Sebastián me mira, se ríe de algo y francamente, no
me importa el por qué de su risa, solamente quiero que siga así, riéndose y que
siga conmigo, mirándome, tocándome, que no se me despegue más.
Lo amo, eso no se duda, pero ¿y Pablo? No puede ser
que todos mis sentimientos por él, sean efímeros, aleatorios, inocuos. No, mi
amor por Pablo fue mi motor durante años, no es posible que sea una mentira…
Pero acá estoy, con Sebastián y siento que me
tiembla hasta la médula. Me tiembla y la electricidad que me provoca su mirada,
recorre cada partecita de mi cuerpo, poniéndome la piel de gallina.
La pizza se demora, no me puedo aguantar. ¿Por qué
quiero tenerlo desnudo en mi cama con tanto ahínco? Hicimos el amor hace un
rato y no me bastó, quiero más, lo quiero a él, con su perfecta integridad,
entrando en mí y haciéndome gritar, gemir, transpirar. ¿Qué tiene este tipo que
me afecta así? Me transformé en una ninfa, adicta a su cuerpo, a su boca, a su
pene. Ah, claro, ¡lo amo! Es eso…
- Te amo - Digo, sin darme cuenta
- ¿Me amás, linda? ¿Estás segura?
- No entiendo cómo, ni cuando me enamoré de vos, Seba, pero si, te amo y estoy apenas dándome cuenta, teneme piedad.
- No entiendo cómo, ni cuando me enamoré de vos, Seba, pero si, te amo y estoy apenas dándome cuenta, teneme piedad.
- No pidas que tenga piedad cuando acabás de decirme
que me amás.
- Tendría que haberme callado la boca
- Esa boquita hizo lo correcto y no veo la hora de
tenerla sobre mí de nuevo, Vero
Se acerca, me besa y me toca un pecho. Automáticamente,
se me ponen los pezones duros. La pizza se tarda una eternidad y para
devolverle el favor, meto la mano por debajo de la mesa y le agarro su coso,
que está durísimo y me tienta, quiero saborearlo un poco y que después lo meta
en mis profundidades.
Siento la humedad en mi entrepierna y no lo puedo creer, Sebastián, sencillamente, me pone de la nuca.
Siento la humedad en mi entrepierna y no lo puedo creer, Sebastián, sencillamente, me pone de la nuca.
Por fin llega la pizza, la paga y vamos al auto.
Subimos y mientras él maneja, le acaricio el coso y como soy una ninfa, adicta
al sexo y me fascina hacerle trabajos orales, le bajo el cierre de la
cremallera, saco el erguido falo afuera y lo atrapo con mi boca.
Sebastián se controla como puede y maneja muy
despacio, sin embargo las ganas le ganan y en vez de ir a casa, ve un telo y se
mete. Entra con el auto y mientras pide habitación, yo sigo en mi trabajo. Nos
habilitan la entrada y él estaciona el auto en la cochera de la suite, pero no
bajamos aún, nos quedamos ahí hasta que lo hago explotar en mi boca.
Encantado conmigo, caliente como brasa, reclina mi
asiento y me levanta la pollera, metiendo su mano en mi calzón. Se inclina
hacia mí y me besa, metiendo su lengua hasta mis amígdalas, cosa que me
encanta. Siento como uno de sus dedos me empieza a hacer el amor y gimo,
irremediablemente. Su mano libre, se escurre debajo de mi remera y me masajea
los pechos, los pellizca, los amasa y todo lo hace, sin cesar sus besos, que
empiezan a bajar por mi cuello y vuelven a subir a mis labios.
En mi entrepierna hay una fiesta. Con su dedo sigue
dándome placer y ahora, además de meterlo hasta el fondo, otro de ellos, me
toca el clítoris, matándome de gusto. Nunca pensé que el sexo oral podía
inspirar tanto a un hombre y encima, este hombre en particular, es más que
agradecido y yo agradezco eso
- Que me dijeras que me amás, me puso muy de humor,
linda. ¿No querés que te despida de la empresa y yo renuncie? Así nos pasamos
nuestros días haciendo el amor
- No es mala idea, Sebas, pero, ¿cómo nos vamos a
mantener?
