martes, 12 de febrero de 2013

011 - “Preguntas”

El médico dice que estoy bien y me manda a hacer un electroencefalograma para ver si encuentra la causa de mi desmayo. Me comprometo a hacerlo y se que mi novio no me la va a dejar pasar. Esa noche se queda él en casa, pero mi vieja y mi hermano, también. Darío duerme en el sillón, mamá en su cama y Sebas conmigo. Ahora tenemos una cama de dos plazas y media, así que dormimos como reyes.

Al otro día, de nuevo, mi flaco tiene que irse por otro lado antes de llegar a la empresa. Por lo mismo, voy caminando y llego a la esquina de Darragueira. Me detengo un momento y es muy curioso cómo funciona la mente humana, porque ese gordo de mierda, me rompía soberanamente las pelotas, pero ya no lo va a hacer nunca más y eso me da hasta cierta nostalgia, porque me quedo parada, esperando escuchar la forrada del día.

Intento recordar algo, lo más inútil aunque sea, pero nada, che, no me viene ni un mísero recuerdo. Un policía sale de la casa del gordo y me mira

- Señorita, ¿le pasa algo?
- ¿Eh?
- Que si le pasa algo
- No, oficial, nada.
- ¿Conocía al occiso?
- Hace unos meses lo veía todos los días y ayer lo vi, después de mucho tiempo.
- ¿Cómo es eso?
- Trabajo a un par de cuadras de acá y antes pasaba a diario. Él decía alguna guarangada, yo lo mandaba a cagar y seguía mi camino. Después me puse de novia y mi flaco me lleva a trabajar en el auto, así que pasamos por la otra esquina, la que está habilitada. Ayer tuve que venir a pie de nuevo y fue como si me estuviera esperando, porque apenas pasé, salió, me dijo una de las suyas, lo mandé a la mierda y me fui.
- ¿A qué hora fue eso? - Pregunta con evidente interés…
- Alrededor de las ocho
- ¿Vio algo o alguien fuera de lo normal?
- La verdad que no sabría decirle, porque fueron muchos meses de no pasar por acá
- Claro, entiendo, pero, ¿nada le llamó la atención?

Pienso unos momentos y por supuesto que nada me viene a la mente.

- No, oficial, lo lamento.
- ¿A dónde fue después de acá? ¿A su trabajo?

La mentira que le dije a Sebastián, me llega súbitamente a la cabeza y no se por qué, pero algo dentro mío, me grita que siga con ese cuento.

- No, ayer pasé un poco más temprano, porque necesitaba ir al supermercado de la vuelta.
- ¿A qué hora pasaba  habitualmente?
- Como a las ocho y media. Igual, oficial, le juro que no vi nada. Aunque el hombre me este me caía como una patada en la garganta, no soy partidaria de la violencia y menos de la impunidad.

Mi mano vendada le llama la atención.

- ¿Qué le pasó?
- Justamente me caí en el supermercado y me corté con un vidrio que había en el piso. Un raspón, nada grave, pero para evitar que se infecte, el médico me dio la antitetánica y tengo que limpiar la herida a cada rato
- ¿Se cayó?
- ¿Me lo cree? Se me trabó el taco en un desnivel del piso del estacionamiento
- Esos pisos necesitan arreglo urgente, ¿no?
- La verdad que con lo que facturan esos locales, bien podrían emparchar…
- ¿Me podría dejar algún número dónde ubicarla?
- Si, pero, ¿para qué?
- Por si necesitamos hacerle más preguntas
- No hay problema

Busco una tarjeta de la empresa y se la doy. Él lee…

- “Verónica Arteaga, supervisora costumer, Prisma Enterprises”
- La misma que viste y calza, oficial
- Soy el inspector Borrelli, mucho gusto

Me estrecha la mano y sonríe amablemente.

- Muchas gracias por su colaboración, Verónica, que tenga usted un muy buen día
- Gracias e igualmente…

Retomo mi camino y llego a la empresa. Sigo pensando en el oficial y en su amabilidad, ojalá encuentre al asesino, porque no es nada lindo saber que hay gente capaz de quitar la vida de otra persona, así de cerca de uno.

Para completarla, en la puerta del trabajo, hay una batalla campal. Me acerco con prudencia y veo a Lautaro.

- ¿Qué pasa?
- Agustín y Pablo, Vero, se están matando
- ¡Sepárenlos!

Nadie me hace caso y no por desobedecer, sino porque meterse ahí, es cobrar. De todas maneras, no tengo ganas de ver semejante espectáculo y me meto a separar. Para mi infortunio, Pablo le tira una trompada a Agustín, pero él la esquiva y me la da a mí, justo en la boca. Me tumba y ahí, los dos, se quedan helados. Agus se apura para socorrerme.

- ¡Vero, Vero! ¿Estás bien?
- ¿Ehhhh?

Dos de los chicos de seguridad, agarran a Pablo  y se lo llevan. Agustín y Lautaro me ayudan a pararme y a llegar a enfermería. La médica me cura el labio, pero me queda hinchado, morado y partido.

Como una hora más tarde, llega Sebastián y cuando me ve así y se entera de lo que pasó, busca a Pablo, lo agarra y le da una sola piña en el estómago. Acto seguido, lo despide y me lleva a su casa. Entramos y por poco hasta me levanta en andas.

- Amor, no seas exagerado, es un golpe en la boca, no me quebré ni nada
- No me importa, Verónica…

Me deja en la cama y lo noto triste, mal

- ¿Qué te pasa, lindo? No estés así, no fue tu culpa
- No, fue tuya, ¿a quién se le ocurre meterse en medio de la pelea de esos dos orangutanes?
- Es que no quería empezar mi día de trabajo así, Sebas, no pensé que iba a terminar golpeada.
- Al menos con eso, ya aprendés y no te metés más
- Prometo no volver a intervenir en algo como eso
- Dejame verte…

Me toma la cara con extrema suavidad y me da besitos cortitos, suaves y cariñosos en el labio lastimado y yo me excito, ¡no se qué me da este tipo!

- Haceme el amor, precioso, pero ya…


5 comentarios:

  1. A SUUUU CHIN... Que Caliente salio la Veronica jajajajajajjaja y el marico de Pablo, Ajjjjjjj, cortale las webas, Maru jajajajajajajajaj!! Divinoooo, quiero maaasSs

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  2. jajaja re caliente vero Xd...mas cap please!

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  3. jajajaajjajajajajajajajajajaa q cosas chee jajajaajjaaja super bueno el cap me encanto jajaj

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  4. jajajaajjajajajajajajajajajaa q cosas chee jajajaajjaaja super bueno el cap me encanto jajaj

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  5. Jajajajajajaja pobre vero tremendo traca taso le dieron :)

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