Una semana después de haberme escapado, vuelvo a casa.
Valentina, Marcos, mamá, Darío y Sebastián, almuerzan conmigo y luego, me voy a
la cama. Estoy exhausta, no logro estar despierta más de algunas horas. Según
los médicos, el cansancio o agotamiento, es producto del shock físico por todo
lo que pasó.
Con respecto a Pablo, sigue sin aparecer. Toda la
policía mendocina anda detrás de sus huesos, pero nada. Según Borrelli, ya está
en cualquier otro punto del país o hasta puede que se haya ido al exterior,
pero va a volver, yo se que va a venir a buscarme y no porque se quedara con
las ganas, sino porque quiere matarme, lo vi en sus ojos, lo sentí en su
mirada. De la misma forma en que la mirada de mi flaco me da seguridad en su
amor, la de Pablo me asegura que me quiere muerta y por sus propias manos.
Un psicólogo de la policía me preguntó muchas cosas,
todas las cosas que pudo y según el perfil que elaboró, Pablo padece un grave
caso de “Trastorno narcisista de la personalidad”, que se potencia con una severa
esquizofrenia y conducta criminal. Según el profesional, lo que empezó con un
excesivo amor por si mismo, tras verse atrapado en esa idea de ser el mejor y
sentir que nadie podía estar a su altura, la patología psicológica de ese
sorete, fue tomando caminos más drásticos. Pablo sabe que está haciendo mal,
que daña a los demás, pero su percepción vendría a ser que la sociedad no está
a la altura de un tipo como él, ergo, no tiene por qué acatar normas sociales:
él siente que está por encima de cualquier otro ser humano o normas
establecidas… O sea, es un loco de mierda que se cree mejor que los demás y al
que todo le chupa tres huevos.
Me despierto y pienso en eso, no se por qué. Siento
que hay algo en mí que hace que esa seguridad que Pablo tiene, se le vaya de
las manos: ¡Eso! Por alguna razón que desconozco, conmigo, Batista pierde el
control. Tiene que ser un punto a mi favor, tengo que recordarlo el día que lo
vuelva a ver, porque se que nos vamos a volver a encontrar.
Miro por la ventana y todavía es de día. Según mi
celular, las 15:22. Dormí poco más de una hora. Me visto y bajo, en el living
está mi flaco, leyendo un poco. Voy con él, le saco el libro y me siento en su
regazo.
- ¡No me dejaste ponerle señalador, Vero!
- Ahhh, no importa, después te fijás por dónde ibas…
Nos damos un besote. Él no me dijo nada de lo que
escuchó. Se que lo sabe. Él sabe que se que lo sabe y sabe que se, que se que
lo sabe y, no se por qué, ninguno de los dos se anima a hablarlo. Lo que es
seguro, es que tenemos que charlar de eso.
- ¿Cómo estás, Seba?
- ¿Yo? Bien.
- No me mientas, no hace falta que me digas cosas que
no son. El psicólogo me dijo que lo pasó, no sólo me pasó a mí, sino a todos
los que me aman y vos me amás, ¿no?
- Con locura, flaca, pero no quiero hablar. Ya
bastante tenés con lo tuyo, como para agregarte lo mío
- Me hace falta saberlo, amor…
Sebastián me baja y se para, camina lento y se sienta
en el sillón que está frente a mí. Se le enrojecen los ojos y empieza a
respirar rápido, agitado. Clara señal que su angustia es grande y lo puede.
- Sentí que me moría, Vero. Cuando me llamaron y me
dijeron que habías desaparecido, fue como si me arrancaran el alma del cuerpo y
me la devolviste vos, cuando te escapaste y volviste a mi vida.
- ¿Por qué te alejás para decirme?
- Porque si te tengo cerca, no puedo hablar…
- Contame más…
- ¿Qué más?
- Todo, vos sabés lo que me pasó a mí, quiero saber lo
que sentiste vos
- ¿Además de las ganas de matarlo?
- Si
- Impotencia, rabia y dolor, mucho dolor.
No puede hablar sin llorar. Me acerco y me arrodillo a
su lado, le agarro la mano y él me la aprieta fuerte. Sigue hablando
- Saber que te tocó, que se atrevió a lastimarte, que
quiso abusar de vos, me mata, Vero, no lo puedo soportar. Me llamaste, me
avisaste y yo no hice nada.
- Si que hiciste. Les dijiste a los de seguridad, mi
amor. Estabas a más de mil kilómetros de distancia, flaquito, no estaba en tus
manos. Nada de lo que pasó es cosa tuya.
