viernes, 8 de febrero de 2013

008 - “Pablo”

Hace casi siete años, en mi primer día en “Prisma Enterprises”, sentí que el mundo se rendía a mis pies. Recién salida del bachiller y después, de algunos meses trabajando de cajera en una de las tantas sucursales de McMierda, tuve la posibilidad de comenzar un empleo que se adecuara a lo que pensaba estudiar en la universidad: “Licenciatura en Comercio Exterior”. Si, claro, iba a empezar de telemarketer, pero lo bueno de esta empresa era que tenías grandes chances de progreso y evolución. Iniciabas en el último escalón y por ley de vida, si estás debajo de todo, no tenés más alternativa que subir y esa era mi idea. Pasé un año atendiendo llamados de clientes y nunca tuve ninguna baja.

Cuando se abrió una vacante para asistente de supervisor, mi encargado no dudó en mencionarme para el puesto y lo obtuve. Entonces, pasé de tomar las llamadas, a monitorear y calificar las de mis compañeros y, por supuesto, asesorarlos. Con este ascenso, conseguí una paga más abultada y pude alquilar un buen departamento para mi vieja y para mí. Dos años después, me tocó el puesto de encargada de piso y un aumento de sueldo, muy sustancial, me convenció de aceptar y ese mismo día en que empecé en mi nuevo puesto, conocí a Pablo Batista, un nuevo telemarketer.

A diferencia de la mayoría de este tipo de empresas, aquí no se emplea a adolescentes universitarios. Como trabajamos con cuentas de bancos y se hace venta de seguros de vida, entre otras cosas, todos los trabajadores son recibidos en su carrera o están a punto de serlo. Conmigo se hizo una excepción porque la hermana de una de mis compañeras de colegio, era accionista de “Prisma” y me vio mucho potencial. Por lo mismo, cuando me dieron el trabajo, sólo atendía consultas menores y con el pasar del tiempo y el avance en mis estudios, demostré que podía con el paquete completo. Cuando entró a trabajar conmigo, Pablo tenía 26 años y yo, 22. Al poco tiempo de estar en la empresa, empezó a salir con una chica de la cafetería y no se por qué, terminaron un par de meses más tarde. Se rumoreó con mucho énfasis, que la piba lo encontró encamado con otra, pero Pablo es demasiado buen tipo como para hacer algo así. No, no fue eso.

Un tiempo más tarde, me enteré que andaba con una mujer mayor que él, de guita, pero eso tampoco duró mucho. Según me dijeron, la vieja lo encontró garchándose a la hija, cosa que debe ser falsa, Pablo no haría algo como eso. A mí nunca me prestó demasiada atención, fuera de lo laboral, casi no hablábamos y si nos encontrábamos, me saludaba cortésmente. De todas maneras, él era mi destino y yo siempre lo supe.

Ahora estoy sentada en mi cubículo y pienso en qué querrá decirme en ese baño abandonado. Una luz titilante en mi computadora me devuelve a la realidad. Es un mail de Sebastián.

“Necesito los archivos de la cuenta ArgenBank, linda. ¿Los tenés?”

Respondo que si y se los envío. Acto seguido, mi jefe ¿novio? (Todavía no lo creo) Me indica que vaya a su oficina. Me paro y voy. Golpeo la puerta y me hace pasar.

- Sentate, amor - Dice son esa sonrisa asesina - Ya te atiendo… - Esboza y sigue hablando por teléfono

Mientras lo espero, me dedico a observar alrededor. Tiene la oficina impecable, reluciente y muy ordenada. Hay muchas fotos y casi todas son de gente que no es Sebastián, aunque se le parecen mucho. Deben ser parientes. Hay una en el escritorio y en esa si está él, abrazado a una rubia preciosa.

