jueves, 7 de marzo de 2013

019 - Liberada


Pablo me saca el jean, la bombacha y se desabrocha el cinturón. Está muy erecto, se nota que tiene el pene durísimo y mientras se acomoda para penetrarme, manoteo el cuchillo y se lo clavo en la parte baja de la espalda…

Él cae a un costado, quejándose, insultándome. Yo me paro, me pongo el jean y quiero salir corriendo. Él me agarra un pie, pero logro soltarme. Salgo del cuarto como puedo y ahí lo dejo, escuchando cómo grita…

Apenas salgo del sucucho ese, me encuentro con un pasillo y lo sigo. Paso por una cocina y veo la puerta. Abro y me doy cuenta que es un pueblito y hay dos tipos que me miran. No se si es por paranoia, pero me da la sensación que son cómplices de Pablo, así que giro y corro para el otro lado. Ahí veo que hay un auto y parece estar estacionado en esa casita donde estaba cautiva. Me acerco y ¡bingo! Las llaves están puestas, así que me importa tres carajos de quién sea, me subo, le doy marcha y me voy al carajo.

Después de manejar como loca por espacio de quince minutos, entiendo que no se dónde estoy. ¿Será Mendoza todavía? ¿Estaré en otra provincia? Piso más el acelerador y sigo la ruta. Como media hora más tarde, aún no aparece nada. El camino es todo descampado, ni un alma cerca.

Mi primer golpe de suerte en muchos días, es que por exceso de velocidad, me detiene la policía de la ruta. Paro el auto, los *canas se acercan y cuando me ven, se espantan.

- ¡Señora! ¿Está bien? ¿Qué le pasó? - Pregunta uno, mientras me ayuda a bajar…
- Me tenían secuestrada, oficial, por favor, ayúdeme
- ¡Por supuesto! Venga, la llevamos en la patrulla - Dice el otro, alzándome y llevándome al móvil - ¿Cómo se llama?
- Verónica…
- ¿Es la porteña?
- ¿Qué?
- Hace una semana desapareció una chica de Buenos Aires que andaba en la capital de la provincia. ¿Es usted?
- Supongo que si…
- Quédese tranquila, ya está a salvo, sea a o no sea esa mujer, ahora está en buenas manos…

Un policía sube a la patrulla conmigo y el otro, se va al auto que manejaba yo. Salimos a toda velocidad y mientras el oficial habla por radio, yo me desvanezco…

Cuando abro los ojos, siento que alguien me tiene agarrada de la mano. Es mamá. Y cuando ella ve que me despierto, suelta las lágrimas y me llena de besos.

- Hijita, mi amor, estás acá, Vero, no te preocupes más…

Doy una mirada general y veo a dos hombrotes de pie, llorando como un par de mocosos. Darío y Sebastián me miran, con adoración y dolor. Mi hermano camina y se para al lado mío

- Pendeja, ¡gracias a Dios que estás bien!

Me besa la frente y me agarra de la otra mano. Mi flaco no dice nada, solamente me mira y llora más a cada momento. Mamá se da cuenta que necesitamos estar un momento a solas y se lleva a Darío. Al vernos sin compañía, mi flaco agarra una silla y la pone junto a la cama. Me toma la mano y la besa. No puede dejar de llorar y creo que tiene miedo de saber qué me pasó.

- Quiso, pero no lo dejé…
- ¿Qué?
- Eso que estás pensando, mi amor, Pablo quiso, pero no le dejé hacerlo
- ¿Fue él?

Los ojos se le enrojecen de la rabia y puedo leerle la mente

- Mi amor, prometeme que no vas a hacer nada. Dejá que la justicia haga lo que tiene que hacer.
- Mirá cómo te dejó la cara, amor…
- ¡Deberías ver cómo le dejé la espalda!

Ahí me doy cuenta que pude haberlo matado, pero no puedo pensar en eso por más de un par de segundos, porque los besos de Sebastián me llenan los labios, la sangre y la cabeza.

- Tuve pánico de perderte, Vero
- Pero acá estoy, precioso
- Dicen los médicos que son puros golpes, un poco de deshidratación y nada más. En unos días, vas a estar como nueva.
- Con tus mimos, seguro que si
- ¿Qué fue lo que pasó?

Le cuento más o menos lo que me acuerdo, pero me guardo ciertos detalles que se que lo van a poner muy mal. Siento un tremendo sueño, de repente, no puedo tener mis ojos abiertos. Lo escucho diciéndome que descanse, que ya estoy a salvo y que nunca más me deja sola. Siento sus labios en mi frente, en mis mejillas y en mi boca y me quedo dormida.

Despierto un par de horas más tarde y el médico me revisa. Nos asegura que en un día, si todo sigue así, me voy a poder ir a casa, pero un poco después, la policía me niega la posibilidad. Yo les había explicado cómo llegar a donde me tenían guardada, pero cuando llegaron, Pablo ya no estaba. Encontraron sangre, el colchón y todo lo que yo les pude decir que había, pero del hijo de puta ese, ni noticias. Para colmo, la gente del pueblito, asegura no saber nada, ni tener idea de lo que allí sucedía. Por esto, el comisario de la zona, me solicita que me quede en Mendoza unos días más, para poder investigar más a fondo.

Como mi permanencia en la provincia era a causa del secuestro, fue el mismo gobierno mendocino quien me ofreció la estadía en un hotel para mí, Sebastián, mi vieja y mi hermano.

Apenas llego, me suena el teléfono y escucho los gritos desaforados de Valentina. Ella promete estar en unas cuantas horas conmigo y traer a Marcos. Después, quien me llama es Lucrecia y me cuenta que la combi en la que íbamos, fue abandonada a mitad de camino. Cuando empezaron a reaccionar y se dieron cuenta que yo no estaba con ellos, de inmediato sospecharon de Pablo y comenzó la búsqueda. También me cuenta que los dueños de “Prisma Enterprises” serán los que se hagan cargo de todos los gastos, indemnizaciones y cualquier cosa que ataña a lo sucedido. Aún no es oficial, pero ella me asegura que si. Y yo se que es cierto. No sólo porque es lo que corresponde legalmente, ya que esto pasó mientras trabajaba, sino porque uno de los dueños, es muy amigo de mi flaco y supe por la misma Lucre, que apenas se enteró, el hombre vino a Mendoza y se quedó junto a Sebastián durante todos esos días. Yo no lo vi todavía, pero que la amistad entre él y Sebas es real, es certero, mi flaco siempre me habla de eso…

Le pido a la policía que me deje descansar y ellos acceden. Mañana a primera hora, salimos para el lugar de mi cautiverio, pero lo que queda de este día, lo quiero pasar en la cama, abrazada a mi flaco…

- Me di cuenta que te amo más de lo que pensaba, Sebastián.
- Y yo me di cuenta que si te llega a pasar algo, Vero, me muero con vos…

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Referencias:
*Canas: Policía

4 comentarios:

  1. ESTA GENIAL ESTUPENDOOOO EL CAP QUE BUENO QUE YA LA ENCONTRARON Y ESTA BIEN BIEN MERECIDO TIENE PABLO QUE ELLA LO HAYA HERIDO FELICITACIONES VERO Y EXCELENTE CAP MARU... ESPERANDO CON ANSIAS EL SIGUIENTE .....:D ME ENCANTOOOOO

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  2. Eso y mucho más se merecía Pablo......
    Lo malo es q se escapó y ahora?....
    Ya quiero leer el siguiente capitulo..
    Ta buenaaaaaaaaaaaaa. ❤✌✔

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