viernes, 8 de febrero de 2013

009 - “Fidelidad”

Cuando volvimos a la empresa, Pablo me miró con aire sobrador y, para colmo, Sebastián se dio cuenta. Lo llamó a su despacho y estuvo hablando con él un rato bastante largo. No supe bien de qué, hasta que el mismo boludito me dijo, muy enojado por cierto, que por mi culpa, ahora su trabajo pendía de un hilo. Respondí que eso le pasaba por idiota y sonriendo, con todo mi cinismo, continué con mi labor. ¡Qué se vaya a cagar! Tres años muerta de amor por él, o eso creía, y se le da por avanzarme cuando se entera que estoy con alguien más. ¡JODETE, PELOTUDO! Sos como ese tipo del restaurante, que tarda tres horas en hacer su pedido y cuando le traen el plato, resulta que quiere lo que tiene el de la mesa de al lado.

El día pasa con normalidad y como nadie me miró mal, supongo que Pablito cerró el culito y no le contó a nadie lo que había pasado. Ahora que lo pienso, nadie lo quiere mucho y como ya se me cayó la venda de los ojos, entiendo que es porque siempre se mete con mujeres ajenas o con aquellas que no tienen mi suerte y caen en sus garras antes que alguien les abra los ojos. Quizás él no lo haya dicho, pero si puedo beneficiarme con eso, yo misma me encargo de hacer correr el chisme.

Mamá vino a casa con Darío y cenamos un pastel de carne que sabe a gloria. ¡La vieja cocina muy bien! Pienso que no estaría nada mal que aprenda un poco y así, pueda prepararle algo casero a Sebas. ¡Estoy enamorada al punto de querer cocinarle! ¿Qué me hizo este hombre?

Las caras de mamá y Darío, evidencian mi poquísima afición a lo culinario, porque no pueden cerrar la boca ante mi pedido. Mi hermano no capta una, pero la vieja ya entendió todo y sabe hasta por quién pretendo aprender a cocinar. Me guiña el ojo y asiente, contenta por mí. Es tan piola, mi madre. Tanto que hasta le dice a su hijo que se va a quedar a dormir en su casa más seguido, porque es un desastre como soltero y come mal, limpia mal y no sabe tener ordenado. Él, feliz de tener a mamá consigo y yo, chocha porque puedo tener a Sebas. Un rato después, lo llamo y le cuento y me pregunta si no prefiero ir a su departamento. Le propongo pasar una noche ahí y otra en el mío, cosa que acepta. Sólo que esa noche va a llegar tarde porque tiene video conferencia con el dueño de “Prisma”. Como todavía no se cocinar, lo espero con lo que se que le fascina: mi cuerpo listo y preparado para un agasajo carnal.

Entra y no se fija en nada más que en mí. Me abraza, me toca, me besa y se apoya con su pelvis en la mía.

- Venía en el auto pensando en esto, amor, y casi acabo por imaginarte
- Dejemos los “casi” y hagamos de eso, una realidad concreta.
- Si, hermosa, estoy loco por hacerlo
- Decime algo, bonito, ¿comiste comida?
- No, nada
- En ese caso, después de comerme a mí, tenés la cena esperando en la mesada de la cocina
- ¡Perfecto! Ahora, vamos a comernos el postre

Me lleva a la pieza y me hace gritar su nombre, mientras grita el mío y ya se que lo se, definitivamente, no quiero volver a estar con nadie más. No se si será el mejor amante o el mejor hombre del mundo, pero es el mío, a quien amo y a quien no quiero perder nunca.

Lo llevo a la cocina y le caliento la cena. Se devora todo y elogia con vehemencia a mi mamá.

- Mi suegrita ya me cae bien, si cocina así de rico, no puede ser mala y odiosa. Al contrario, es una mujer dulce y divina, como vos, ¿no?