- Robemos un banco…
Veo que se agarra su coso, que de nuevo está duro y
sacia sus propias ansias. Como puedo, se lo agarro yo y sigo. Él asiente y
vuelve a besarme. Yo muevo mi mano al mismo ritmo que Sebastián mueve la suya y
los dos sentimos un gran gozo por eso. Se lo aprieto y lo escucho gemir y eso
hace que su dedo deje de hacerme el amor y directamente, me coja. No hay vuelta
atrás, ya soy adicta a este tipo y es mío, de nadie más.
Me propone ir al cuarto y acepto. Entramos y me
acuesta en la cama, para hacerme un oral él a mí y exploto en su boca, sin más
ni más.
Desde muy chica tuve mis resquemores a las palabras “TE"y "AMO”. Será que mi viejo fue tan hijo de puta con mi vieja, que me traumó. Tal
vez, me marcó demasiado el recuerdo de las noches en las que escuché a mamá llorar
por un hombre que no valía la pena, ¡pero al que amaba tanto! O si no, ver cómo
Darío casi se muere por la depresión que le causó enterarse que su hijo no era
su hijo, que la ex mujer se encamaba con otro tipo y como ese otro tipo no
quiso saber nada del nene, se lo encajó a mi hermano. Cuando el padre biológico
reapareció, reclamando su paternidad, la conchuda esa le cagó la vida a mi
hermano y se fue con Elías al sur. Ahora son una hermosa familia feliz y Darío,
estuvo tan mal, que hasta quiso suicidarse. Se que aún extraña al nene, pero no
dice nada, el dolor no lo deja. Ahora anda con una chica bastante piola y se ve
que lo quiere porque le aguanta todo y está pendiente de él y de nosotras. La
cagada es que Darío no se anima a amar de nuevo y bueno, no le da tanta cabida.
Mamá y yo pensamos que ella puede curarlo, pero hasta que él no se decida, lo
único que podemos hacer, es aconsejarlo.
Y ahora, tengo a este adonis conmigo, agitado,
sudado, complaciente, hermoso, tierno y salvaje, todo junto y revuelto en un
mismo hombre y lo amo, me sale por cada poro el sentimiento y se me va de las
manos, se sale de mi control y a mí no gusta no tener el control de las cosas,
me da inseguridad. Por eso soy como soy y me muestro seca y distante, porque
las cosas tienen que ser a mi modo y no al voleo.
Sebastián me desgarra esas paredes, esas corazas y
ahora se desnuda y me desviste, se acomoda entre mis piernas y me embiste, como
un toro embravecido, alterado por miles de capas rojas que lo provocan a tomar
envión y atravesarlas. Y me atraviesa y no sólo el cuerpo, sino el alma y eso
es lo que me da más miedo
- Decime de nuevo que me amás, Vero, porque no me la
creo, mi amor
- Te amo, Sebastián, te amo y es más increíble para
mí que para vos
- Eso es porque te resistís a sentirlo, ¿no?
- Me da miedo
- Conmigo no tenés que tener miedo, te voy a cuidar
siempre, linda
Antes que yo pueda decir nada más, me gira en la cama,
me pone boca abajo y entra por la otra puerta. El placer me abruma y no quiero
que se detenga jamás
Un par de días después, retomo mis labores en “Prisma
Enterprises” y para mi asombro, cuando llega el jefe, me planta un beso delante
de todos
-¿Qué miran así? - Dice a los demás - Es mi novia y
puedo darle un beso, ¿no?
Sebastián sonríe, me da otro beso y se mete a su
oficina. Siento todas las miradas sobre mí y solamente atino a reírme
- ¿No escucharon o qué? Somos novios, así que dejen
esas caras de boluditos y sigan trabajando…
De golpe, me da la sensación que alguien me mira con
intensidad y si, aunque no entiendo por qué, Pablo me mira y sonríe. Se acerca
con una carpeta, me la deja y me dice que me espera en el baño de abajo, ese
que nadie usa porque tiene los caños del lavabo rotos.
Mmmmmmmmm... Ese Pablo no me gusta nada, nada, NADA!!!! Mátenlo desde ya!
ResponderEliminarNo me gusta pabloooooo, fueraaa, no me da buena espinaaaaaa....Amo a Sebaaaassss!! ....Muy buen capiiiii...
ResponderEliminarEeeeeehhhh!! Si se puede comentar del cel!!
ResponderEliminarEXCELENTEEE JAAJAJAJAJ
ResponderEliminarHay no ese Pablo q esta pensando ahora no meda confianza mmmmmmmmmmmmm
ResponderEliminar