- Es mi hermanita, Catalina - Resopla, leyéndome el pensamiento y dejando el auricular del teléfono a un lado - Tiene cuatro años menos que yo y vive en Boston. Hace dos años que no la veo y la extraño mucho.
- Es muy linda tu familia, parece haber sido esculpida.
- Tenemos nuestro encanto, Vero.
- ¿Por qué dijiste que somos novios?
- ¿No lo somos?
- No se
- ¿Querés que lo seamos?

Mis dudas son demasiado evidentes, pero Sebastián me está por malinterpretar

- No dudo de vos, de lo que sentimos, pero lo del compromiso y la fidelidad, es nuevo, nunca estuve de novia, nunca me interesó estarlo
- Siempre hay una primera vez para todo, hermosa, no te des máquina con eso
- Pablo me quiere ver a solas
- ¿Para qué? - Pregunta con el ceño fruncido - ¿Qué quiere?
- No tengo idea
- Andá y averigualo y si después de hablar con él, todavía afirmás amarme, vemos qué hacer.
- No te enojes
- No pretenderás que salte en una pata
- Prometo comportarme y no hacer con él, lo que estuve haciendo con vos estos días
- Te creo, pero se que ese tarado te gusta, así que fíjate qué quiere y después, volvemos a hablar.
- ¿Para eso me llamaste?
- No, no sabía. Te llamé para que me expliques algo de los archivos. Tengo una presentación y los tengo que desmembrar para los burros que tenemos por jefes
- Puedo ir con vos y ayudarte.
- Me encanta - Se levanta y me besa

En el momento en que él me lo indicó por mail, bajo al baño abandonado. Entro pensando que iba a estar horroroso, pero no es así. Está limpio y ordenado, pero con el lavabo clausurado. Pablo entra detrás mío y me agarra de la cintura, pegándose a mi cara, casi besándome.

- No sabés las ganas que tengo de estar con vos, Vero
- ¿Desde cuándo?
- Desde siempre
- ¿Y te tengo que creer, Pablo? Apenas si me registrás.
- Es que pensaba que no ligabas en el trabajo, pero si te pusiste de novia con el pelele de Sebastián, no podés negarte conmigo

Esa forma de referirse a mi hombre, me molestó demasiado y esa soberbia, me indignó. Le di una bofetada.

- Delante mío, no lo tratás así, ¿se entiende?
- ¿Lo defendés? No me vengas con el cuento que de verdad te gusta. Me doy cuenta cómo me mirás, Verito
- ¡No me digas así! Y si querés conservar tu trabajo, pendejo, ubicate. No sólo soy tu superior, sino que soy  la mujer del gerente, así que, sacame las manos del traste y borrate de mi vista.

Pablo me da un beso y no me gusta. Es agresivo, desconsiderado y me muerde. No sabe besar bien, es muy torpe. Lo separo de mí y le doy otra cachetada. Salgo del baño vuelta una furia. Le digo a Lautaro que me cubra y me voy de ahí. Llamo a Valentina y le pido que nos veamos en la cafetería que está cerca de la empresa, pero me arrepiento y le digo que no.

Al final, llamo a mi novio y me encuentro con él. Estoy nerviosa, molesta, enojada y lo necesito, pero no de manera sexual, sólo quiero que me abrace y me haga sentir protegida. Lo hace con todo su amor y con ese abrazo, termino de entender que amo a Sebastián con el alma y la vida y que Pablo no solamente es un imbécil, sino que además, es todo lo que me dijeron de él y yo me negaba a creer.

6 comentarios:

  1. WOOOOOOOWWW!!!...ME ENCANTAAAAAAAAA!!!!...MUY BIEN VEROOOO!!!!....YA QUIERO LEER EL 9!!!

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  2. esto no me gusta..me Encanta jajjaa XD...mui lindo!! qiero el 9 porfa porfa!!

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  3. Yo dije que Pablo era un idiota!! LO DIJE!!!

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  4. BIEN AIII ESO ME ENCANTO VERO DATE TU LUGAR JAJAJAJA !!!!

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  5. Q bueno q vero lo puso en su lugar ...............

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