viernes, 1 de febrero de 2013

005 - “Lapsus”

Caí desvanecida y no había manera de hacerme volver en si. Marcos y Valentina no se animaron a moverme, porque no sabían qué pasaba, así que llamaron a una ambulancia. La fiesta se desvaneció conmigo y según mi vieja, ninguno de los dos se me despegó hasta que ella y Darío, llegaron a verme. Que Marcos muere de amor por Valentina, no es nada nuevo, aunque ella ni se da por enterada. Es buena mina, Valen, la mejor del planeta, pero medio caída del catre. Siempre le digo eso y ella responde: “No sabes la vista panorámica que tengo desde acá” y me hace reír como loca.

Estuve inconsciente alrededor de diez horas. Según los médicos, un pico de estrés, pero yo no estaba nada estresada, al contrario, nunca me había sentido tan relajada como en brazos de Sebastián, ¿por qué motivo me iba a poner así de nerviosa? Pienso en Pablo y me doy cuenta. Renombro mi cuadro clínico: SHOCK POST VER A LA TETONA METIENDO LA LENGUA EN LA BOCA DE MI PABLO…

Después que reaccioné, el médico me dijo que me iba a quedar en observación un día más, así que mi vieja llamó el lunes a primera hora a “Prisma Enterprises” y avisó que me encontraba internada. Una hora más tarde, Sebastián entraba a mi habitación con un ramo de flores gigante y de mis preferidas. No sabía que él sabía. Mamá nos dejó a solas.

- Hace como tres meses, mientras almorzabas con tu amiga, le dijiste algo sobre las calas y ya no me olvidé que eran las que más te gustaban - Dice mientras me da un besote y se sienta a mi lado, tomándome la mano con firmeza, pero mucha dulzura - ¡Me asustaste, Vero!
- No deberías ni asustarte, ni perder tu tiempo viniendo a verme
- No digas esa boludes, linda, no hay nada más hermoso que verte
- ¡Uf! Me imagino… (Me toco el pelo) ¡Debo parecer una vieja bruja!
- Estás preciosa, nena, la enfermita más caliente y linda de todo el hospital
- ¿Estás enamorado de mí, Sebastián? - Pregunto, porque pienso que solamente eso, justifica o explica la manera en que él se comporta conmigo
- Si y mucho, perdidamente - Contesta con simpleza - Y a primera vista, linda, me encantaste desde que te vi

Me sonríe y se nota que ni espera escuchar de mi boca lo mismo o algo similar. Sabe que me gusta, pero que no lo amo. Bueno, amo como me mira, como me toca y como me hace lo que me hace, pero no lo amo. Si, también amo haberme dado cuenta que no es el tonto que parece ser en la oficina, pero no lo amo. Aunque amo sus besos, sus caricias y sus gemidos, pero a él, no lo amo. Amo a Pablo

Sebastián me mira y supongo que le sonreí, porque la mueca de su rostro le va de oreja a oreja y me da un beso de otro planeta. Tengo un aliento a muerto que tumba a cualquiera, pero a él le da igual y sigue besándome. Me encanta, me apasiona, me seduce y me puede, pero no lo amo. ¿O si?

Esa tarde, ya en mi casa y en mi cama, Valen y Marcos no paran de hablar. Preguntan y se contestan solos. Darío entra con una bandeja: mamá mandó el mate y mi hermano mayor, como todo un señor, viene a mimarme. Parece que se asustó, porque tiene un gesto de cordero degollado que no se tolera. Mis amigos se despiden y se van. Darío se sienta conmigo y me pasa el primer verde.

- ¡Qué cagazo me diste, boluda! - Dice, sin mirarme - Yo se que no te lo digo muy a menudo, pendeja, pero vos y mamá son mis únicos amores y casi me muero cuando te vi ahí, sin consciencia. Cuidate, tarada, sabés que nosotros somos un todo.
- Si me cuido, no se de dónde viene el estrés ese que tengo
- Fijate, entonces, porque no fue nada lindo
- Prometido, tonto - Respondo conciliadoramente

Tomamos dos termos completos de mate. Mi hermano es el único que sabe cebarlos igual que lo hace mi mamá. Después de eso, me quedo sola y mi cabeza se dispara.