- Tendría que haber viajado con vos
- Estabas trabajando
- ¡Da igual! - Se enoja - Mi prioridad sos vos y no
estuve para cuidarte.
- Estuviste todo el tiempo, no me dejaste ni un
segundo. Pensar en volver a verte, en volver a tus brazos, a tus besos,
Sebastián, eso me salvó. Pensar en vos me dio la fuerza y la valentía de salir
de ahí. No fue el amor por mi mamá, por mi hermano, ni por mis amigos, fue mi
amor por vos que es lo más grande y
hermoso que la vida pudo darme.
Mi flaco, sin dejar de llorar, me hace levantarme y me
abraza. Fuerte, sin palabras, sin soltarme, me dice todo lo que necesito saber.
Fue su amor por mí lo que lo ayudó a soportar todo.
- Si te pierdo, me muero, Vero…
Lo siento tan real, tan sincero y esa noticia que
tengo que contarle, me quema el pecho. Lo se desde hace varios días, pero
quiero decirlo cuando podamos estar tranquilos. O, quería, porque no aguanto
más. Lo amo tanto, es lo mejor que me pasó en la vida y aunque no se cómo se lo
vaya a tomar, siento que tengo que decirle…
- Estoy embarazada, Sebastián, me lo dijo el médico
antes de darme el alta…
Sebas me mira, estático, incrédulo, impávido
- Vas a ser papá, Mendoza, ¿reaccionás?
¡Y cómo reaccionó! Me llenó de besos, me alzó y fuimos
al cuarto. Me hizo el amor de una manera que no pensé que se podía hacer. No
paró, fue una y otra vez hasta que el hambre nos ganó. Ahí bajamos a la cocina
y me preguntó si tenía antojos, pero no tenía ninguno, así que llamó a la
pizzería y pidió mi favorita: pizza tropical. Salsa de tomate, queso, jamón,
morrones, palmitos y ananá con salsa golf. Comida agridulce, mi preferida.
Cenamos y hablamos del bebé. Él no lo puede creer,
pero me mira y su sonrisa no se le va de la cara. Está muy feliz, se le nota y
no hace ningún esfuerzo por ocultarlo
- Casate conmigo, Vero, hagamos las cosas bien.
Demosle a nuestro hijo una familia de verdad, preciosa.
- ¿Seguro? No hace falta que nos casemos para que
seamos una familia
- Se que no hace falta, pero quiero casarme con vos,
quiero que seas mi esposa, lo deseo con el alma
- Si, claro que me caso, mi amor, sin dudas. Con vos,
al fin del mundo
Me besa como nunca, me acaricia el vientre y se
emociona…
- Un hijo, mi vida, un hijo tuyo y mío, princesa, no
se puede ser más feliz de lo que soy hoy…
"Se que lo sabe. Él sabe que se que lo sabe y sabe que se, que se que lo sabe y, no se por qué, ninguno de los dos se anima a hablarlo" O sea, tipo para enrredarse jodidamente! Jajajajjajajajajajajjajajajajajajajajaja! Awwwwwwwwwwwwwww, one baby!! Ternuritaaaaa awwwwwww <3 tan hermoshossssss
ResponderEliminarjajajajj ARI y MARU en esa parte leyendo me hice bolas parecia trabalenguas jajajajjaja pero me encanto... aaaww ya quiero leer mas....
ResponderEliminarJAJAAJAJAJJAJAAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAAJAJAJAJAJAJAAJJAAJAJAAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAAJAJAJAJAJAAAAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJA ARIIII ... ME SACASTE LAS PALABRAS DE LOS DEDOS Y DEL TECLADO JAJAJAJAA ESO MISMO IBA A DECIR ... ESTA SUPER ESTUPENDOOO UN BEBE !!! Q BONITOOO SOLO ESPERO Q PABLO NO APAREZCA A ARRUINARLES EL EMBARAZO SALUDOS EXCELENTE CAP ME ENCANTO Y SIII ME ENREDE CON ESO DE ..."Se que lo sabe. Él sabe que se que lo sabe y sabe que se, que se que lo sabe y, no se por qué, ninguno de los dos se anima a hablarlo" AJJAJAJAJAJJAJAA ME ENCANTOOOO ...:D
ResponderEliminarJajajajajaja! Yo si entendí, Meona! Muy buen cap!
ResponderEliminarQ buen capitulo.....
ResponderEliminaraww que lindo un bebe! :) me encanta!
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