martes, 5 de febrero de 2013

006 - “Sebastián”

No se qué poder tiene sobre mí, pero Sebastián sonríe y me hace sentir como perdida en un mundo demasiado agradable. Lo miro tratando de recordar por qué me caía tan mal cuando estábamos en la empresa y no me viene nada a la cabeza. Porque me caía muy mal. Siempre reconocí que estaba muy bueno, para darle matraca, pero se me hacía insoportable y ahora no encuentro una pizca de todo eso.

Después de haberlo hecho acabar con un oral, él me desnudó a puro beso y caricia y me tiene loca de ganas. No me deja hacerle nada, ni tocarlo y eso me enloquece más. Sebas lo sabe y se pone el preservativo con paciencia, aunque a mí me llena de impaciencia que sea tan guacho, pero como dije, él lo sabe y quiere provocarme. Lo está logrando.
Me levanto de la cama para poner música. Algo lento, tranquilo, que se contraponga a lo que está por suceder.

- Volvé a la cama, linda, ¿no ves cómo estoy, mi amor?
- Si, te veo perfectamente, Sebastián, estás caliente, igual que yo

Me río de su gesto. Puede que no se crea que una mujer como yo, que en es apariencia es toda corrección y modales, sea una guarra cuando se me da la gana y como me doy cuenta que él lo disfruta, lo hago más.

Estira los brazos y me agarra. Me come los pechos, me los muerde, los lame, los chupa y yo gimo. No se qué más hacer que eso, gemir. Me brota por cada poro.
Hace que me siente en su regazo y me llena de su ser, de su cuerpo, de él.

Mientras lo siento dentro de mí, pienso en que aunque yo no estoy haciendo el amor, él me lo está haciendo a mí y nunca me habían hecho el amor.
Desde la primera vez, cuando tenía 16 años y en adelante, siempre fue puro sexo o eso otro, la palabra con “C”, COJER… No, no “coger” de agarrar algo, si no, COJER, de tener sexo fuerte, salvaje, sin sentido y sin sentimientos. C-O-J-E-R.
Me doy cuenta que hay muchas cosas que estoy experimentado por primera vez con Sebastián.

Ya no puedo pensar más, ¡cómo me lo hace! Esas ganas que tiene de hacerme gozar y gozarlo conmigo. Me besa, me acaricia, me tira un poco el pelo, se apasiona y me llena de pasión a mí. Los cachetes del traste deben tener impresas sus huellas digitales, porque me las agarra como jamás me agarraron nada, nunca, nadie.

- Te amo, Vero, aunque vos no me ames. - Dice, sin dejar de darme placer y mucho
- No digas cosas que no sabés… - Le respondo, inconscientemente
- ¿Me amás?
- No se, por eso no digo nada
- Por ahora, me alcanza, linda…

No me da tiempo ni a pensar, ya me puso debajo de él, me levantó un poco las piernas y me está dando como si el mundo se acabara mañana.
Siento como su pene entra en mi cuerpo, tocando en su camino cada punto erógeno que hay por ahí adentro.
No me alcanzan los gemidos, se me agotan, a diferencia de Sebastián que parece más fresco y más vital, como si cada penetración, en vez de cansarlo, lo llenara de energía.

Estamos sudados, agitados, extasiados, pero nada nos detiene y seguimos hasta que acabamos los dos, juntos, al mismo tiempo y yo sin aire, pero complacida.
Sebas se acuesta conmigo, me acaricia y me besa.

- Yo se que no me amás, no es necesario que lo disimules. Estás enamorada de Batista, ya me di cuenta

¿Cómo lo sabe? Nadie debe saberlo todavía. ¿Todos se dieron cuenta?

- ¿Qué te hace decir eso? - Pregunto, inquieta
- Es que lo mirás como yo te miro a vos - Responde resuelto, con simpleza

Lo miro y algo en mí, se estremece. Quiero gritarle que ahora en mi cabeza y en mi cuerpo, el único que tiene lugar es él, Pablo no existe en este momento.