La rubia tetona besando a Pablo, cosa inconcebible, porque ese hombre es sólo mío y ya lo decreté. Aunque él no lo sepa, Pablo Batista está destinado a ser mi amante, mi amigo, mi todo y tiene que deshacerse de esa boba para poder lograr su destino conmigo. Lo tengo que ayudar a sacársela de encima.

Cuando mi vieja me habla, ni recuerdo lo que estaba meditando.

- ¿Cómo no vas a saber, Vero? Estabas muy concentrada pensando
- No se, ma, la verdad es que se me fue de la cabeza
- Debe ser el mismo estrés, hija. ¿Vas a cenar?

¿Cenar? ¿Ya es de noche? Miro por la ventana y la luna estaba alta. Luego me fijo en el celular y eran casi las diez. Darío se fue como a las seis, ¿qué hice esas cuatro horas? No me dormí ni salí de la cama, ¿cómo puede ser que no me acuerde de lo que pensaba? Un mensaje de texto de Sebastián, me devuelve a tierra. “Quiero verte, mi amor. No soporto pasar la noche lejos tuyo. Quiero cuidarte, mimarte, hacerte el amor otra vez”

Miro a mi vieja y me doy cuenta que la sola idea de tener a mi jefe entre mis piernas, me excita en un segundo

- Ma, va a venir alguien a verme y quisiera estar a solas, ¿podés quedarte con Darío esta noche?

Mi vieja se ríe y dice que si, que ese departamento era mío y yo lo pagaba y que, además, tenía ganas de pasar más tiempo en casa de mi hermano. Que era un desastre y quería limpiar bien, acomodar y asegurarse que el nene comiera decentemente. Me da uno de sus besos y se va a llamar a su hijo por teléfono.

Darío viene a buscar a la vieja, me saluda, me deja un regalo y se van. El obsequio de mi hermano es un libro, “Mi planta de naranja - Lima”. El autor es un brasileño, Mauro de Vasconcelos. Es corto, pero parece lindo. Decido leerlo al otro día, porque Seba está por llegar y quiero ponerme presentable. Me doy una ducha, me paso la maquinita de afeitar por las piernas, por las axilas y una crema humectante que deja mi piel, además de suave, con un exquisito aroma a almendras.

Sebastián lo aprecia, porque desde que llegó no para de besarme y de sentir mi aroma. Dice que lo enloquece y lo seduce. Como el hombre atento y caballero que es, me mira y me toma la mano, besándola.

- Te voy a decir la verdad, Verónica, tengo muchas ganas de hacerte sudar, gritar, gozar y estar adentro tuyo, pero si te sentís mal, dejame decirte que pasar la noche con vos, abrazaditos, me va a fascinar.
- El otro día no me dejaste dormir
- El otro día no estabas enferma, mi amor
- ¿De verdad te quedarías toda la noche acá, conmigo, sin hacer nada?
- Claro, linda, no me tomes por un calentón, porque no es lo único que soy

Se ríe y simplemente, me hace perder la compostura. Lo agarro de la camisa y lo tiro en la cama, me subo encima y lo beso de arriba hacia abajo, desabotonando su ropa. Cuando llego a la bragueta, se le nota que está erecto y bajo la cremallera. Meto la mano y saco al amigote, para meterlo a mi boca y escuchar como Seba gime y lo goza. Saberme tan efectiva en este trabajito, me inspira y me calienta tanto, que sigo hasta que él acaba…

Era saladito, mucho más agradable de lo que me pude imaginar…

5 comentarios:

  1. jajajajjajaj me encantaaaaaaa...quiero maaaasss!!!...esto es adictivoooo ajajajjaja

    ResponderEliminar
  2. Me encanta esta mui buena :)

    ResponderEliminar
  3. Tamara Marrana!!!! JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!!! Me he cagao dde risa con todos los capitulos, Maru

    ResponderEliminar
  4. JAJAJAJJAJAJAJAAAJJAJAAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJJAJJA QUE COSAS CHEEE ME ENCANTA ESTA HISTORIA Y LO SINCERA QUE ES VERO O LO QUE PIENSA JAJAJA ESTA GENIAL MARU TE FELICITOOO AJJAJAJA:D

    ResponderEliminar