Me siento en el regazo de Sebastián y lo beso mucho

- Mamá es la mejor del planeta, nene, y así como tiene mano con la gastronomía, tiene el corazón de bueno
- Lo dicho, amor, me encanta mi suegra

Me río por la rapidez con la que se mueve y por su sonrisa complacida, al saber que me complace. Vuelvo a besarlo y como estamos en pelotas, siento su pene endurecerse contra mi pierna y me muevo. Él entiende, por supuesto y me ayuda a acomodarme. Me siento de nuevo, logrando una penetración sostenida y como un desaforado, me agarra el traste y lo aprieta contra su pelvis, una vez y otra más, con fuerza, presión, empuje, ganas, deseo y una calentura que nos supera.
Jadeante, mientras me lo hace a full, me habla

- ¿No te encanta esta parte de las relaciones?
- ¿Cuál?
- Esta, Vero, en la que no podés despegarte del otro, que querés estar juntos todo el tiempo, donde no podés ni querés sacarle las manos de encima y buscás las mil y una maneras de pasarte la vida haciendo el amor…
- Claro que me encanta, ¿no se nota?
- No…

Lo miro y está con su sonrisa malosa, esa que me provoca darle matraca hasta que el mundo se acabe. Me muevo más rápido, llevándolo al límite

- Pará, Vero, no tengo puesto forro
- Tomo pastillas, amor, no te preocupes por eso
- ¡Cómo te amo!

Me agarra de la cintura y ahora si, me da una tremenda regarchada monumental y termina dentro mío. Se siente tan rico, tan especial, Nunca había hecho eso. Siempre fui precavida y no por un embarazo, precisamente, sino por todas las pestes que hay dando vueltas. Se que Sebastián es un tipo sano porque lo hablamos la primera noche y se también, que no me voy a arrepentir de estar con él y sólo con él.

De repente, siento miedo. ¿Qué pasa si él no es fiel? ¿Qué pasa si como me tiene a mí, tiene a otras?

- ¿Qué tenés? Te cambió el gesto, linda
- ¿Esto que tenemos es exclusivo?
- Si, completamente. Te amo, no tengo ganas de compartirte
- Las reglas son las mismas para los dos, Sebastián
- Cuando yo digo “TE AMO”, quiero decir que solamente quiero estar con vos. No me interesa nadie más y espero que nadie te importe a vos tampoco
- Me alegra que estemos en la misma situación

Se ve que mi gesto vuelve a ser feliz porque él sonríe, me besa y me lleva al baño. Abre la ducha y mientras el agua cae, agarra el jabón y me lo pasa por todo el cuerpo. Le hago lo mismo y cuando llego a su pene, enfatizo mi labor, provocando que se ponga duro de nuevo. El señor, hecho un toro, me pone contra la pared, me separa un poco las piernas y me toca hasta que gimo sin poder contenerme. Me aprieta contra los azulejos y me lo hace así, de parados y por atrás. ¡Nada más rico para hacer en el baño!

Fidelidad, compromiso, noviazgo. No tengo idea de cómo hacer esas cosas, pero algo me dice que voy a poder cumplir, porque seré muy novata en esto de los noviazgos y el amor, pero de estúpida, no tengo un pelo y Sebastián es para mí, decretado, firmado, sellado y guardado bajo siete llaves: es el hombre de mi vida…

Me acaba adentro otra vez y terminamos de bañarnos. Se pone los calzones y se mete a la cama. Me espera con sus brazos abiertos y su sonrisa desnuda, como desnuda está mi alma cuando lo tengo cerca. Me abraza, haciéndome cucharita y se duerme un poquito antes de que lo haga yo.

Fidelidad…
Compromiso…
Amor…

Todo nuevo y una nueva yo…

6 comentarios:

  1. UUUUUUUUFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFF!!!!!!!!

    ResponderEliminar
  2. QUE ESTUPENDOOOO CAPITULO DEFINITIVAMENTE ESTO SE PONDRA CADA VEZ MEJOR TE FELICITO MARU !!! :D ME ENCANTOOOO

    ResponderEliminar
  3. Quieroooooooooo mmmmmmaaaaaaaasssssss.....Amo esta historiaaaaaaaaaa!!!....Quiero mas!!...Me encanta Verooooooooo....

    ResponderEliminar
  4. ai vero puedes ser tan tierna!... mas cap please....MARU SOS UNA GENIA ;)

    ResponderEliminar
  5. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡GENIAAAAAAAAAAAALLLLLLLLLLLLL!!!!!!!!!!!!

    ResponderEliminar
  6. ❤❤❤❤❤❤❤❤ excelente ❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤

    ResponderEliminar