prometo nada, Marida! Haré mi mejor esfuerzo!
EliminarJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAAJAAJA WOWWWWW WOWWWW WWWWWWWOOOOOOOWOWWWWWWWWW EXCELENTISIMOOOOOOOO ME ENCANTOOOOOO JAJAJAA PA CUANDO CAP 3 ?? JEJE ESTA INTERESANTISIMO AMIX TE FELICITOOO ESPERO EL 3 CON ANSIAS ...:D
ResponderEliminarMañna o pasado el cap 3, Rebe! Gracias!!
EliminarWOOOOW! EXELENTE CAPITULO!!!
ResponderEliminarGracias, Fernanda!
EliminarWoooooow esto se pone bueno :)
ResponderEliminarEspero que siga así, jajajajjaja
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