- Cuando estoy con vos, sólo pienso en eso, Sebastián. Lo que pueda sentir o no, por alguien más, acá y ahora, no importa, no existe.

Sonríe y yo me muero. ¿Por qué es eso? ¿Qué tiene la sonrisa de este hombre que hace que me olvide del mundo exterior?

- Eso que decís, me da esperanzas, Vero. Tal vez, mi amor por vos, sea suficiente para los dos, hasta que tu amor por mí, se sume a la ecuación.
- No pensemos tanto, lindo, en estas situaciones, tanto raciocinio, estorba…

De nuevo, la sonrisa y de nuevo, me mata…

- ¿Qué querés comer?
- A vos, Vero, tengo mucha hambre de vos

Volvemos a empezar y lo hacemos dos veces más. Después nos da mucha hambre y como es tarde y ya todo está cerrado, salimos en su auto a ver si encontramos algún restaurante o algo así. Llegamos a Puerto Madero y estacionamos. Bajamos del auto y salimos a caminar, buscando dónde comer algo. Es lunes a la noche y todo está bastante tranquilo, pero en la zona de locales gastronómicos, todo está abierto. Elegimos uno y nos sentamos afuera, disfrutando del viento fresco, ya que la noche estaba bastante calurosa.

El camarero se acerca y nos aclara que la cocina está cerrada. Sólo hay pizzas, hamburguesas y pastas, que son rápidas. Pedimos una pizza y yo le agrego el “para llevar” al pedido. El mozo asiente y dice que en quince minutos está lista.

- ¿Para llevar? ¿No querés cenar acá, Verónica?
- Prefiero cenar en casa, Sebastián. ¿Vos no?
- Por mí, excelente, la cena y el postre, bien a mano…
- Me alegro que estemos en sintonía, galán.

Levanto mi ceja y él se ríe con ganas. Me dice que soy hermosa y que le encanta mi forma de ser. Considerando que ya nos encamamos, me lo hizo por todos los lugares posibles y me dio por donde quiso, tengo que asumir que es sincero. Le digo que ahora me cae bien, pero que ese personaje que juega en la empresa, me cae como una patada en el hígado. La carcajada se escucha hasta Neuquén.

- Es la idea. Caerles medio mal.
- ¿Por?
- Hace unos años, tenía el mismo puesto, en otra empresa y me comportaba como soy. Sociable, amigable, simpático, en fin, me entendés.
- Si, claro
- ¿Sabés cuál es el problema de darle la mano a tanta gente?
- Que te agarran hasta el codo, el hombro, el omóplato y algunos, hasta se comen tu cerebro…
- Básicamente… - Se ríe otra vez - Veo que comprendés. Me hago el duro porque es mi trabajo lograr objetivos que dependen de que mis empleados, logren los suyos y si les doy confianza, dejan de esforzarse. Es simple, dos más dos, es cuatro.

Me acabo de dar cuenta que lo amo, pero si siento eso por Sebastián, ¿qué me pasa con Pablo?

5 comentarios:

  1. Woooowwwww quiero maaaaasss...Soy adicta a PPE...Me encanta Vero y Sebaaassss!!!

    ResponderEliminar
  2. otroooo please..!! jajaja bien escrito en argentino XD....clap clap clap genial MARUUU!!

    ResponderEliminar
  3. No se por qué será, pero el tal Pablo, me cae mal y eso que ni corta pincha aún... MÁS!!!!!!!!

    ResponderEliminar
  4. JAJAJJAJAJAJJAJAJA ESTA ESTUPENDOOOOO EL CAPIII KIEROO MASSSS ESTA SUPER Y VEO VA A PONERSE CADA VEZ MEJOR, LO INTUYOO JAJAJA :D

    ResponderEliminar
  5. Waaaaa! Esta SUUUUUPEEER, me encanta! Sin palabras o letras o x... Quiero otroooooooooo! XD

    ResponderEliminar