jueves, 21 de marzo de 2013

023 - “Sexo otra vez”



Ya llevo cinco meses de embarazo y me siento un hipopótamo. No me molesta aumentar los kilos que se necesitan para que mi hijo sea saludable, pero no me puedo mover como me gusta, los pies se me hinchan y me la paso descansando. En la empresa, Lautaro no me deja ni mover un lápiz y en casa, Sebastián, por poco y me lleva alzada para todos lados.

Ahora estoy en el baño, acabamos de discutir y él no entiende que estoy embarazada, no enferma y tanto cuidado, tanta cosa rara, me hace sentir una estúpida.

Todo empezó porque estaba en el sillón mirando una película y cuando me quise levantar para ir a la cocina a buscar algo, no pude. Hice el esfuerzo y me dio un tirón. ¡¿Para qué?! El flaco bajó corriendo, asustado, casi al borde del infarto y estuvo una hora reloj, preguntando cada dos segundos: ¿De verdad estás bien? ¿No me estás mintiendo? ¿Por qué no me dejás que haga todo yo y vos te quedas quieta?

No se di fueron las hormonas, mi temperamento, la incomodidad con la que vivo, las dos semanas que llevo sin poder hacer el amor o todo junto en un mismo paquete, pero reventé. Le dije que me dejara en paz, que no me trate como a una estúpida, que fue un tirón en la pierna y que si algún día me duele el vientre, voy a ser la primera en tener cuidado. Que nadie va a amar a este bebé más que yo, ni siquiera él y que si no le gustaba, tenía la opción de separarse y divorciarse.

Ni tiempo le di de reaccionar, porque subí hecha una fiera y me encerré en el baño. Hace poco más de dos semanas que nos casamos y después de la noche de bodas, no volvimos a tener relaciones. Al principio porque me dolía y después, porque no tenía ganas. El médico nos dijo que es lo normal, como la comida y las náuseas: “Hay días que todo te da asco y otros días, que te comés hasta lo que jamás quisiste probar en tu vida. El sexo es igual y en parejas tan activas como ustedes, puede que se genere un conflicto. No dejen de hablarlo y Sebastián, llenate de paciencia…”

Ahora me miro al espejo y me doy cuenta que fui una bruta, que no lo puedo tratar así, al final, sólo quiere cuidarme, pero me embola que no me entienda y me sobreproteja tanto. Me miro y el reflejo me devuelve la imagen de una tonta. Pobre, mi flaco, se aguanta todo...
Antes que pueda salir del baño e ir a buscarlo, toca la puerta.

- ¿Amor? ¿Podemos hablar?
- Te escucho, Sebastián…
- Abrime
- Mejor hablemos así, porque cuando nos miramos, dejamos de decir ciertas cosas.
- Está bien. Mirá, Vero, yo entiendo tus cambios y todo lo que me decís, pero eso que vos vas a amar al bebé más que yo, me dolió. Vivo para ustedes dos, no es justo que me trates así y menos cuando lo único que quiero hacer es cuidarte, mimarte. Me asusté cuando gritaste y por eso me puse tan encima, tengo miedo que algo les pase.
- Ya se, Seba, pero tenés que entender que por más que esté embarazada, puedo ir a la cocina a buscar algo. No quiero levantar pesas, solamente quiero que me dejes hacer las cosas con la mayor de las normalidades. Bastante cambios estoy viviendo como para que me saqués las pocas cosas cotidianas que me quedan
- No mientas, cuando no estabas embarazada, también iba yo a buscar lo que querías…

Me río porque es cierto lo que dice…

- Antes no te enojabas por eso, Vero, ¿por qué ahora si?
- Es que antes era por ser caballero, romántico
- Ahora es por lo mismo
- No, ahora lo hacés por el embarazo
- No, mi amor, lo hago por caballero y por romántico. Perdoname si te ahogo, no es mi intención, prometo darte más libertad, pero no te equivoques, si te cuido es porque te amo, no porque crea que no podés hacer esto o lo de más allá. ¿Me abrís?
- Está abierto…

Sebastián entra y se me queda mirando.

- No me pienso divorciar de vos, linda, ni loco
- Loco te voy a volver yo
- Desde que te conocí que me volviste loco
- Dudo que ahora sigas así
- ¿Por?
- Mirame, flaco, soy un elefante

Por el espejo, veo que sonríe y que me sigue mirando. No decimos nada más, yo me quedo como estoy, de frente al lavabo, mirándome al espejo y él se acerca por detrás y se apoya en mí. Está caliente, lo puedo sentir duro en mis nalgas

- Sos hermosa, divina y el embarazo te hace más radiante y bella, Vero. Cada parte de vos, tiene un efecto excitante, tóxico, adictivo. No paro de desearte, de querer hacerte el amor, pienso todo el tiempo en vos y sigo creyendo que sos la mujer más sexy y sensual del mundo…

A medida que va hablando, me baja el pantalón de gimnasia y el calzón. Me acaricia la vagina y me masajea el clítoris. Después me agarra la mano, llevándola hasta su erección y yo le devuelvo el favor, tomándolo con presión y subiendo y bajando mi mano por él. No me deja darme vuelta y me mete la mano libre por dentro de la remera, acariciándome los pechos que están hinchados por la gravidez y por las ganas de que me lo haga.

Gimo con fuerza, rendida a sus caricias en mi área erógena. Comienza a darme placer con un dedo y me besa el cuello. Vuelvo a gemir y siento como su pene se endurece más en mi mano. Se lo agito como puedo, la posición en la que estoy, no me permite ser ágil, pero si efectiva porque ahora gime él también.

De a poco, con tranquilidad y sin decir nada, saca mi mano de sus pantalones y hace que apoye ambas en el borde del lavatorio del baño. Me saca la ropa de abajo por completo y juega con su amigo duro por mis cachas y mi humedad. Quiero que me penetre, lo quiero ya, lo necesito, siento que me duele de las ganas. Vuelve a jugar con los dedos por aquella zona y después, se mete entre mis piernas, se acomoda y empieza a lamerme. Es un delirio lo que me hace sentir. Sigue varios minutos y se para, se posiciona, me agarra de la cintura con una mano y con la otra, separa mis nalgas y su falo erguido y urgido, como si tuviera un radar, encuentra el lugar exacto y ¡Dios! Después de dos semanas, me está haciendo el amor de nuevo. Es tranquilo, como si tuviera miedo de hacerme mal, pero mis gemidos evidencian que la estoy pasando más que bien. No quiero que pare, quiero que siga, que me de hasta que los cuerpos pidan piedad. Lo hago salir y vamos a la cama, me pongo como perrito y lo incito a seguir. Esa postura es cada vez más placentera, entre por donde entre, no hay pérdida: los dos la disfrutamos, es cómodo y puede ponerle toda la potencia que ambos deseamos…



6 comentarios:

  1. AWWWWWWWWWWWWWWW!!!!! Tan hermooosoooossssss!!!! Uffffffff!!!! Asdfgjkl! Me encantaaaa

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  2. Que caballero........ Uffffffffffffffffffff...... Caliente el capitulo jajajajajajajaja me gustaaaaaaaaaaaaa..........................

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  3. JAJAJAJAJAJAAJJAAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJ Q CAPITULOOO Q COSAS CHEEEEEE SUPER CABALLERO SEBAS Q BUENO Q YA VOLVIERON A ESTAR JUNTOS DESPUES DE TANTO TIEMPO UFFF EXCELENTEE JAJJAAJA

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